Dian Fossey, la científica que nos enseñó a amar a los gorilas

Estas fotografías de archivo de National Geographic revelan cómo Dian Fossey luchó por impedir que nadie «degradase» a estos primates entonces incomprendidos.jueves, 9 de noviembre de 2017

Antes de ser conocida en todo el mundo por vivir con gorilas de montaña, Dian Fossey luchó por atraer al atención sobre la cifra menguante de ejemplares de esta especie.

Segura de que los gorilas estaban al borde de la extinción, adoptó un enfoque algo temerario sobre la comunicación y la conservación que irritó a muchos y que probablemente fue el motivo de su asesinato —aún sin resolver— en 1985. Sin embargo, fue esta fiera dedicación la que ayudó a revivir a los atormentados primates. En la actualidad, miles de turistas visitan Ruanda, Uganda y la República Democrática del Congo para verlos.

En 1969, la científica de 35 años había recibido tres subvenciones de la National Geographic Society para investigar a los escurridizos gorilas, y los editores decidieron presentar sus hallazgos en la revista. Pronto comprobaron que Fossey no temía ofender para defender a los gorilas.

El 1 de junio de 1969, una carta de Fossey llegó a la sede de National Geographic en Washington, D.C., una entre las cientos de páginas de correspondencia y revistas de observación que abarrotan un estante en el archivo de la Society. La carta estaba dirigida a W. Allan Royce, un editor de ilustraciones que había enviado su proyecto de ilustración para el artículo, y sus palabras fueron abrasadoras.

«Mi reacción inicial a la propuesta», escribió, «fue aplaudir el sello que pone "No Publicar" en las diapositivas de los dos bocetos y subrayar la palabra "tentativa" en la primera página».

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En otra carta al editor de textos dijo que estaba asqueada por la forma en que se había retratado a los gorilas. «Por favor, no degraden a este animal», escribió. Las ilustraciones, ya perdidas en el tiempo, representaban a un gorila cargando contra Fossey, con una leyenda que los describía como «salvajes». Este incidente sólo ocurrió una vez, según señalaba ella, en las más de 2.000 horas que había pasado observando a los gorilas.

«El objetivo [del bosquejo] era demostrar que, sin importar la conducta del gorila, su trabajo no ha estado libre de incidentes y existen peligros potenciales para su vida», escribió Royce para tranquilizarla.

Los problemas con la edición de enero de 1970 de National Geographic —que mostraba a Fossey en la portada— solo acababan de empezar. Dos meses después de la discusión inicial sobre las imágenes, un editor llamado RL Conly echó un ojo a la historia de Fossey y escribió su crítica: «La autora ha escrito un relato incoherente sobre unas aventuras bastante extrañas en las montañas de Virunga», escribió. «Su casa se incendia. Secuestra a un niño nativo. El padre del chico le roba a su perro. Mantiene retenido el ganado de otro lugareño (para recuperar a su perro). Se pone una máscara de Halloween para asustar a los nativos, ya que están molestando a sus gorilas».

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Los hallazgos científicos de Fossey no aparecían en su relato y Conly estaba preocupado por que fuera comparada desfavorablemente con Jane Goodall y sus populares artículos sobre la investigación de chimpancés en Gombe, Tanzania. Así que Fossey cambió las aventuras ad-hoc por investigación y observaciones, y el departamento de ilustraciones de National Geographic borró la palabra «salvaje» de las maquetas.

Para cuando Fossey montó su puesto de investigación, Karisoke, en el actual Parque Nacional de los Volcanes en Ruanda, las décadas de cacería furtiva habían pasado factura. Temía que los gorilas se extinguiesen en de 30 años si no hacía nada para protegerlos, y por ello hizo suya la misión de ser conservadora, portavoz y detective. Ella y su equipo de investigación, que patrullaban en el parque cada día, recogieron cientos de trampas de alambre preparadas por los furtivos para atrapar a los gorilas y vender partes de sus cuerpos, así como a sus crías.

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Los humanos le preocupaban menos. Su trato con los lugareños de Ruanda solía ser ofensivo. En sus cartas se refiere en ocasiones a los miembros de su equipo de investigación y al personal del parque como «mis africanos». Sus diarios y sus cartas están llenos de ira contra el personal corrupto y con escasa formación. En una carta a un investigador de National Geographic escribió que «el término "servicio del parque" es un poco exagerado para describir los servicios de los seis alcohólicos crónicos mal vestidos que intentan ejercer de protectores de esta zona». En ocasiones, el gobierno no pagaba a los guardas durante meses. En lugar de eso, aceptaban que los cazadores furtivos les sobornasen para entrar en el parque e incluso les vendían sus armas.

En 1968, mientras Fossey establecía su puesto de investigación, el presidente de la Comisión Internacional de Parques Nacionales visitó el área biogeográfica de los gorilas y redactó un deprimente informe. El Parque Nacional Albert —el nombre de la era colonial de esta zona— había sido creado en 1925 «para crear un mundo seguro para los gorilas», escribió el presidente. Pero había fracasado. El informe describía las partidas de caza organizadas como deporte, el saqueo de un puesto de guardia y la falta de suministros: «Tiendas de campaña, cinturones de repuesto, polainas, zapatos, mochilas, gorras, insignias, todo ello se ha agotado».

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En ausencia de guardas eficientes, Fossey comenzó a investigar por sí misma. Se dio cuenta de que los cartuchos de balas desaparecían de los escenarios de asesinatos de gorilas para evitar que se rastreara el calibre del arma. «Por lo tanto, existe la posibilidad de que la pistola utilizada recientemente fuera un arma conocida "tomada prestada" para esta matanza, ¿quizá de los guardas del parque?», escribió.

En una conversación en 1978 con el director del parque, este dijo a Fossey que él carecía de la autoridad para hacer redadas en los campamentos de los cazadores furtivos fuera de los límites del parque o para dispararles dentro del parque. En respuesta, ella sugirió que él y sus ayudantes fueran despedidos.

Pero sus diarios no son todo frustración. Los informes diarios están salpicados de investigaciones innovadoras. Una entrada de 1971 titulada «Incidente espejo» describe a su gorila favorito, un joven macho llamado Digit, observándose a sí mismo en un espejo: «Empezó a mover la cabeza hacia adelante y hacia atrás como un adolescente preparándose su baile de graduación», escribió. Seis años más tarde, Digit fue asesinado por cazadores furtivos y se convirtió en la cara de la campaña global de Fossey para salvar a los gorilas. Fundó el Fondo Digit, que ahora es el Fondo Dian Fossey para gorilas, que en la actualidad sigue con los trabajos de conservación de la científica.

En 1980 hubo un aumento del 130 por ciento en el número de turistas que venían a visitar a los gorilas. Había cuatro guías de gorilas trabajando en una nueva sede con nuevos uniformes y radios. «Por primera vez, el PNV [Parque Nacional de los Volcanes] está recibiendo más dinero del que gasta en el parque», afirmaba un informe.

Dos años más tarde, Fossey describe cómo un cazador furtivo fue descubierto mientras intentaba pasar de contrabando a un bebé de gorila de un mes fuera del parque. Por primera vez, un guarda disparó y mató a uno de ellos. Este era el tipo de protección activa que Fossey había estado defendiendo.

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En 1986, el año después de su asesinato, quedaban 280 gorilas de montaña en la cordillera que se extiende a lo largo de Ruanda, Uganda y la República Democrática del Congo. En la actualidad, hay 880 gorilas y el número de ejemplares está aumentando. Los tres parques todavía practican un estilo agresivo de conservación. Cuando Fossey trabajaba en Ruanda, este era uno de los países más pobres de África, pero desde entonces se ha convertido en uno de los casos más elogiados de éxito económico. Los gorilas están siendo protegidos y, a cambio, Rwanda espera obtener 373 millones de euros gracias al turismo este año.

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