Medio Ambiente

El carbón «limpio» podría poner fin a las tensiones energéticas entre EEUU y China

Por Redacción National Geographic

8 de junio de 2012

Cuando el vicepresidente chino Xi Jinping visitó la Casablanca, nadie esperaba que él y Barack Obama se pusieran de acuerdo sobre energía.

Los dos mayores consumidores de energía siempre han estado enfrentados, especialmente en relación con las ayudas a la industria solar y las importaciones de petróleo por parte de China desde Irán. Sin embargo, la energía ofrece una oportunidad de colaboración a ambos países gracias al carbón.

Las empresas energéticas norteamericanas, desde las más pequeñas hasta una de las más importantes, Duke Energy, han llegado a la conclusión de que tienen que trabajar con China para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a través de la captura y almacenamiento de carbono (CCS, por sus siglas en inglés).

A pesar de que Estados Unidos ha invertido miles de millones de dólares en investigación y desarrollo de CCS durante 25 años, varios proyectos han sido abandonados debido a los altos costes. Igualmente, se ha frenado la construcción de plantas de carbón por problemas medioambientales y el crecimiento del gas natural como alternativa. China, sin embargo, donde el carbón es el rey, construye de media una planta por semana.

Para aquéllos que han seguido de cerca los avances de la tecnología CCS, la única manera de impulsarla es a través de la colaboración entre ambos países.

La oportunidad china

Las fábricas llevan tiempo capturando CO2 para uso industrial, y la industria petrolera inyecta CO2 bajo tierra para impulsar la recuperación del petróleo. De hecho, la primera aplicación de la tecnología de captura y almacenamiento de carbono fueron las instalaciones de la industria petrolera del Mar del Norte y el desierto argelino.

Sin embargo, la clave para controlar las emisiones es aplicar la tecnología CCS en plantas de energía, puesto que los países de rápido desarrollo dependen del carbón para satisfacer sus necesidades energéticas.

La capacidad que ha conseguido China en los últimos cinco años supera la de todas las plantas de carbón norteamericanas juntas. Se espera que para 2015 la capacidad de China triplique la de Estados Unidos.

Ambos países cuentan con enormes reservas de carbón, sumando un tercio de las reservas mundiales. Sin embargo, al carecer China del petróleo y el gas natural con los que cuenta Estados Unidos, depende más del carbón, que suministra el 80% de la electricidad del país (comparado con el 50% de Estados Unidos).

China ha superado a Estados Unidos como primer emisor mundial de carbono, aunque considera la tecnología limpia una prioridad, como recogía su 12º Plan Quinquenal (2011-2015). Grandes empresas estatales, como Huaneng Group y Shenhua Group, están investigando y desarrollando tecnologías como la gasificación del carbón, y el país ha estado trabajando en la captura de CO2 tanto antes como después de la combustión, pero los costes son muy elevados.

El rápido crecimiento de la industria del carbón en China, sin embargo, se debe a la inversión de fondos. «Proyectos de 1 ó 2 mil millones no son nada ahí», afirma Armond Cohen, fundador de Clean Air Task Force una organización sin ánimo de lucro de Boston (Estados Unidos). «En Estados Unidos nos conformaríamos con las sobras».

Estados Unidos, por su parte, también pone ventajas sobre la mesa, especialmente en investigación. Mientras que las empresas chinas se han centrado en la captura del carbono, en lugar de su almacenamiento, Estados Unidos ha desarrollado ambas tecnologías. La captura constituye tres cuartas partes del coste de CCS, por lo que «cualquier reducción que pudiera efectuar China haría la tecnología más viable», señala Ming Sung, representante de Clean Air Task Force para Asia y el Pacífico.

«No conseguiremos reducir sustancialmente las emisiones de CO2 hasta que ambos países trabajen juntos», comenta S. Julio Friedmann, director del programa de gestión de carbono del Lawrence Livermore National Laboratory, del Departamento de Energía de Estados Unidos. En el terreno de la energía, siempre ha habido más rivalidad que colaboración, pero podría estar abriéndose un camino para que llegaran a entenderse. Friedmann está en la actualidad estudiando la posibilidad de aplicar los bajos costes de captura de carbono post combustión de una planta de Huaneng en una de Duke Energy en Indiana (Estados Unidos).

China está empezando a vender al extranjero su tecnología, y la visita del vicepresidente Xi a Washington podría llamar la atención sobre varios proyectos ya en marcha.

En Pensilvana, un proyecto liderado por EmberClear Corporation, licenciante en Norteamérica de Huaneng, podría empezar a transformar el carbón en gasolina. El gasificador de Huaneng convertiría el carbón en gas sintético que a su vez se transformaría en gasolina gracias a la tecnología desarrollada por Exxon Mobil. EmberClear también utilizará el gasificador en una planta de gasificación integrada en ciclos combinados (GICC) para gasificar carbón y producir electricidad. Albert Lin, director ejecutivo de EmberClear afirma que esperan alcanzar más acuerdos con clientes norteamericanos este año.

Por otra parte, PowerSpan se ha asociado recientemente con Huaneng para desarrollar proyectos de captura post combustión en Noruega.

Lin afirma que el gasificador de Huaneng supone una mejora en relación con los modelos estadounidenses, pues utiliza menos agua y separa CO2 utilizando oxígeno y nitrógeno puros para transformar el carbón en gas. Sin embargo, los competidores defienden que la ventaja de China no es tanto su equipamiento como su capacidad para obtener conocimientos gracias a una industria en auge.

Una máquina eficaz

Este año, Huaneng y Duke Energy lanzarán diferentes proyectos de GICC. Se espera que ambas empresas, que firmaron un acuerdo en 2009 para colaborar en energías limpias, anuncien una ampliación de su asociación.

Huaneng proporcionará el gasificador a GreenGen una planta de GICC de 250 megavatios a las afueras de Tianjin, En Indiana (Estados Unidos), Duke espera terminar la construcción de una planta de GICC de 618 megavatios con tecnología de General Electric (GE). El cálculo de los costes de la planta de Duke ha aumentado varias veces, siendo en la actualidad de 3 mil millones de dólares.

La pregunta, según David Mohler, de Duke Energy, es ¿cómo pueden integrarse los sistemas implicados en la captura y almacenamiento de carbono para funcionar en el mundo real?

Jason Crew, de GE Gasification, afirma que hay muy pocas empresas con experiencia en integrar una planta química con una de generación de energía. «Integrar  un gasificador con una turbina de gas y de vapor y conseguir que funcione correctamente es muy complicado».

Crew cree que Duke Energy y General Electric tienen experiencia suficiente para mantener en funcionamiento la planta de Indiana con un 80% de fiabilidad durante el primer año, aunque reconoce que China no le irá a la zaga gracias a su capacidad financiera y tecnológica.

 

La cuestión es cuándo empezará China a igualarse a sus competidores occidentales. «Sin duda van a convertirse en competidores de General Electric, por eso ésta ha establecido la sede de su unidad de gasificación de carbón en Shanghai», señala Crew.

 

 

 

Este artículo forma parte de un especialsobre temas relacionados con energía. Para más información, visite El Gran Desafío de la Energía.

 

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