Viaje y Aventuras

8 miradores imprescindibles en Barcelona

La Ciudad Condal cuenta con varios miradores desde los que contemplarla a vista de pájaro.lunes, 3 de diciembre de 2018

Por Salomé García
Mirador del Tibidabo.

En la era de los selfies y de compartir panorámicas con vistas envidiables, ¿quién se resiste a tomar una foto con la ciudad a sus pies? Acurrucada entre la sierra de Collserola y el Mediterráneo, Barcelona no solo enamora a ras de suelo. Desde lo alto, muestra su cara más sorprendente y desconocida. Un parque de atracciones centenario, una torre de telecomunicaciones o la espectacular terraza de un hotel de lujo en el corazón de la Rambla se convierten en improvisados miradores. Te presentamos ocho propuestas para dejarte seducir por la Ciudad Condal a varios metros sobre el nivel del mar.

1. Tibidabo

Con sus 575 metros de altura y una historia centenaria, al Parque de Atracciones Tibidabo le honran dos características: ser el Parque de Atracciones más antiguo de España (se inauguró en 1899) y el mirador más alto de la ciudad, desde su privilegiada ubicación en la sierra de Collserola. Su Área Panorámica, además de unas vistas impagables de la ciudad y el Mediterráneo, supone todo un viaje al pasado: el Museo de los Autómatas, con más de 40 piezas de los siglos XIX y XX; la Atalaya, una estructura que eleva al visitante a 50 metros de altura; y el famoso Avión, réplica de la aeronave que protagonizó el primer vuelo entre Barcelona y Madrid.

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2. Castillo de Montjuic

Este recio fortín militar se levanta sobre una atalaya frente al puerto, a 173 metros de altura. A lo largo de sus más de tres siglos de historia, el castillo presenta un legado bélico bastante agitado. Sirvió como base de operaciones para bombardear la villa durante la Guerra de Sucesión de principios del siglo XVIII. Tras la Guerra Civil, operó como prisión y centro de ejecuciones, entre ellas, la del presidente de la Generalitat durante la contienda, Lluis Companys. Hoy sus vetustos muros albergan exposiciones temáticas o, simplemente, se abren para visitar el patio, los calabozos o la torre de vigía.

Bar Eleven BCN by World Class, NH Collection Gran Hotel Calderón

3. NH Collection Gran Hotel Calderón

Ubicado en el corazón de la Rambla Catalunya, este edificio es todo un libro abierto de la efervescencia cultural de la ciudad, tanto por su historia como por su arquitectura. Obra del arquitecto Josep Rodríguez Lloveras, pupilo de Puig i Cadafalch (uno de los padres del diseño modernista catalán), en su día acogió la residencia de Emili Juncadella, destacado miembro de la alta burguesía de principios de siglo XX. Posteriormente, se transformó en el Teatro Calderón. Ahora renace como nuevo hotel de lujo, con un interiorismo de vanguardia y una exquisita oferta para todos los sentidos.

 

A plena luz del sol, no puede faltar un selfie en la piscina de la azotea. Al caer la tarde, toca disfrutar de las vistas panorámicas desde el Bar Eleven BCN by World Class, en la planta undécima, mientras se saborean los cócteles del reputado bartender Nacho Ordóñez. Para los amantes de trasnochar, nada como sus míticos Lazy Sundays: un late check-out sin coste adicional disponible solo los domingos. Todo un regalo para viajeros impenitentes dispuestos a sacarle todo el jugo a la noche del sábado en una de las ciudades más cosmopolitas de Europa.

La Rambla desde el Mirador de Colom.

4. Mirador de Colom

Nexo de unión entre el final de la Rambla de Barcelona y el acceso al puerto de la ciudad, elegido por los Reyes Católicos para recibir a Cristóbal Colón en su regreso de América. La estatua se inauguró en 1888 y cuenta con un mirador abierto al público a 60 metros de altura. El acceso en ascensor por su columna de hierro de estilo corintio es ya una experiencia. Acabado el periplo, se tienen unas inmejorables vistas del Barrio Gótico, Santa María del Mar, el Puerto Olímpico, la montaña de Montjuïc y el Parque Natural de la Sierra de Collserola, auténtico pulmón verde de Barcelona.

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5. Castell de Torre Baró 

Pese a su coqueto aspecto de palacete medieval en la cima de la sierra de Collserola, en realidad, se trata de una construcción del siglo XX. Injustamente olvidado en las visitas turísticas a la ciudad, pocos advierten que, pese al nombre, el castillo no tiene torre. El nombre lo toma prestado de otra torre que sí existió en el lugar donde hoy se encuentra la estación de metro, pero que quedó reducida a escombros durante la Guerra de Sucesión. Desde este punto elevado se domina el Nou Barris, Horta, Sant Andreu, Sant Martí, el río Besòs y, si se apura la vista, hasta Santa Coloma, Sant Adrià y Badalona.

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6. Torre de Collserola

Sir Norman Foster firma el diseño de esta torre de telecomunicaciones, inaugurada en 1992, y convertida en uno de los elementos icónicos de la Barcelona olímpica. Esta estructura metálica repleta de antenas vigila la ciudad desde el Turó de la Vilana y ofrece un excepcional mirador para curiosos a prueba de vértigo. No es eufemismo: se sitúa en la planta 10, cuenta con suelo acristalado y se eleva 560 metros sobre el nivel del mar. En los días claros, la vista puede volar hasta 70 kilómetros, divisando toda el área metropolitana, el Parque de Collserola, el macizo de Montserrat y hasta la sierra del Cadí-Moixeró.

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7. Terraza MNAC

En 2013 el Museo Nacional d’Art de Catalunya acometía la reforma de las azoteas del Palau Nacional e inauguraba dos terrazas-mirador con vistas panorámicas de 360 ​​grados sobre la ciudad. El Mirador delantero se orienta hacia la Avenida María Cristina, la Plaza de España, las Torres Venecianas y la Fuente Mágica de Montjuic; el otro, hacia los jardines del Palacete Albéniz. Entre ambos se divisa una perfecta radiografía del skyline barcelonés: desde la Sagrada Familia a la Torre Agbar, os Jardines de Joan Maragall y los edificios de la Villa olímpica, el puerto y todo el Anillo Olímpico.

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8. Casa Batlló

Las escamas del dragón de la azotea de la Casa Batlló, en pleno Paseo de Gracia, se han ganado por derecho propio un lugar prioritario entre las postales de Barcelona. No es para menos. Hay interpretaciones que ven en el colorido recubrimiento cerámico de esta casa señorial diseñada por Antonio Gaudí una alegoría a la leyenda de San Jorge y el Dragón: las tejas serían las escamas, las columnas con forma de hueso, el recuerdo a las víctimas del monstruo y la cruz de cuatro brazos, la empuñadura de la espada del santo. Salvador Dalí lo veía más como una metáfora del mar. Gaudí nunca reveló su significado.

Este artículo ha sido escrito por Salomé García en colaboración con nuestro patrocinador. No refleja necesariamente los puntos de vista de National Geographic o su línea editorial.

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