Los residuos de Madrid, un poco más cerca de la economía circular

¿Cómo afectan los tratamientos de gestión de residuos municipales al cambio climático? Un nuevo método descubierto por la Universidad Politécnica de Madrid permite calcular este impacto.

Publicado 27 feb. 2019 16:23 CET, Actualizado 5 nov. 2020 7:02 CET
Residuos Madrid
Fotografía de Ayuntamiento de Madrid, Diario de Madrid
Esta historia forma parte de ¿Planeta o plástico?, una iniciativa plurianual para crear conciencia sobre la crisis global de desechos plásticos. Aprende cómo puedes reducir el empleo de plásticos de un solo uso y comprométete. #PlanetaOPlástico

Madrid se ha colocado a la vanguardia en gestión de residuos al implementar, en sus propias calles, opciones de tratamiento de residuos que han resultado alinearse con los objetivos europeos de reducción de la huella de carbono de la ciudad.

Con casi 400 kilos de basura generados por habitante al año, según los últimos datos del Ayuntamiento de Madrid, la capital produjo en 2015 1.242.183 toneladas de residuos. Utilizada como estudio de caso, la ciudad ha demostrado la validez y el funcionamiento de las diferentes metodologías que proponen los investigadores del grupo de Tecnologías Ambientales y Recursos Industriales (TARIndustrial) de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) para revalorizar su basura.

“La recuperación de los materiales reciclables”, como plástico, acero, aluminio, vidrio, papel y cartón, “y la implementación de tratamientos biológicos para la generación de biogás a partir de la fracción orgánica, digestión anaerobia, han permitido aprovechar el ´residuo como un recurso´, alineándose así con uno de los pilares de la economía circular”, señala Javier Pérez, uno de los investigadores del estudio, en un comunicado de la UPM.

La Unión Europea ha establecido una hoja de ruta con indicaciones que todos los países miembros deben seguir con el objetivo no solo de optimizar la gestión de los residuos municipales, sino reducir su impacto en el medio ambiente a la vez que aumentan los beneficios sociales y económicos.  

“En ese sentido, la Directiva 2008/98/CE sobre residuos insta a los Estados miembros a desarrollar políticas de gestión de los residuos que protejan el medio ambiente y la salud de las personas, asegurando un uso sostenible de los recursos”, afirman los autores del estudio. Así, la normativa europea da prioridad a la prevención, detrás de la cual coloca la reutilización, el reciclado, la revalorización y, por último, el vertedero.

Por tanto, de acuerdo a estos principios y según recoge el estudio, “se ha de trabajar en la reducción de los residuos municipales, si bien, cuando éstos se generen, se ha de hacer un esfuerzo en la recuperación de todas aquellas fracciones valorizables”.

El estudio de la UPM se basa principalmente en la última etapa de la gestión de residuos, su tratamiento tras la recogida y el transporte. Para este punto del proceso, los investigadores han desarrollado una metodología que tiene en cuenta tanto las emisiones de gases de efecto invernadero generadas durante el proceso del vertedero, compostaje, incineración y biometanización, como las relativas a la producción de la energía eléctrica consumida, cuando no son capaces de autoabastecerse.

Además de estas emisiones directas e indirectas, el estudio también tiene en cuenta “las emisiones evitadas como consecuencia de la recuperación de materiales o energía”.

El impacto de las basuras de Madrid

Comparando los datos de la capital en 2013 con otras ciudades españolas y con datos más antiguos de Madrid, cuando los vehículos municipales funcionaban con diesel, los investigadores afirman que las emisiones son un 18,5% más bajas. El estudio también evalúa un posible escenario futuro en el que el gas natural se reemplazara por biogás purificado de la gestión de los desechos municipales, donde las emisiones disminuirían un 92%.

Su aplicación a la ciudad de Madrid ha permitido concluir que el impacto total asciende a 253 kg CO2 equivalente por tonelada de residuo tratado, siendo la etapa de tratamiento la que presenta una mayor contribución, un 88,7% frente al 11,3% restante del conjunto de la recogida más el transporte”, afirma el estudio.

Por tanto, con este método, la huella de carbono disminuye un 88% frente a la peor de las opciones de gestión, donde los residuos terminasen en el vertedero sin recuperar el biogás que se generase.

La capital marca de esta forma un plan de actuación que nos acerca un poco más a las exigencias de la economía circular, esperando sentar un precedente que cada día imiten más ciudades para lograr la revalorización de sus residuos.  

Seguir leyendo