Esta isla virgen de apenas 50 años de vida muestra cómo se forman los ecosistemas

Surgida de una erupción en 1963, Surtsey o la isla del gigante de fuego es objeto de numerosas investigaciones que estudian cómo se desarrolla la vida a partir de tierra estéril. martes, 18 de diciembre de 2018

Por Cristina Crespo Garay - National Geographic
foto por Wikimedia Commons

Rumbo a las gélidas aguas groenlandesas, a unos 32 kilómetros de la costa meridional de Islandia, surgió hace 50 años Surtsey o «la isla de Surt», como consecuencia de una erupción volcánica que se inició a 130 metros por debajo del nivel del mar.

Nombrada así en honor a un jötunn, un gigante de fuego de la mitología nórdica, esta isla creció desde 1963, momento en el que emergió a la superficie, y hasta 1967, hasta alcanzar una dimensión máxima de 2’7 kilómetros cuadrados, tamaño que se ha ido reduciendo desde entonces debido a la erosión del agua y el viento.

Declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco hace diez años, Surtsey se ha convertido en objeto de investigación por numerosos vulcanólogos, pero también por biólogos, debido a la valiosa información que aporta sobre un terreno completamente virgen, casi de otro planeta, donde poder estudiar cómo se desarrollan los ecosistemas.

Esta isla virgen de apenas 50 años de vida muestra cómo se forman los ecosistemas
Esta isla virgen de apenas 50 años de vida muestra cómo se forman los ecosistemas
foto por Wikimedia Commons

Esta pequeña isla europea que surgió en territorio marítimo islandés es también estudiada por ser una de las tuyas mejor conservadas del mundo, un tipo de volcán de cima plana y laderas empinadas que se forma cuando la lava brota a través de un grueso glaciar o capa de hielo.

Un laboratorio natural

Desde su surgimiento comenzaron los estudios cómo los organismos colonizaban una tierra nueva, exenta de vida. Los científicos observaron cómo las corrientes marinas transportaban hasta la isla semillas que provocaron la aparición de diversos mohos, hongos y bacterias, seguidas de la primera planta bascular.

Los primeros seres vivos en llegar a la isla fueron las gaviotas, avistadas dos semanas más tarde de la erupción. Diversas aves migratorias también utilizaban la isla como zona de paso, pero no fue hasta 1970 cuando se dieron los primeros nidos.

En 2004, el número de hongos y bacterias ya había alcanzado los 160, así como se habían registrado también 89 especies de aves y 335 de invertebrados como artrópodos, moluscos o anélidos entre otros.

Existe también una pequeña colonia de focas al norte de la isla, formada por la foca gris y la foca común, que se asentaron allí en 1980.

¿Bajo el nivel del mar en 2100?

Las mediciones de los investigadores afirman que, en tan solo los 20 años siguientes a la erupción, la isla perdió un metro de altura. A este ritmo de erosión, que alcanzó incluso los 20 centímetros en un año, la isla podría desaparecer por completo en los próximos años.

Esta isla virgen de apenas 50 años de vida muestra cómo se forman los ecosistemas
Esta isla virgen de apenas 50 años de vida muestra cómo se forman los ecosistemas
foto por Wikimedia Commons

Sin embargo, aunque la isla pierde una hectárea de superficie al año y su superficie se reduce casi a la mitad del tamaño que un día ostentó, los expertos afirman que aún habrá isla para muchos años, debido a que la tasa de erosión disminuirá por la mayor dureza del material.

Junto a la isla del gigante de fuego surgieron también otras más pequeñas como Jólnir, aunque la mayoría de ellas no tienen nombre debido a su pequeño tamaño. Esta acumulación de islas, compuesto de 80 volcanes, cuenta con 17 que han emergido de la superficie del océano.

Una reserva natural protegida

Para preservar esta zona virgen, que ha ofrecido la oportunidad de estudiar el establecimiento de vida en un nuevo ecosistema, la isla se convirtió en reserva natural en 1965, así como se creó la Surtsey Research Society.

Gestionada por el Museo de Historia Natural de Reikiavik, el acceso a la isla está completamente restringido con el fin de asegurar un proceso natural del desarrollo del ecosistema, sin posibilidad de contaminación o introducción de especies por parte del hombre, aunque amenazada por la contaminación atmosférica, oceánica, y por la posibilidad de nuevas erupciones volcánicas.

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