Un raro canguro arborícola resurge tras 90 años desaparecido

El canguro arborícola de Wondiwoi, considerado extinto, ha sido fotografiado en una remota cordillera montañosa de Nueva Guinea.martes, 25 de septiembre de 2018

El canguro arborícola de Wondiwoi es tan raro y esquivo que desapareció durante casi un siglo y se consideraba extinto. Ahora, no solo lo han avistado, sino que también ha sido fotografiado por primera vez.

El inusual canguro trepa entre los árboles de los bosques montañosos de Nueva Guinea. Los científicos occidentales solo lo habían observado una vez, en 1928.

El canguro arborícola de Wondiwoi no se ha atrapado, observado ni registrado desde ese primer avistamiento. «Es uno de los mamíferos menos conocidos del mundo», afirma Mark Eldridge, biólogo de marsupiales del Museo Australiano en Sídney.

Ahora, un botánico aficionado de Reino Unido ha dirigido una expedición a los bosques de bambú casi impenetrables a 1.500 metros de altura en la remota cordillera de Wondiwoi de Papúa Occidental, Indonesia, para encontrarlo.

«Demostrar su existencia es impresionante. Es un lugar tan remoto y de tan difícil acceso que no estaba seguro de que fuéramos a saberlo nunca», afirma Eldridge, que no participó en la expedición.

Moradores arborícolas sorprendentes

Los canguros arborícolas son marsupiales tropicales emparentados con los canguros terrestres y los walabís. Estos canguros de tamaño medio poseen antebrazos musculosos para impulsarse a lo alto de los troncos de los árboles y moverse entre las ramas empleando una rara mezcla de saltos y escalada.

Pese a ser poco conocidos para el mundo en general, son un grupo sorprendentemente diverso. Existen 17 especies y subespecies, dos en el extremo norte de Australia, y el resto en la enorme isla de Nueva Guinea.

Michael Smith, un botánico aficionado de 47 años de Farnham, Inglaterra, dirigió la expedición para encontrar a la inusual especie. Smith se formó en biología en la universidad y ahora trabaja para una empresa de comunicaciones médica, pero pasa sus vacaciones recorriendo partes remotas de Pakistán, Kurdistán e Indonesia en busca de rododendros, tulipanes y orquídeas raras. Tramó el plan de la expedición tras oír hablar del misterioso animal mientras peinaba las montañas de Papúa Occidental en busca de rododendros en 2017.

Con la ayuda de porteadores papús, un cazador local que hacía de guía y Norman Terok, estudiante de la Universidad de Papúa en Manokwari y entusiasta de la historia natural, Smith se introdujo en la selva el 23 de julio y salió una semana después con la noticia del hallazgo.

Habló con expertos mundiales en canguros arborícolas, entre ellos Eldridge y Roger Martin, de la Universidad James Cook en Queensland, Australia, para confirmar el hallazgo antes de hacerlo público.

Foto a primera vista

La primera persona que avistó al canguro arborícola de Wondiwoi fue el legendario biólogo evolutivo Ernst Mayr en 1928. Mayr lo encontró en las montañas de la península de Wondiwoi, el estado indonesio de Papúa Occidental en la mitad occidental de la enorme isla de Nueva Guinea.

Mayr capturó al único espécimen conocido para la ciencia y envió su piel al Museo de Historia Natural en Londres. Se describió como especie, Dendrolagus mayri, en 1933.

Desde entonces, los lugareños rara vez han informado siquiera de indicios de que la especie existiera todavía. Pero esto podría deberse a que «los cazadores solo suben hasta los 1.300 metros, cuando el bosque empieza a volverse muy denso, con bambú», explica Smith. Para superar ese nivel, su equipo tuvo que abrir un sendero.

Una vez ascendieron a entre 1.500 y 1.700 metros, empezaron a observar marcas de arañazos características en los troncos que habían dejado los canguros arborícolas, así como restos de heces. «También pudimos oler las marcas de olor que dejaron los canguros, una especie de olor atractivo», añade.

Un tesoro oculto

Pese a pesar hasta 15 kilogramos, los canguros arborícolas son bastante enigmáticos y suelen permanecer ocultos en la cubierta forestal. En uno de los últimos días de la expedición, sin haber conseguido ver ninguno, el equipo empezó a descender.

Fue entonces cuando el cazador «avistó un canguro a 30 metros de alto», cuenta Smith. «Tras intentar enfocar el objetivo en el animal que sobresalía tras las hojas, saqué unas cuantas instantáneas decentes».

Tim Flannery, de la Universidad de Melbourne, en Australia, que describió cuatro de los canguros arborícolas de Nueva Guinea en los 90 y autor de Tree Kangaroos: A Curious Natural History, describe el hallazgo como un avance maravilloso. «Las imágenes son claras y revelan el color de piel distintivo», afirma, lo que apenas deja lugar a dudas de que se trate de un canguro arborícola de Wondiwoi.

Las montañas de Wondiwoi también están a cientos de kilómetros del hábitat de gran altitud adecuado para los canguros con los que están emparentados, lo que aporta credibilidad al descubrimiento. El canguro arborícola de Wondiwoi tiene un área de distribución muy limitada —de entre 100 y 200 kilómetros cuadrados—, pero los numerosos arañazos y estiércol sugieren «que es bastante común en un área pequeña», añade Flannery.

Una cría de canguro arborícola asoma la cabeza en el marsupio de su madre
Esta cría de canguro arborícola es una señal de esperanza para la especie. Nació a principios de 2018 en el santuario de Healesville en Victoria, Australia. Acaba de asomar la cabeza del marsupio de su madre por primera vez. La cría es un canguro arborícola de Goodfellow, una de las más de doce especies de canguro arborícola. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza considera que la especie se encuentra en peligro de extinción. A diferencia de sus parientes terrestres, los canguros arborícolas de Goodfellow no son ágiles en el suelo. Sin embargo, son hábiles en los árboles. Es el primer nacimiento de un canguro arborícola de Goodfellow en el santuario de Healesville. El santuario está dirigido por la organización de conservación Zoos Victoria. Zoos Victoria es una organización sin ánimo de lucro comprometida a combatir la extinción de la fauna salvaje.

Un futuro incierto

Muchos canguros arborícolas de Nueva Guinea disminuyen por la caza excesiva, la tala, las plantaciones de aceite de palma y la minería, «y es emocionante tener una historia positiva para variar", afirma Roger Martin. «Significa que, si proporcionamos un hábitat a los animales y los dejamos en paz, estarán perfectamente», afirma.

«La razón de que permanecieran ocultos durante tanto tiempo probablemente sea el bosque de bambú», añade Martin. «Solo un intrépido británico en busca de rododendros habría perseverado».

Explica que la principal prioridad es que los científicos vuelvan para recopilar estiércol o un pequeño fragmento de tejido del oído para extraer ADN y compararlo con el ADN de la piel recogida en 1928.

«Saber que [el animal] todavía existe es una gran oportunidad para recopilar más información, ya que apenas tenemos información sobre él, así como garantizar su supervivencia», afirma Eldridge.

Smith espera que el hallazgo lleve a una mayor protección para un parque nacional que comprende las montañas de Wondiwoi. Ya existe una propuesta para una mina de oro en el parque que supondría una amenaza para la singular fauna salvaje de la zona.

«Todo esto demuestra que puedes encontrar cosas interesantes si simplemente sales a buscarlas», afirma Smith. «En vacaciones, durante años, he descubierto todo tipo de objetos arqueológicos y etnográficos. La idea general de que no queda nada interesante que descubrir es errónea».

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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