Pequeños y remotos picos volcánicos a 322 kilómetros al oeste de México se están convirtiendo en uno de los últimos grandes cruces de miles de tiburones en el Océano Pacífico oriental. Es un lugar de extremos, un campo de batalla para algunos de los mayores depredadores del océano. Es también un santuario vital para delfines nariz de botella, mantarrayas gigantes del Pacífico y para la migración de las ballenas jorobadas.