Descubierto el lugar más frío de la Tierra

«Es un lugar donde la Tierra está tan cerca de su límite que es casi otro planeta».jueves, 28 de junio de 2018

Por Alejandra Borunda - National Geographic

¿Cuánto frío puede llegar a hacer en la superficie terrestre? Aproximadamente, -97,8°C, según recientes mediciones por satélite del lugar más frío conocido en nuestro planeta.

Un equipo de científicos registró esta temperatura extrema en la capa de hielo en medio de la Antártida durante el largo y oscuro invierno polar. Según informan esta semana en Geophysical Research Letters, el equipo cree que es la temperatura más fría que puede alcanzar nuestro rincón del sistema solar.

«Es un lugar donde la Tierra está tan cerca de su límite que es casi otro planeta», afirma el líder del estudio Ted Scambos, investigadores en el Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo de la Universidad de Colorado, Boulder.

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Las medidas baten el récord anterior de la temperatura del aire más fría conocida en el mundo natural: unos gélidos -89.2°C registrados en 1983, en la estación rusa de Vostok, no muy lejos del polo sur. Los humanos no pueden inhalar más que unas pocas bocanadas de un aire tan frío, ya que provocaría hemorragia en los pulmones. Los científicos rusos que comprobaron la temperatura de la estación meteorológica llevaron máscaras que calentaban el aire antes de inhalarlo.

Depresiones mortales

Aunque la superficie de la capa de hielo de la Antártida Oriental parece plana, en realidad se curva muy ligeramente desde el centro al borde como un vasto caparazón de tortuga congelado. Vostok se encuentra cerca de la parte superior de esa cúpula, sobre unos 3,5 kilómetros de hielo, pero no está en la cúspide. El equipo de Scambos sospechaba que podía hacer mucho más frío en las partes más elevadas de la capa de hielo.

No hay ninguna estación meteorológica en el pico de la capa de hielo, ni nadie que las compruebe en la oscuridad del invierno antártico. Pero los satélites pueden detectar la temperatura en la superficie del hielo a medida que pasan sobre ella. De modo que Scambos y sus colegas escudriñaron varios años de datos por satélite, cartografiando los mínimos de temperatura.

Efectivamente, descubrieron unas cien pequeñas bolsas de frío excepcional repartidas por las partes más elevadas de la capa de hielo. Los puntos más fríos estaban en depresiones poco profundas en el hielo, pequeñas cavidades donde la superficie no es del todo regular. Es probable que eso de deba a que el aire frío se hunde en estas depresiones, como lo hace en un valle fluvial o un cañón, según explica John Turner, científico polar de la British Antarctic Survey que no participó en el estudio.

«Hay huecos tan superficiales que quizá no puedas verlos con tus propios ojos», afirma.

El aire se calienta unos pocos grados justo sobre la superficie, que es donde los científicos de Vostok habían registrado la temperatura más fría anterior. Comparando las mediciones por satélite con datos de las estaciones meteorológicas más cercanas, Scambos y su equipo averiguaron que las temperaturas del aire en esta región serían ligeramente menos frías a la altura de la cabeza, aproximadamente menos -93,8°C. Pero justo en la superficie, donde los pies estarían en contacto con la nieve, registraron temperaturas de -97,8°C.

«En realidad esperarías que tus pies jamás tocasen la nieve», afirma Scambos. «No sería precisamente divertido».

Condiciones perfectas

Solo condiciones muy especiales provocarían un frío tan extremo. Primero, tiene que ser pleno invierno, mucho después de que el sol se ponga durante toda la estación. Además, el aire necesita quedarse quieto varios días, y el cielo tiene que estar despejado, sin una sola nube o un atisbo de prismas de hielo sobre el casquete.

Aunque esté frío, el hielo irradia una diminuta cantidad de calor. Normalmente, la mayor parte de ese calor es capturada por el vapor de agua en la atmósfera y desciende de nuevo a la superficie terrestre, atrapando calor en la atmósfera inferior.

Pero durante las sequías en la Antártida, cuando la mayor parte del vapor de agua ha sido escurrida de la atmósfera, «empieza a abrirse una ventana que no se suele abrir en ningún otro sitio del planeta», afirma Scambos. A continuación, el tenue calor emitido por la capa de hielo puede escapar hacia el espacio, dejando la superficie del hielo aún más fría.

Las condiciones despejadas que permiten que ocurran estos gélidos fenómenos también son ideales para contemplar el espacio, por eso los científicos colocaron un telescopio a pocos kilómetros de los puntos de frío extremo que detectó el equipo de Scambos.

«El vapor de agua es nuestra némesis», afirma Craig Kulesa, astrónomo de la Universidad de Arizona que controla el telescopio High Elevation Antarctic Terahertz, o, paradójicamente, HEAT (calor en inglés). «Colocamos nuestro telescopio en este lugar maravillosamente seco, pero si lo ponemos a unos cuantos kilómetros, ¿estaría mejor?».

Es una pregunta que vale la pena tener en cuenta conforme el clima cambia en todo el planeta, aunque no existe otro lugar del mundo donde las condiciones sean mejores. Las concentraciones de vapor de agua en la atmósfera aumentan, lo que a su vez indica que más calor emitido por el hielo queda atrapado cerca de la superficie, manteniéndolo más caliente. De esta forma, las perfectas condiciones despejadas ideales para contemplar el espacio serán cada vez menos frecuentes, y es posible que se le esté agotando el tiempo a cualquier científico que espere batir el récord por detectar la temperatura más fría en la Tierra.

«Conforme aumentan los gases de efecto invernadero y las concentraciones de vapor de agua, esperamos un calentamiento de entre 3 y 4°C en la Antártida», afirma Turner. «Detectar temperaturas mínimas será cada vez más infrecuente. Las probabilidades disminuyen».

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