Medio Ambiente

Este pequeño país insular, ejemplo a seguir en la protección de nuestros océanos

Hace dos años, Palaos creó una de las reservas marinas más grandes del planeta y está dando resultados positivos.

Por Sarah Gibbens

Resulta obvio que si se protege el océano, los ecosistemas prosperan. Ahora los científicos tienen datos firmes que respaldan esta evidencia gracias a un amplio estudio de las reservas marinas en el país insular de Palaos.

Hace apenas dos años, Palaos declaró cerca de 500.000 kilómetros cuadrados de su territorio marítimo reserva marinacon protección total, en la que no se podrán llevar a cabo actividades pesqueras ni mineras. La reserva se convirtió en la sexta más grande del mundo. Aunque la isla de Palaos es más pequeña que la ciudad de Nueva York, sus zonas marinas protegidas son más grandes que todo el estado de California.

En declaraciones realizadas entonces, el presidente de Palaos, Tommy Remengesau Jr., afirmó que esta acción era esencial para la conservación de los medios de subsistencia de la isla: "Las comunidades isleñas se encuentran entre las más afectadas por las amenazas a las que se enfrenta el océano. La creación de este santuario es una fuerte medida que el pueblo de Palaos reconoce como algo esencial para nuestra supervivencia".

Recientemente, la ciencia ha confirmado sus argumentos: en un trabajo publicado el 30 de marzo en la revista PLOS ONE, los investigadores del Fisheries Ecology Research Laboratory (Laboratorio de Investigación de Ecología Pesquera) de la Universidad de Hawái informan de los resultados de los esfuerzos realizados para medir el impacto positivo que tiene un área marina protegida.

Su estudio estaba especialmente centrado en la cantidad de biomasa —peces y organismos bénticos que habitan el lecho marino— que se encuentra presente en las áreas protegidas de Palaos. Para evitar perturbar a la vida marina, los investigadores no tomaron muestras y, en su lugar, extrajeron sus resultados a partir de fotografías y estimaciones visuales directas.

Descubrieron que las aguas protegidas albergaban el doble de peces que las aguas no protegidas, y cinco veces más peces depredadores. Al ser la fuente alimenticia básica para otros depredadores, una población de peces sana es indicativa de un ecosistema próspero.

"Nuestras mediciones confirmaron que las reservas marinas no explotadas contribuyen al incremento de la biomasa de peces, como hemos observado ya en otras áreas del mundo", afirma Enric Sala, explorador residente de National Geographic que ha trabajado en este estudio.

Las áreas protegidas permiten que los peces de Palaos produzcan más crías, lo que a su vez resulta beneficioso para los pescadores locales. El estudio sugiere que, cuando la biomasa crece dentro de áreas protegidas, el efecto indirecto es que algunas poblaciones de peces adultos se dirigen a aguas no protegidas, lo que permite capturas más abundantes para los pescadores locales. 

Sala señala que esta acción de conservación tan exitosa se puede atribuir tanto a la política impulsada por el gobierno local, como a la cultura conservacionista que reina entre los habitantes de la isla.

La nación carece de fuerza militar para imponer las regulaciones. En su lugar, los esfuerzos de conservación locales han ido evolucionando desde una tradición milenaria conocida como bul. Dicha práctica tiene lugar cuando el Consejo de Jefes de Palaos sitúa ciertos arrecifes fuera de los límites pesqueros para que los peces dispongan de un lugar para criar y alimentarse sin ser molestados. Prestar atención a la sensibilidad de los peces durante estos periodos asegura que las poblaciones sean suficientes para alimentar a las comunidades locales más adelante.

Palaos tiene una gran dependencia en los ecosistemas marinos sanos. Tiene una de las tasas de biodiversidad más altas del planeta, y una parte significativa de sus ingresos procede del turismo medioambiental.

Por supuesto, Palaos no es el único país que se beneficia de recursos marinos sanos, aunque solo el 1,6 por ciento de los océanos del planeta están protegidos. Los investigadores esperan que otros gobiernos se den cuenta de lo beneficiosas que pueden ser estas áreas protegidas.

"Necesitamos tantas reservas como sean posibles en lugares tanto remotos como poblados, tanto grandes como no tan grandes", afirma Sala. "No hay tiempo que perder".

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