Medio Ambiente

Las bolsas biodegradables permanecen intactas tras pasar tres años enterradas

Un nuevo estudio arroja dudas sobre la viabilidad de los plásticos biodegradables como respuesta a la contaminación por plástico. Lunes, 29 Abril

Por Laura Parker

Artículo creado en colaboración con la National Geographic Society.

Richard Thompson, biólogo marino británico que ha dedicado su carrera a estudiar los desechos plásticos, se había preguntado durante años cómo se biodegradan las bolsas biodegradables.

En 2015, él y sus alumnos de posgrado de la Universidad de Plymouth enterraron una serie de bolsas etiquetadas como biodegradables en el jardín de la facultad.

Tres años después, tras excavar las bolsas, estas no solo habían permanecido intactas, sino que aún tenían la capacidad de transportar más de dos kilos de comestibles.

«Me sorprendió que, después de tres años, aún se pudiera llevar la compra en ellas», declaró en una entrevista con National Geographic. «No tenían la misma fuerza que tenían cuando eran nuevas. Pero no se habían degradado hasta un nivel considerable».

Las cualidades indestructibles de las bolsas biodegradables son solo uno de los hallazgos de este estudio —el primero de su clase— publicado en la revista Environmental Science & Technology. La investigación documenta el deterioro de cinco tipos de bolsas que se sumergieron en agua, se enterraron o se expusieron al aire. Thompson y su equipo analizaron bolsas que se suelen suministrar en comercios minoristas de Plymouth y concluyeron que ninguna de ellas —ni siquiera las compostables— se habían deteriorado lo suficiente a lo largo de tres años como para poseer ventajas medioambientales sobre las bolsas convencionales.

El estudio pone de relieve cómo el término «biodegradable» puede confundir a los consumidores y aportarles tranquilidad al hacer que piensen que la bolsa sencillamente desaparecerá si se tira a la basura. Los científicos advierten que, si los consumidores creen que están siendo más responsables por poner bolsas biodegradables en sus papeleras de reciclaje, esto podría destruir los esfuerzos por recoger bolsas de plástico convencionales para fabricar bolsas nuevas. Los aditivos químicos de las bolsas biodegradables pueden contaminar la mezcla y volverla inservible.

«Si hay bolsas con una función de autodestrucción, el reciclador no las quiere mezclar con otras bolsas», afirmó Thompson. «Necesitan materiales conocidos y coherentes. El problema es cómo separar los plásticos biodegradables de los convencionales. ¿Cómo va a deshacerse de ellas el consumidor?».

Un fabricante de bolsas discrepa

Es probable que el estudio reavive la polémica desatada el verano pasado, cuando la BBC informó de los resultados preliminares que demostraban que una de las bolsas biodegradables no se había degradado tras dos años.

Symphony Environmental Technologies, que fabricó la bolsa que permaneció intacta después de dos años, criticó el estudio y cuestionó las credenciales de Thompson, señalando que «no es un científico de polímeros».

Thompson, que ha sido galardonado con la Orden del Imperio Británico por la reina Isabel por su investigación sobre los residuos plásticos, dice que respalda la investigación de su equipo.

«Confiamos en nuestro trabajo, como siempre hemos hecho», declaró. «Y ha pasado la revisión por pares».

La polémica de lo «biodegradable»

Las bolsas de la compra desechables son unos de los productos de plástico más utilizados a nivel mundial. Suelen usarse en periodos breves y se estima que la Unión Europea utiliza casi 100.000 millones de bolsas cada año, con un uso anual de más de 450 bolsas per cápita al año en algunos países de la UE. Mientras el mundo busca soluciones a la acumulación de residuos plásticos en el planeta, los productos promocionados como biodegradables se comercializan cada vez más, ya que ofrecen la promesa de una respuesta fácil al uso de bolsas desechables. Pero en muchos casos la biodegradabilidad puede ser solo eso: una promesa.

«No existe ningún material mágico degradable que se descomponga en un periodo breve en todos los entornos a los que lo expongas. Eso no existe», afirma Ramani Narayan, ingeniero químico de la Universidad del Estado de Míchigan y experta en biodegradables. Narayan no participó en el estudio de Plymouth.

Tanto Naciones Unidas como la Unión Europea han replanteado sus posturas en contra de lo biodegradable. En un informe publicado en 2016, la ONU declaró rotundamente que los plásticos biodegradables no son la respuesta a la contaminación por plástico marina. Y el año pasado, con cierta polémica, la UE recomendó prohibir los oxobiodegradables, que contienen aditivos diseñados para acelerar la descomposición de las moléculas poliméricas, a veces «del mismo modo que una hoja y sin dejar ningún resto», según el mayor fabricante británico de bolsas oxobiodegradables, Symphony.

Dicho proceso hace que la bolsa se desintegre en microplásticos, lo que suscita la preocupación de que estén sumándose al conjunto creciente de microplásticos en los mares del mundo.

Ensayos en tres lugares al aire libre

Thompson y su equipo analizaron cinco tipos de bolsas, incluida una bolsa compostable, una bolsa de polietileno de alta densidad convencional y tres tipos de bolsas biodegradables. Dos de las bolsas biodegradables eran oxobiodegradables. La otra bolsa biodegradable se fabricó para fomentar su descomposición de forma diferente.

Las bolsas se expusieron a condiciones ambientales en tres lugares distintos. Para el experimento, algunas bolsas se cortaron en tiras y se colocaron en mallas para exponerlas a los elementos en los tres lugares. También se utilizaron bolsas enteras en los lugares de análisis.

Para la prueba de la tierra en el jardín de la universidad, se enterraron las muestras a casi 25 centímetros de profundidad. Para la prueba de exposición al aire, las muestras se colocaron en una pared del jardín orientadas al sur. Para la prueba marina, las muestras se sumergieron a casi un metro de profundidad en el puerto de Plymouth. A modo de control, se creó un cuarto lugar de prueba en el laboratorio.

Las muestras se colocaron el 10 de julio de 2015 y se inspeccionaron con regularidad en busca de señales de pérdida de superficialidad, agujeros o desintegración. También se midió la tensión de rotura de las muestras, es decir, con qué facilidad se rompen cuando las someten a tensión.

La desaparición de la bolsa compostable

En el puerto, las bolsas y las tiras de prueba habían adquirido una biopelícula microbiana en la superficie tras un mes. La bolsa compostable desapareció tres meses después.

En la prueba de exposición al aire, todas las bolsas y las tiras de prueba se habían vuelto demasiado quebradizas como para analizarlas más o se habían desintegrado en microplásticos nueve meses después. No las pudieron seguir analizándolas.

En el caso de las bolsas enterradas, todas permanecieron intactas. Aunque la bolsa compostable sobrevivió en su forma original durante 27 meses, fue incapaz de sostener peso sin romperse.

Narayan, el químico, afirma que el estudio aporta datos reales que revalidan las limitaciones de los artículos biodegradables. Pero cuestionó la inclusión de una bolsa compostable en pruebas que las bolsas compostables no están diseñadas para soportar. Según él, las bolsas compostables se fabrican para eliminarlas en compostadores industriales y las regulaciones de Estados Unidos y muchos países más exigen que se las etiquete con instrucciones que lo describan claramente.

«Aquí es donde surge confusión. La bolsa compostable es biodegradable solo en un entorno de compostaje industrial y se supone que debe eliminarse en dicho entorno», afirma.

Vegware, el fabricante de las bolsas compostables empleadas en este estudio, declaró al periódico The Guardian que había actualizado la descripción de las etiquetas de sus bolsas para que indicaran: «Compostables a nivel comercial donde se acepten».

Imogen Napper, que dirigió el estudio como parte de su doctorado y es exploradora de National Geographic, declaró que «apenas había observado cambios» en las muestras enterradas en los tres años. Con todo, se mostró escéptica ante la posibilidad de que pudieran sostener peso. Pero cargó una bolsa con un paquete de cereales, latas de refresco, plátanos, naranjas, galletas saladas y pasta. «Las bolsas estaban descoloridas y asquerosas, pero aún podían usarse», afirmó.

Thompson declaró que el estudio no debería considerarse un argumento en contra del desarrollo de productos biodegradables y compostables. Según él, el estudio defiende un replanteamiento de qué productos funcionan mejor como biodegradables. «Tenemos que vincular estos productos con usos adecuados», afirmó.

Los entornos contenidos, como estadios de fútbol, podrían ser más adecuados que los comercios minoristas para utilizar productos biodegradables y compostables. Las bolsas de la compra pueden acabar en cualquier parte al final de sus vidas. Pero en un estadio, los recipientes y envoltorios de comida desechables, incluso los que aún contienen comida no consumida, pueden acumularse en un único lugar y todos los desechos pueden procesarse en un compostador industrial. «La idea de que todo eso pueda acabar en el mismo flujo de residuos tiene sentido», declaró Thompson.

Sugirió que un mejor futuro para las bolsas de plástico sería cambiar de rumbo y quedarnos con la propiedad que las hizo tan populares en un principio: la durabilidad. Esa es la conclusión del estudio: «Una bolsa que pueda reutilizarse y se reutilice muchas veces es una mejor alternativa a la degradabilidad».

Esta historia forma parte de ¿Planeta o plástico?, una iniciativa plurianual para crear conciencia sobre la crisis global de desechos plásticos. Aprende cómo reducir el empleo de plásticos de un solo uso y comprométete. #PlanetaOPlástico.

La National Geographic Society y Sky Ocean Ventures han puesto en marcha el Ocean Plastic Innovation Challenge, que pide a personas de todo el mundo que piensen y desarrollen soluciones novedosas para frenar la crisis de residuos plásticos del planeta. ¿Tienes una idea? Presenta tu solución antes del 11 de junio en oceanplastic-challenge.org

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.