Medio Ambiente

Seis especies invasoras que causan estragos en los ecosistemas

Por Redacción National Geographic

11 de agosto de 2015

Según los expertos, las llamadas serpientes rey albinas están extendiéndose en las Islas Canarias, representando una gran amenaza para la biodiversidad. Al no tener depredadores naturales, estas serpientes, nativas de California, están causando estragos en las poblaciones animales, incluidos los lagartos de Gran Canaria, que viven solo en estas islas.

«En las zonas en las que están las serpientes, los lagartos de esta especie han desaparecido», afirma Robert Fisher, investigador que ha estado presente en las reuniones celebradas en las islas para llegar a una solución sobre los invasivos reptiles.

Según el experto, los lagartos de Gran Canaria, sin descendencia, están llamados a extinguirse.

Al parecer, las serpientes rey albinas llegaron a las islas como mascotas hace 10 o 15 años, y escaparon o fueron liberadas por sus dueños. Sin embargo, todavía hay esperanza, pues no están completamente arraigadas y las autoridades ya han tomado cartas en el asunto, algo que «no suele ocurrir hasta que es demasiado tarde», señala Fisher.

Desgraciadamente, no son los únicos animales que han invadido partes del mundo. Veamos algunos ejemplos:

Las especies nativas de Guam (isla del Pacífico perteneciente a Estados Unidos) vivían tranquilamente antes de la llegada de las serpientes arbóreas marrones, que han acabado con la mitad de las especies de aves y lagartos y dos tercios de murciélagos de la isla, según datos del Instituto para el estudio de especies invasivas del Servicio Geológico de Estados Unidos.

La especie herbácea Bromus tectorum llegó a Estados Unidos a mediados del siglo XIX procedente de Europa y Asia y se extendió rápidamente. Según Sharon Gross, del Servicio Geológico norteamericano, ha alterado los ecosistemas y la dinámica de incendios en la zona occidental del país.

«Normalmente es la primera especie que se recupera tras un incendio, impidiendo en algunos casos el restablecimiento de otras especies nativas», señala. 

El llamado pez león es un auténtico peligro. Procedente del Indo-Pacífico, se instaló en el Caribe y en las aguas del sur de Estados Unidos en 1992 tras el huracán Andrew, convirtiéndose rápidamente en un problema para las especies nativas. «Es mucho más grande que otros peces de arrecife nativos y acaba expulsándolos de su hábitat», explica Gross.

Además, estos peces tienen aletas dorsales venenosas y no se les conoce depredadores. 

Cuatro especies de carpa se agrupan bajo la denominación de carpa asiática, que se introdujo en aguas norteamericanas en la década de los 70 para controlar las poblaciones de parásitos y algas. Algunas se introdujeron en el río Misisipi, expulsando a otros peces, empobreciendo la calidad del agua e hiriendo a personas al saltar desde el agua cuando se asustan por el ruido de un barco.

Gross afirma que el Servicio Geológico y otras agencias están trabajando para desarrollar un cápsula química recubierta de una enzima que solo sería ingerida por las carpas, para las que es tóxica, y no dañaría otras especies.

En 1935, los sapos de caña sudamericanos fueron liberados en una región de Australia para controlar las poblaciones de escarabajos, que estaban acabando con la caña de azúcar.

En vez de eso, los sapos se convirtieron en la verdadera plaga, segregando veneno a través de la piel para expulsar a sus depredadores.

«Es un ejemplo de por qué no siempre es una buena idea introducir una especie no nativa para acabar con otra igualmente extraña», recuerda Gross.

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