Una inmersión virtual en la marea negra de Perú

Los pescadores peruanos aún tratan de limpiar el crudo de sus ecosistemas y rescatar a los animales que encuentran cubiertos de lodo. El vertido de petróleo de la refinería de Repsol alcanza ya 1700 kilómetros cuadrados de océano y reservas naturales.

Una de las playas donde, por la forma de la costa, más petróleo se almacenó. A la derecha se encuentran los cubos llenos de petróleo. 

Fotografía de Nicolas Villaume, explorador de National Geographic
Por Cristina Crespo Garay
Publicado 28 ene 2022, 12:16 CET, Actualizado 28 ene 2022, 19:53 CET

"Como el sábado no dijeron nada, yo salí el domingo a pescar a las 10 de la mañana, porque tengo que ver si hay pleamar o bajamar. Adentro sentí algo raro", cuenta Alejandro Miguel Huaroto Arnaez, pescador y poblador de las cercanías de playa Cavero, Perú. "Al medio día, empecé a escuchar los pitidos de los salvavidas en la orilla de la playa, y pensé: '¡Tsunami!' Y salí disparado. Pero a mitad de camino de pronto me afectó todo el tóxico que había olido y casi me desmayo".

El pasado sábado día 15 de enero, horas más tarde de la erupción del volcán submarino de Tonga, el vertido de una refinería operada por Repsol en aguas peruanas provocó un derrame de 6000 barriles de crudo que afecta ya a unos 50 kilómetros de litoral y más de 1700 kilómetros cuadrados de océano. El suceso ocurrió cuando el buque italiano Tanque Mare Doricum descargaba petróleo en la Terminal Multiboyas de La Pampilla. 

El pescador narra su experiencia desde el pasado sábado a Nicolas Villaume, un explorador de National Geographic que está trabajando en un proyecto interactivo que muestra el impacto de la catástrofe ocurrida en la costa peruana. "Desde el primer día estoy en los sitios afectados, colaborando con la labores de limpieza de la playa y el rescate de las especies afectadas", cuenta Villaume. "Encontré a Alejandro Miguel cuando estaba fotografiando la labor de limpieza del crudo en las rocas de la playa Cavero, Ventanilla. Se encontraba cuidando una jaula donde había un ave rescatada".

A consecuencia de la actividad volcánica ocurrida en Nukualofa, Tonga, el Instituto Nacional de Defensa Civil (INDECI) de Perú determinó un nivel 3 sobre 5 de emergencia de los oleajes anómalos.  El gobierno peruano ya califica este derrame como el mayor desastre ecológico de los últimos años, y culpa a la empresa de no haber dado la alerta a tiempo y haber minimizado el suceso, lo que impedía, según afirman, tomar acciones para prevenir a la población o llevar a cabo un plan de contingencia.

Descubre aquí la experiencia virtual en la marea negra de Perú creada por el explorer Nicolas Villaume

A través de una inmersión virtual (descúbrela haciendo click aquí), el explorador de National Geographic Nicolas Villaume nos adentra en la zona más afectada por los vertidos de petróleo en Perú.

Fotografía de Nicolas Villaume

La empresa informa de que consultó a la Marina de Guerra del Perú sobre si debían continuarse las labores de trasvase y les indicaron que no había alerta de tsunami. Sin embargo, el domingo 16 de enero, la Dirección de Hidrografía y Navegación (DHN) de la Marina de Guerra del Perú informó de que, por seguridad, fueron cerrados algunos de los terminales multiboyas del litoral norte. Por su parte, el INDECI afirma que "las altas mareas registradas en el mar de Ventanilla, como consecuencia de la erupción volcánica en el mar de Tonga, alteraron el proceso de descarga de crudo, por lo que la Refinería La Pampilla activó inmediatamente los protocolos de seguridad y sus brigadas lograron controlar el incidente".

En un primer informe, el organismo supervisor de la inversión de Energía y Minería (Osinergmin) planteó la posibilidad de la ruptura de algunas conexiones entre el Terminal Multiboyas y el petrolero Mare Doricum debido a un movimiento brusco del buque, pero no hacen mención a que pudo producirse por un oleaje anómalo provocado por el volcán. En este informe, señalan que Repsol tardó demasiado en activar sus protocolos de alerta y control, impidiendo una adecuada acción para contener el derrame.

El minuto a minuto del desastre

A las 22.06 horas del 15 de enero, el Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA) afirma que recibió el reporte de emergencia de la refinería sobre un "limitado derrame" de 0,16 barriles, unos 26 litros, informando que tomarían medidas de contención. Sin embargo, al día siguiente, la OEFA sobrevoló la zona y determinó un área de afectación de 18 000 metros cuadrados del océano, por lo que declaró que Repsol había minizado los hechos y el impacto ambiental era en realidad mucho mayor.

"Toda la noche del sábado al domingo apestaba en el puerto", afirma Huaroto, que vive en la ciudad que se eleva por encima de las playas más afectadas. Debido al fuerte olor, había niños y mujeres vomitando, según cuenta el pescador. "Repsol, al no avisar, dejó que niños se metieran en agua contaminada, dejó que bañistas olieran los vapores del hidrocarburo y se intoxiquen, permitió que los pescadores pesquen hasta el medio día y se lleven el pescado contaminado para comer y para venderlo".

Vídeo: Así vivió Alejandro Miguel Huaroto la llegada del petróleo a la playa

National Geographic ha preguntado a Repsol España acerca de ese primer análisis de la situación del derrame y nos dirigen a las palabras del presidente de Repsol Perú, Jaime Fernández-Cuesta, en una entrevista realizada en el programa Punto Final de la televisión peruana en la ratificó que en aquel momento, de acuerdo a los datos de organismos internacionales, había oleajes anómalos en la zona donde se estaba produciendo la descarga de petróleo y produjo la rotura de uno de los cabos que une el buque con la refinería.

"Cuando se detecta hidrocarburo en la superficie, se frena el vertido", afirma. Los datos indican que esta detección ocurrió siete minutos después de la rotura. "Hay un error de percepción en el informe preliminar, es una apreciación de las personas que están en ese momento en el barco, que ven las manchas en la superficie y activan el plan de contingencia para colocar las barreras". 

Al margen de las causas del accidente, los expertos afirman que la magnitud del problema ecológico viene de una falta de puesta en marcha a tiempo de los trabajos de contención obligados en estas situaciones. "El trabajo de contención se pone en marcha en cuanto se es consciente de la magnitud real del problema, y no fuimos conscientes de la magnitud de este evento hasta que no empezó a llegar petróleo a las playas", afirma Fernández-Cuesta. 

El derrame continuó avanzando a lo largo de los siguientes días, desde Ventanilla hasta la provincia de Huaral, en Lima. El periódico local El Comercio abría el jueves 27 de enero con la noticia de un nuevo derrame en la refinería del que, según afirman, la empresa tampoco ha informado. La empresa niega nuevos derrames y afirma que se está estudiando todo lo ocurrido.

El impacto en la fauna y los ecosistemas

"Nosotros, como pescadores, conocemos hasta el oleaje del agua, sabemos cómo se mueve", narra Huaroto, que afirma que al acudir al mar "hasta el tipo de oleaje dentro del agua se ve diferente, parece como si la densidad hubiera cambiado, y también hay una pequeña capa de petróleo a lo largo de todo el mar", denuncia. "Según tengo entendido, eso bloquea hasta el 90 por ciento del sol, lo que a su vez mata el fitoplancton, y entonces es una playa muerta. No hay vida, es así de simple".

Las poblaciones vecinas en seguida se pusieron manos a la obra. "No podíamos quedarnos de brazos cruzados mientras hacen papeleo o se ponen de acuerdo, porque mientras la contaminación sigue avanzando y los animales siguen muriendo, y este es nuestro hogar", denuncia Huaroto. Por su parte, Fernández-Cuesta afirma que están dedicados desde el primer minuto en minimizar las consecuencias y limpiar las playas. "Tenemos contrato con todas las compañías que están a cargo de las labores, que a su vez están contratando a todas las personas que están haciendo labores de limpieza". 

"Para nosotros, no es solo la pérdida de nuestro trabajo, es también la pérdida de vida, de felicidad, de libertad, porque ahora ya no tenemos la opción de seguir con nuestro estilo de vida", lamenta Huaroto. Se estima que cerca de 1500 pescadores artesanales han perdido su ingreso diario y su futuro laboral está comprometido.

Reservas naturales y espacios protegidos afectados

Sin embargo, lejos de lograr contener el crudo, el martes 18 de enero, tres días después del incidente, el Servicio nacional de áreas naturales protegidas por el Estado informó de que el petróleo había llegado hasta las áreas protegidas de la Reserva Nacional sistema de islas islotes y puntas guaneras y la zona reservada Ancon, afectando gravemente a la fauna silvestre y a los organismos en el fondo del mar.

"Los animales están totalmente indefensos, y no podemos quedarnos con los brazos cruzados, rescatamos a los animales, y somos conscientes de que el 95 por ciento va a morir, pero hay que darles una oportunidad", dice Huaroto. "Ayer rescatamos una nutria y estábamos contentos porque le ofrecimos pescado y comió, pero después llamaron para decirnos que ya murió. Hay nutrias, gaviotas, lobos de mar, pingüinos. Es triste porque estábamos acostumbrados a sacar nuestro pescado fresco y ahora estamos sacando aves moribundas o muertas".

La Fiscalía Especializada en materia ambiental ha iniciado una investigación por el presunto delito de contaminación ambiental contra los representantes legales de la refinería La Pampilla por afectar al litoral con el derrame. "Nos hemos comprometido a tener las playas limpias a finales de febrero", afirma Fernández-Cuesta. Sin embargo, los datos científicos indican la inviabilidad de esta supuesta limpieza, ya que las consecuencias a largo plazo son ya inevitables. 

Secuelas a largo plazo

"No estamos viendo en este momento todo el problema de la contaminación producida por el derrame de petróleo en Ventanilla", alerta el Dr. Raúl Loayza-Muro, director del laboratorio de ecotoxicología de la Universidad Peruana Cayetano Heredia. "Estamos viendo lo más crítico, que es el derrame de petróleo que ha quedado en la superficie".

Hasta el momento se ha dado un primer impacto, que en ecotoxicología se llama toxicidad aguda, es decir, la exposición a grandes concentraciones de un contaminante en un tiempo muy corto. "Es terrible, porque el número de muertos es muy grande y la catástrofe es evidente, pero lo que no estamos viendo es lo que estaba pasando debajo de esa alfombra de crudo", alerta Loayza-Muro.

"En la columna de agua, se están precipitando fracciones pequeñas de este hidrocarburo y se están alojando en los fondos marinos". El problema, según explica el experto, es que esa pequeña cantidad que va bajando no es tan letal como el crudo que está flotando en la superficie, y por tanto "va a empezar a ser acumulada por todos los organismos marinos, incrementando su presencia en la cadena trófica y, a largo plazo, en años, veremos una toxicidad crónica".

Según indica, el problema se va a propagar y va a afectar a una a una cantidad mucho mayor de organismos de los que estamos viendo ahora, y eso va a producir una baja toxicidad a largo plazo, a bajas concentraciones y en tiempos prolongados. "Esto tiene grandes repercusiones en las comunidades biológicas, sean terrestres, acuáticas, de ríos, de lagunas, etcétera. Entonces, el efecto multiplicador expansivo de cualquier derrame de un contaminante tiene ese factor de preocupación del cual ahora nadie está hablando. Va a ocurrir después, con el tiempo", alerta.

Monitoreo biológico y biomarcadores

Para minimizar el impacto, hay una serie de posibles estrategias a desplegar, como el monitoreo biológico y la identificación de biomarcadores, que son respuestas de los organismos frente a una exposición. "Los biomarcadores, por ejemplo, pueden ser la activación de un gen, por ejemplo, de defensa, de desintoxicación o la súbita activación de una enzima que solo trabaja en presencia de un contaminante".

Por tanto, los biomarcadores pueden empezar a medir en las especies marinas si ya está habiendo un contacto con estos contaminantes a baja concentración, ya que los biomarcadores se activan en concentraciones extremadamente bajas. "Este tipo de evento catastrófico y terrible que estamos viendo, tiene dos componentes: el primero agudo y el segundo, a largo plazo, crónico", indica el experto, que explica que la cantidad de hidrocarburo que se liberó, ya se está acumulando y se debe llevar a cabo de manera urgente una estrategia de monitoreo muy exhaustiva, frecuente y detallada.

El objetivo es registrar la cantidad de hidrocarburo en la columna de agua, en los sedimentos marinos, en los lechos marinos y en los organismos, sobre todo en aquellos de consumo humano, para poder saber desde ahora hasta dónde está llegando el efecto de la contaminación. "No debemos pensar que una vez que se limpie la superficie y ya no se vea más petróleo en la arena, no podemos pensar que ahí terminó el problema. El problema va a continuar de manera silenciosa pero a largo plazo, es decir, durante años", concluye Loayza-Muro.

Nicolas Villaume es explorador de National Geographic y actualmente reside en Perú, utiliza la narración visual y el virtual storytelling para abogar por las cuestiones medioambientales. Puedes ver más de su trabajo en su página web y en Instagram.

La National Geographic Society, comprometida con la iluminación y la protección de las maravillas de nuestro mundo, financió en 2019 el trabajo del explorador Nicolas VillaumeConoce más sobre el apoyo de la Sociedad a los exploradores que trabajan para inspirar, educar y comprender mejor la historia y las culturas humanas.

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