Medio Ambiente

Lo que podemos aprender de la «desaparición» de Angkor Wat a causa del cambio climático

La poderosa civilización fue relegada al olvido por sequías e inundaciones, mostrando los vínculos entre el clima y las personas.

Por Stefan Lovgren

Junto a la carretera que lleva a Angkor Thom —una de las ciudades amuralladas que componen Angkor, el antiguo imperio jemer en Camboya— se levanta un solitario y ruinoso puente con arcos tallados fabricados con bloques reciclados de arenisca. El puente parece ser de poca importancia, ya que no corre agua bajo la estructura. Algunos de los buses que realizan tours y llevan a los visitantes a los terrenos del templo cada día, se detienen para que los turistas echen un vistazo.

Pero para Dan Penny, experto en historia medioambiental y estudioso de la civilización de Angkor durante muchos años, este puente cuenta una historia intrigante. Sus daños en el pasado reciente, según él, suponen un recordatorio de que, aunque fue el agua —o el control de la misma— lo que construyó la ciudad de Angkor, también fue el agua lo que ayudó a destruirla.

La causa de la desaparición del imperio de Angkor a principios del siglo XV fue un misterio durante mucho tiempo. Pero los investigadores han demostrado ahora que las intensas lluvias monzónicas que siguieron a una sequía prolongada en la región provocaron daños que se extendieron a toda la infraestructura urbana, llevando a su hundimiento.

"La destrucción de este puente sugiere que un enorme flujo de agua, mucho mayor de lo que el canal podía soportar, atravesó el medio de la ciudad", explica Penny, investigador en el departamento de geociencia de la Universidad de Sidney.

"Causó graves daños a la infraestructura que la gente que entonces vivía allí simplemente no pudo reparar".

Una ciudad hidráulica

Se estima que el periodo de Angkor habría comenzado en el año 802 cuando, en un lugar en del macizo montañoso de Phnom Kulen, que se extendía sobre la futura llanura de la ciudad, Jayavarman II se autoproclamó chakravartin o "dios rey", del imperio jemer. Durante los siglos siguientes, surgió un vasto complejo urbano con aproximadamente un millón de habitantes, al mismo tiempo que Angkor se convertía en la mayor ciudad del mundo preindustrial.

Desde el principio, el agua fue un elemento central en el desarrollo de Angkor, que se describe con frecuencia como una "ciudad hidráulica". Los canales y depósitos se construían para recoger y almacenar el agua que bajaba de las colinas, tanto para el control de inundaciones como para su distribución para la agricultura. Un sistema de rebosaderos y derivaciones llevaba el agua sobrante al lago Tonle Sap, al sur de la ciudad.

"Era una infraestructura de gestión del agua sin parangón en la Tierra", afirma Penny.

El agua y el control de la misma también jugaban un papel religioso en la sociedad de Angkor.

"El agua, además de ser un recurso que había que gestionar en términos de agricultura e inundaciones", explica Penny, "se vinculaba también al poder del rey".

El ataque de los monzones

La red de canales tenía una historia de añadidos y modificaciones. Los primeros canales distribuían y se deshacían del agua. Desde el siglo XII en adelante —en la época de la construcción del templo más famoso, Angkor Wat, y del apogeo del imperio— los nuevos y amplios canales se deshacían del agua enviándola al lago.

Durante los dos siglos siguientes, el sistema habría funcionado aparentemente bien mientras la ciudad continuaba prosperando. Pero entonces, entre mediados y finales del siglo XIV, Angkor empezó a sufrir una sequía persistente. A esto le siguieron varios años de lluvias monzónicas inusualmente intensas, lo que produjo inundaciones extensas a las que la infraestructura de la ciudad no pudo hacer frente.

Las inundaciones provocaron una grave erosión en el sistema, con uniones que constantemente se cortaban. Al sur de la ciudad, los canales estaban colapsados con material erosionado procedente del centro de Angkor.

El puente en Angkor Thom se construyó a partir de bloques de piedra de los templos, y muchos de ellos tienen intrincados tallados.

"Coger una parte de un templo y emplearla para algo tan mundano como un puente sugiere que algo iba muy mal", afirma Penny.

"Se ha creído durante mucho tiempo que el daño al sistema de gestión hidráulica puso fin a un largo periodo de declive en Angkor".

A juzgar por los daños en el puente, cuya parte este se encuentra destruida, los esfuerzos para controlar las aguas de inundación finalmente fracasaron. Al final, el río Siem Reap, que se supone que fluía bajo la estructura, excavó la tierra alrededor del puente. Actualmente, el río fluye a unos 7 metros por debajo de su curso original.

Con la destrucción de las infraestructuras por parte de las inundaciones, la ciudad de Angkor se derrumbó. En 1431, fue conquistada por el ejército de Siam. Muchos de los templos fueron posteriormente tomados por la jungla, mientras que otros siguen siendo importantes lugares de culto para los jemer. Las ruinas fueron algo desconocido para Occidente hasta que unos exploradores franceses fueron conducidos hasta ellas en la década de 1860.

Una advertencia del cambio climático

Los investigadores que trabajan en el desarrollo sostenible de la cuenca fluvial del bajo Mekong, como parte de un proyecto de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional llamado "Las Maravillas del Mekong" afirman que hay lecciones importantes que sacar de lo que ocurrió en Angkor.

"Lo que está claro es que la cultura y el clima están conectados", afirma Sudeep Chandra, director del Centro de Agua Global de la Universidad de Nevada (University of Nevada Global Water Center), que lidera la investigación.

"Las comunidades en todo el mundo tienen problemas para entender cómo responder a la viariabilidad cada vez mayor de un clima cambiante", añade.

En sus esfuerzos por controlar el flujo de agua, los ingenieros de Angkor desviaron el agua de los sistemas fluviales existentes, lo que resultó en la creación de nuevas cuencas. Pero esto podría haber tenido consecuencias medioambientales adversas, desestabilizando la ciudad y finalmente conduciendo a su desaparición.

"Los jemer medievales se enfrentaron a un periodo de inestabilidad climática sin experiencia previa y que cambió totalmente las normas del juego al que habían estado jugando durante cientos de años", explica Penny.

"Las comunidades contemporáneas se enfrentan a un desafío de escala similar, ya que el clima está cambiando".

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