Medio Ambiente

Descubierta una planta carnívora con tentaculos

Por Redacción National Geographic

28 de septiembre de 2012

Según un nuevo estudio, una planta carnívora del este de Australia utiliza sus tentáculos como catapultas para atrapar a sus presas.

La Drosera glanduligera ha intrigado siempre a los científicos por los dos tipos de delgadas protuberancias que dirige hacia el exterior.

Una de ellas es un pegajoso tentáculo, común en las plantas carnívoras. La segunda, sin embargo, no tiene ese carácter pegajoso, sino que hace movimientos bruscos que hasta ahora no se han conseguido explicar.

Los nuevos experimentos llevados a cabo en laboratorio revelan que esos tentáculos «catapultan» directamente a los insectos en las protuberancias pegajosas, en el centro de la planta, donde ésta aprovecha todos sus nutrientes.

Este sistema de catapulta es muy efectivo, ya que según el coautor del estudio, Thomas Speck, de la Universidad de Friburgo (Alemania), los insectos no consiguen casi nunca escapar.

Si esta planta fuera cien veces más grande, añade Speck, «no me atrevería a irme de excursión por Australia».

«La evolución en acción»

Según Speck, el hallazgo nos muestra cómo evolucionan las plantas para adaptarse a sus necesidades.

Por ejemplo, es probable que la Drosera glanduligera necesite este mecanismo de catapulta debido a su apetito constante. Una planta de rápido crecimiento, que vive menos de un año, necesita muchos nutrientes y, por tanto, muchos insectos.

«Resulta muy interesante ver cómo unos cambios tan pequeños consiguen un comportamiento completamente diferente», añade Speck.

El ecologista de Harvard (Estados Unidos) Aaron Ellison afirma que en ambientes inalterables, como en el este de Australia, las especies especializadas en, por ejemplo, catapultar moscas, pueden sobrevivir, pues no necesitan preocuparse por posibles cambios impredecibles.

Por otra parte, sin embargo, en hábitats en permanente cambio, la evolución favorece a las especies fuertes y adaptables.

«Este sistema de catapultas es sorprendente», añade Ellison. «Es como ver la evolución en acción».

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