Los nativos americanos demandan a empresas de fracking por provocar terremotos en sus tierras

La defensora medioambiental Erin Brockovich está ayudando a la tribu Pawnee a ganar este caso a las empresas de petróleo y gas natural de Oklahoma.

Por Ross Kenneth Urken
Publicado 9 nov 2017, 4:19 CET

Oklahoma se ha convertido en uno de los centros mundiales de terremotos. De hecho, en 2014, el número de terremotos de magnitud 3 o superior en el estado sobrepasó al total de terremotos del estado de California por primera vez.

En términos de desastres naturales, el lugar «donde el viento baja atravesando la llanura» ha sido históricamente más conocido por sus tornados. Pero eso ha cambiado. El incremento de la sismicidad es un fenómeno relativamente nuevo que se ha producido de forma simultánea al repunte de actividades de extracción de gas natural y petróleo en el estado durante la última década. Aunque Oklahoma experimentaba normalmente entre cero y dos terremotos de magnitud 3 o superior al año, el número se disparó a 20 en 2009. En 2013, en el estado se produjeron 109 terremotos, seguidos por 579 en 2014, 903 en 2015 y 623 en 2016. En otras palabras, pasó de tener un par de terremotos considerables al año a cerca de dos o tres diarios.

La fracturación hidráulica o fracking ha estado en el centro de las acusaciones, pero no es el fracking en sí mismo, sino la limpieza realizada a posteriori la que provoca estos temblores. El fracking implica la inyección de un chorro de agua, arena y productos químicos a alta presión en la tierra para liberar el gas natural. Sin embargo, en el proceso, el fluido peligroso de la fracturación y el agua salada tóxica suben hasta la superficie, así que para deshacerse de estos peligrosos residuos las empresas lo bombean hacia abajo desde otra apertura a mayor profundidad que el esquisto bituminoso para confinarlo de forma permanente a un pozo de roca porosa.

Lo que ocurre es que a medida que se llenan continuamente los pozos de agua residual, la presión se acumula sobre las fallas geológicas y es suficiente para provocar terremotos cuando los dos lados de una falla se deslizan uno sobre el otro, según reconoce el Servicio Geológico de los Estados Unidos. En 2009, las empresas de Oklahoma habían bombeado 849 barriles de agua residual en pozos. Para 2014, el número había llegado a 1.500 millones.

Esto ha supuesto un problema para la tribu Pawnee de Oklahoma y su defensora Erin Brockovich, la célebre asesora y activista medioambiental, ya que la tribu ha sufrido algunos de los terremotos más devastadores del estado.

El 3 de septiembre de 2016, un terremoto de magnitud 5,8 tuvo lugar cerca de la ciudad de Pawnee —Oklahoma jamás había vivido uno tan fuerte— que se sintió desde Texas a Dakota del Sur. Después, el 6 de noviembre de 2016, otro terremoto de magnitud 5,0 asoló a la cercana Cushing. Para agravar el problema, resulta que la ciudad de Cushing es el lugar donde se almacenan 60 millones de barriles de petróleo, el mayor suministro de crudo del mundo y foco de preocupación para el Departamento de Seguridad Nacional.

La tribu Pawnee ha contratado los servicios del bufete de abogados Weitz & Luxenberg con la ayuda de Brockovich para demandar a Eagle Road Oil LLC, Cummings Oil Company y a otras 25 empresas petrolíferas por daños a edificios gubernamentales históricos y a propiedades de la reserva, resultantes de lo que alegan que se trata de terremotos antrópicos. En la demanda, la tribu sugiere que los demandados estaban «provocando a sabiendas» los terremotos y que sus acciones «constituyen una indiferencia gratuita e imprudente ante la seguridad pública y privada».

En el edificio comunitario principal, una antigua escuela construida en 1878, los profesores blancos solían enseñar versiones manipuladas de historia nativoamericana a estudiantes Pawnee. Ahora, las empresas petrolíferas intentan enseñar a la tribu Pawnee su versión de lo que está ocurriendo en realidad con la sismicidad, desviando la culpa de los depósitos de agua salada. Ni Eagle Road ni Cummings respondieron a la petición de escribir comentarios para este artículo.

Un caso para el juzgado tribal

Aunque creció en San Diego y está familiarizado con los terremotos, Andrew Knife, jefe de la tribu Pawnee, recordaba en particular el susto del terremoto de magnitud 5,8.

«Fue el terremoto que empezó con un estruendo pero que luego retumbó y se extendió», me dijo. «Fue el terremoto con el que pensé: ‘Oh, este es serio. Es uno de los grandes’. Podías sentirlo. Siguió y siguió. Hizo temblar el suelo durante casi un minuto». La tribu ha tenido que lidiar con las repercusiones emocionales subsiguientes entre sus miembros y el daño físico a sus edificios.

Aunque la Oklahoma Corporation Commission, el organismo estatal que regula el petróleo y el gas natural, ha ordenado la reducción de los desechos de agua en ciertas zonas, el riesgo de terremotos es todavía generalizado. Para empezar, el director de la Agencia de Protección Medioambiental Scott Pruitt había sido uno de los políticos de Oklahoma que defendían la industria del gas natural y del petróleo, un hecho que deja a Brockovich y a otros inquietos acerca de las protecciones que permanecerán en vigor para prevenir los terremotos. Y pese a que ha visto temblar a las tierras de su reserva, la tribu Pawnee traerá el arbitraje contra las empresas petrolíferas a su territorio: el juzgado tribal.

«Los Pawnee querían que esto fuera una afirmación de su soberanía», dijo Curt Marshall, asesor para Weitz & Luxenberg que representa a los Pawnee. «Después de todo, son una nación, una nación soberana: tienen jurisdicción sobre su tierra, incluso sobre los que no son nativos americanos». Cuando las entidades no nativoamericanas arrendan propiedades en las tierras de una reserva, como hicieron las compañías petrolíferas, acuerdan someterse a la jurisdicción del juzgado tribal, que suele tener menos casos y puede procesarlos con mayor rapidez.

Brockovich acudió a una asamblea pública Pawnee a principios de año y volvió a principios de este mes a la Universidad estatal de Oklahoma con Bob Bowcock, un socio e ingeniero de tratamiento de aguas, para celebrar un coloquio sobre terremotos y sobre la difícil situación de los Pawnee. Ha tomado una posición apasionada en este conflicto debido a su cariño por Oklahoma, donde pasó los veranos de  su infancia con sus abuelos, en Ponca City.

«Lo único que me preocupaba cuando estaba allí eran los tornados», dijo Brockovich. «Ahora no me darían miedo los tornados, sino ¿un terremoto? Es algo raro».

Es difícil, afirma ella, «volver a Oklahoma y ver la situación tan límite en la que se encuentra [la tribu Pawnee]. Lo que me sigo preguntando es cuándo acabará esto». 

El caso probablemente será una batalla entre expertos en ingeniería estructural acerca de la causa de los daños, y la responsabilidad que recae sobre las empresas petrolíferas sigue siendo un tema a debatir.

«Sospecho que será cuestión de si las empresas estaban en el lado correcto de la ley o no, en ausencia de una postura oficial del Servicio Geológico de Oklahoma de que la sismicidad fue inducida hasta principios de 2015, y con el cumplimiento empresarial de las directivas de la Oklahoma Corporation Commission posteriormente », explica Jeremy Boak, director del Servicio Geológico de Oklahoma.

Kim Hatfield, presidente del grupo de trabajo sobre sismicidad inducida de la Oklahoma Independent Petroleum Association (OIPA), reconoce la necesidad de estar preparados cerca de la reserva Pawnee y en Cushing, aunque hace un llamamiento a mantener la calma ante el miedo.

«El diseño de las instalaciones de Cushing es fuerte», dice. «Una vez dicho eso, ya que Oklahoma es una provincia con actividad sísmica, sería prudente planificar para fenómenos sísmicos significativos, ya sean naturales o inducidos».

Pese a todo, el gobierno de Trump y la EPA de Pruitt pretenden relajar la normativa que regula la energía.

«Mi opinión sobre el señor Pruitt es que siente que los estados han sido objeto de abusos regulatorios por parte del gobierno federal», afirmó Hatfield, de la OIPA. «En la medida que la EPA está organizada para atenerse a sus propios procedimientos en vez de forzar de forma unilateral la aprobación de regulación bajo coacción, será una desviación significativa de las prácticas pasadas».

Pese a todo, las preocupaciones en Cushing no son exclusivamente acerca del almacenamiento de crudo. Existen enormes cantidades de fluidos y gases impulsados a través de oleoductos en Cushing, y gran parte de esa infraestructura es antigua. Además, solo se encuentra a 32 kilómetros de Pawnee.

Boak reconoce el riesgo continuo de importantes fenómenos sísmicos en la región pero afirma que hay pocos datos para predecirlos.

La tribu Pawnee afirma que no quiere frenar los negocios en el estado.

«No estamos en contra del gas y del petróleo», dijo el jefe Knife. «No estamos en contra de que se usen los recursos de nuestras tierras. Lo que intentamos parar es la producción irresponsable de petróleo y gas natural y la eliminación irresponsable de aguas residuales».

La demanda tiene que ver con daños a la propiedad resultado de la inyección de agua a gran profundidad después del proceso de fracturación hidráulica, pero se trata también de un punto de apoyo legal para luchar contra algo más grande.

«Si se produce un terremoto y destruye los edificios, podemos reconstruirlos», afirma el jefe Knife. «Pero si contaminan el agua, se acabó. Tenemos señales que nos advierten de que nuestros cursos de agua están cada vez más contaminados».

El padre de Brockovich trabajó para la industria petrolífera como ingeniero mecánico que gestionaba los oleoductos, según dijo ella, «y fue él quien me enseñó el valor del agua, todo lo que somos capaces de hacerle y lo importante que es para nuestra salud».

«No podemos seguir utilizando nuestros sistemas de acuíferos como forma de librarse de todos nuestros desechos peligrosos», afirmó. «Siempre aparecen en otra parte».

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