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La Graciosa: la menor de las Islas Canarias a golpe de pedal

Adéntrate sobre dos ruedas en los contrastes del Parque Natural Marítimo-Terrestre del Archipiélago Chinijo, un paraíso que conforma la reserva marina más grande de Europa.

Desde el Mirador del Río, en Lanzarote, se encuentran las mejores vistas de uno de los enclaves naturales protegidos más impresionantes de las Islas Canarias: el archipiélago de Chinijo. 

Fotografía de Organismo Autónomo de Parques Nacionales
Por Cristina Crespo Garay
Publicado 27 dic 2021, 17:20 CET

Dejar que el camino marque el ritmo del viaje, pedalada a pedalada, es una de las mejores formas de dejarse sorprender por el paisaje más virgen de La Graciosa, la octava isla canaria.  A través de sus 27 kilómetros cuadrados, la isla va transformándose entre los grandes contrastes propios de la aridez de su tierra volcánica, entremezclados con paraísos de agua turquesa y playas de arena blanca.

Tras recorrer las serpenteantes carreteras que atraviesan el paisaje de malpaís del norte de Lanzarote, colonizado poco a poco por la vegetación verde, se abre paso un pequeño pueblo pesquero con un encanto muy especial. Entre grandes rocas negras y acantilados Órzola da la bienvenida a los visitantes con sus casas blancas y su tranquilidad.

En ese punto de la isla lanzaroteña se encuentra el único puerto desde el que sale un barco hacia la isla de La Graciosa. Tras un breve viaje y habiendo Dejando atrás la bruma matutina de Lanzarote, pisamos por primera vez los caminos de tierra de Caleta de Sebo, el único núcleo de población de este paraíso casi virgen que podríamos llamar pueblo, y parece que hemos retrocedido varias décadas en el tiempo; no hay asfalto en sus calles ni en los caminos que recorren la isla de manera circular.

“La Graciosa es una isla diferente y especial por mucho motivos”, cuenta Marina Piquer, portavoz de Turismo Visita La Graciosa. Tanto si se recorre la isla en bicicleta o caminando, “la protección de este territorio natural único y sus especies hace que los visitantes no puedan abandonar el sendero marcado”.

La reserva marina más grande de Europa

Desde 1986, La Graciosa forma parte, junto con los islotes de Monta Clara, Alegranza y los Roques del Este y del Oeste, el Parque Natural Marítimo-Terrestre del Archipiélago Chinijo.  En 1995 se otorgó también a la Isla Graciosa y los islotes del Norte la etiqueta de reserva marina, prolongando al medio marino la protección ya existente. Con un total de 70 439 hectáreas, este espacio protegido se convirtió en la reserva marina más grande de Europa.

“La isla es el lugar perfecto para aquellos que quieran practicar submarinismo, pues el paraíso de La Graciosa también se encuentra bajo sus aguas, donde encontrar y disfrutar de infinidad de especies marinas”, cuenta Piquer.

Izquierda: Arriba:

Desde 1986, La Graciosa forma parte, junto con los islotes de Monta Clara, Alegranza y los Roques del Este y del Oeste, el Parque Natural Marítimo-Terrestre del Archipiélago Chinijo.  

Derecha: Abajo:

Dentro de la isla de La Graciosa, Caleta de Sebo es el único pueblo habitado durante todo el año. Al otro lado de la isla se encuentra la Caleta de Pedro Barba, donde una docena de casas turísticas se arremolinan frente a la playa.  

fotografías de Turismo Visita La Graciosa

Para los que tan solo quieren recorrer sus rincones, “descubrir la isla en bicicleta y moverse por toda ella en este medio de transporte hace que el turista desconecte del estrés en el que se ve envuelto en el día a día, y le haga disfrutar del paisaje y de ese entorno natural único”.

Caleta de Sebo: el tiempo detenido

Nada más bajar del barco en Caleta de Sebo, junto a las largas colas de alquiler de bicicletas y el trajín de los turistas destaca la tranquilidad de los habitantes de La Graciosa, casi detenidos en el tiempo. “Yo llevo aquí una vida entera”, cuenta César Espinosa, de 82 años, “cogemos el barco de vez en cuando para traer cosas de primera necesidad, pero como aquí no se vive en ningún sitio. Si podéis, quedaos varios días y lo veréis”, nos aconseja entre risas. “Yo tenía una barca pesquera, pero ahora mi hijo lleva a los turistas en taxi y, si así ayudamos a proteger la isla, bienvenido sea”.

Aunque hay 737 habitantes censados actualmente, no todos ellos viven durante todo el año en la isla. “Durante el año viven una media de unos cuatrocientos”, afirma Piquer. Antiguamente, La Graciosa era una isla cuya economía se sustentaba gracias a la pesca, pero “conforme han ido pasando los años esto ha cambiado, y actualmente  son pocas la familias que viven de la pesca, la mayoría lo hace del turismo”.

Al declararse Reserva Marina, la pesca en sus aguas quedó muy regulada a la vez que el turismo iba creciendo cada vez más. La economía graciosera ha virado hacia negocios de alquiler de bicicletas, restaurantes y taxis 4x4.

La playa de las Conchas y Montaña Bermeja

Al arrancar la ruta desde el puerto se cruza el pueblo, donde llama la atención la simpatía de los habitantes de un lugar tan silencioso que, si no fuera por la ropa tendida y los detalles en las ventanas, parecería deshabitado. Entre caminos de arena, pequeñas casas bajas de paredes blancas y cactus decorados con detalles navideños, arranca una árida ruta que cruza hacia la otra costa de la isla, en dirección a uno de los lugares más famosos: la playa de las Conchas, una playa paradisiaca de 600 metros de arena blanca y aguas turquesas con vistas a los islotes de Montaña Clara y Alegranza. 

A los pies de esta playa se encuentra Montaña Bermeja. “Si se sube hasta la cima, unos 20 minutos de ascensión sin mucha dificultad, sus vistas de Montaña Clara, la playa y Alegranza no dejan impasible a nadie”, aconseja Piquer.

Izquierda: Arriba:

Después de Caleta de Sebo, Pedro Barba es el único lugar de la isla donde puede encontrarse una docena de casas vacacionales rodeadas de una pequeña playa.

Derecha: Abajo:

La economía de la isla, antes sustentada en la pesca, ahora ofrece diversos servicios turísticos como el transporte en 4x4 por los caminos de arena y roca. 

fotografías de Turismo Visita La Graciosa

Siguiendo esta ruta por la zona norte, hay que hacer una parada en el Caletón de los Arcos, una maravilla de la naturaleza formado por arcos naturales de piedra basáltica donde ver romper las olas es todo un espectáculo. 

Junto al Caletón de los Arcos está otra de las playas vírgenes de la isla, la playa de Lambra o del Ambar, de arena blanca y que contrasta fuertemente con el paisaje volcánico que hay en los alrededores. “Hay que incidir en que en toda la zona norte de la isla es peligroso bañarse, ya que es mar abierto, y con fuerte oleaje, con lo que puede resultar bastante peligroso. Las aguas más tranquilas y aconsejables para el baño se encuentran en la zona sur”, afirma Piquer.

Dentro de la zona norte no hay que olvidarse de visitar el otro pequeño núcleo de población, Pedro Barba, formado por una docena de casas vacacionales rodeadas de una pequeña playita donde poder disfrutar de una tranquilidad y calma total.

Ruta hacia el sur de La Graciosa

Aunque no es recomendable hacerla en bicicleta, ya que ciertas zonas de la ruta se acumulan grandes cantidades de arena de playa, se puede dejar la bici y continuar caminando unos tres kilómetros que bordean la costa. En apenas 45 minutos desde Caleta de Sebo, se llega a la playa de la Francesa. “Para practicar el snorkel, serán imprescindibles unas gafas de buceo y un tubo, pues las aguas de esta playa son muy tranquilas y  cristalinas, y podrás disfrutar del maravilloso fondo submarino de esta zona”, aconseja Piquer.

Junto la playa de la Francesa se encuentra otro de los iconos de la isla, la Montaña Amarilla. Allí, esta pequeña cala de agua turquesa contrasta con el amarillo de las rocas del viejo volcán.  Para los más atrevidos, se puede subir hasta la cumbre de Montaña Amarilla, que a 172 metros sobre el nivel del mar, ofrece unas vistas impresionantes de toda la isla.

Pedalear por los rincones de este enclave único es además una de las actividades turísticas más sostenibles, convirtiendo el estilo de vida graciosero en el lugar perfecto donde poder apreciar cómo disfrutar de los rincones más remotos de nuestro territorio no está reñido con fomentar la riqueza natural y cultural de los lugares más turísticos del mundo.

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