Hay un lugar donde la naturaleza y la religión se han combinado para convertir un pequeño reino budista en el último Shangri-La del mundo. Unicado entre el Tíbet y la India, Bután es la joya de la cordillera del Himalaya. Al norte, altos picos se elevan a 25.000 pies. En Bután, el respeto a la vida perdura, como la tierra misma.