Estos monos llevan 3000 años en su propia «Edad de Piedra»

Aunque los monos capuchinos no utilizarán herramientas como nosotros en el futuro próximo, la especie «posee su propio registro arqueológico individual», según informan los científicos.martes, 25 de junio de 2019

Para los monos capuchinos del parque nacional de la Sierra de la Capibara, Brasil, el uso de herramientas es una tradición que se remonta a hace milenios: un nuevo estudio determina que estos primates han empleado herramientas de piedra para procesar su comida durante los últimos 3000 años, es decir, que se trata del yacimiento no humano más antiguo documentado fuera de África.

El sitio, descrito hoy en la revista Nature Ecology & Evolution, contiene capas de piedras redondeadas que los capuchinos de la zona emplearon durante años para abrir semillas y frutos secos. Otros yacimientos con herramientas no humanas se han documentado dentro y fuera de África. El más antiguo, un yacimiento de chimpancés en Costa de Marfil, tiene más de 4000 años de antigüedad. Pero las herramientas de la Sierra de la Capibara presentan variaciones a largo plazo, un hito de la arqueología fuera del linaje humano. Allí, las herramientas de piedra varían en tamaño con el tiempo, lo que sugiere que los capuchinos de la zona podrían haber ido adaptando su uso de herramientas para consumir alimentos de dureza variable.

«Lo que resulta interesante sobre la capacidad de llevar a cabo excavaciones arqueológicas en yacimientos con uso de herramientas de primates es que nosotros, como especie, no somos los únicos que poseemos un registro arqueológico detallado», afirma Tomos Proffitt, coautor del estudio e investigador posdoctoral en el University College London. «Esta excavación de capuchinos demuestra que esta especie de primate en Brasil posee su propio registro arqueológico. Tienen su propia antigüedad en el uso de herramientas».

Comprender el uso de herramientas en los capuchinos podría aportar información para revelar los orígenes de la práctica en otros grupos de primates, entre ellos los primeros miembros del linaje humano. Las herramientas de piedra más antiguas documentadas —piedras afiladas y talladas deliberadamente— se remontan a hace 3,3 millones de años y se atribuyen al Australopithecus afarensis o al Kenyathropus platyops, dos especies antiguas de parientes humanos.

Pero antes de que los primeros homínidos tallasen de forma intencionada fragmentos de piedra para utilizarlos como herramientas, se cree que emplearon piedras no modificadas para procesar alimentos, de forma similar a lo que hacen hoy en día los monos capuchinos de la Sierra de la Capibara. Mediante el estudio del uso de herramientas en monos capuchinos, los investigadores pueden hacerse una mejor idea de qué buscar en otros yacimientos más antiguos.

«Siempre me ha emocionado que salgan a la luz nuevas pruebas de la complejidad de la conducta animal», afirma Erin Marie Williams-Hatala, antropóloga evolutiva de la Universidad Chatham que estudia la biomecánica del uso de herramientas primitivo. «Creo que llevamos años —o décadas— distraídos, creando relatos falsos sobre qué nos distingue de otros primates».

Golpes percusivos

Durante mucho tiempo, el uso de herramientas se consideró una actividad intrínsecamente humana, pero décadas de investigación han demostrado que no es cierto. Varias especies de aves blanden palos y ramitas como herramientas. Los chimpancés pueden crear «lanzas» para cazar mamíferos. Los orangutanes han hallado una solución ingeniosa para hidratarse: mastican materia vegetal y la usan como esponja, absorbiendo agua difícil de alcanzar y escurriéndosela en la boca a continuación.

Lo mismo ocurre con los monos capuchinos de la Sierra de la Capibara, que hoy en día siguen abriendo las duras cáscaras de los anacardos con piedras de cuarcita redondeadas, cuyo tamaño oscila desde unos 2,5 centímetros de ancho hasta el tamaño aproximado de un puño humano. Cuando golpean los anacardos contra las rocas —ya sea contra las raíces de los árboles de anacardos o en «yunques» de piedra—, dejan marcas reveladoras, manchas marrones de las cáscaras de los anacardos que evidencian sus golpes percusivos.

Durante siglos, los lugareños y los visitantes de Brasil han contado historias de monos capuchinos que utilizaban herramientas y, durante décadas, los científicos han sabido que los capuchinos podían manejar herramientas en cautividad y en pruebas de laboratorio. Pero no documentaron formalmente este comportamiento en estado salvaje hasta el año 2004.

«Los lugareños lo habían sabido durante mucho tiempo», afirma Tiago Falótico, autor principal del estudio y primatólogo de la Universidad de São Paulo.

Hace casi una década, el equipo de investigación responsable del nuevo estudio se dispuso a excavar yacimientos de la Sierra de la Capibara en un intento de comprobar hasta cuándo se remontaba el uso de herramientas. En 2016, los investigadores revelaron que en un sitio existen pruebas inconfundibles de herramientas de piedra utilizadas por monos capuchinos que se remontan a hace 700 años. Pero no había motivos por los que no pudiera haber materiales más antiguos, de forma que el equipo siguió excavando.

¿Un cambio en la dieta?

Tras cuatro fases de excavación, el equipo había atravesado 3000 años de sedimentos, basándose en la datación por radiocarbono del carbón vegetal hallado en las capas del suelo, y siguen descubriendo herramientas de piedra reveladoras usadas por los monos capuchinos. Lo intrigante es que el equipo de Falótico y Proffitt también observó cambios en el uso de herramientas. Hasta hace unos 560 años, los monos capuchinos del lugar blandían piedras relativamente pequeñas que soportaban los daños de impactos fuertes, una señal de que fallaban a menudo. Los investigadores creen que, por aquel entonces, los monos capuchinos consumían alimentos de menor tamaño.

Desde entonces, los capuchinos de la Sierra de la Capibara han empleado piedras más grandes, lo que significaría que buscan alimentos más duros. Y durante los últimos 300 años aproximadamente, las excavaciones de Falótico demostraron que los monos capuchino han establecido el tamaño de sus herramientas, ahora familiar, que coincide con su estrategia actual de golpear las duras cáscaras de los anacardos.

¿Por qué cambiaron su dieta los monos capuchinos de la zona? Proffitt y Falótico no están del todo seguros. Es posible que vivieran grupos diferentes de monos capuchinos, cada uno con gustos distintos, en esta parte de la Sierra de la Capibara durante milenios. También sería posible que los cambios reflejen sencillamente cambios en la comunidad de plantas del lugar.

Williams-Hatala, que no participó en el estudio, aclara que aún no sabemos a ciencia cierta qué comían los capuchinos antiguos. Las herramientas más antiguas no presentan residuos de anacardos, lo que podría indicar que esos capuchinos no consumían anacardos o que el residuo de los anacardos se descompuso con el paso del tiempo. También añade que la estrategia general de herramientas de los capuchinos —la percusión— no ha cambiado mucho con los años, por lo que advierte de que no se deben sacar demasiadas conclusiones sobre la variación del yacimiento.

«El objeto que está siendo golpeado cambia con el tiempo, pero ¿constituye eso un cambio en la función de las herramientas o una variación conductual? Yo diría que no», afirma.

Proffitt y Falótico tienen más estudios en mente, entre ellos un análisis más amplio de cómo distinguir tipos diferentes de herramientas de piedra no humanas. De esa forma, los investigadores podrán atribuir más fácilmente las herramientas de piedra de yacimientos diferentes a sus fabricantes y comprender los fundamentos evolutivos del uso de herramientas en primates. Al fin y al cabo, no todos los grupos de monos capuchinos utilizan herramientas de piedra, entonces ¿por qué lo hacen los de la Sierra de la Capibara y los de algunos lugares de Panamá?

«¿Qué pasa con la historia evolutiva, la ecología, los sistemas sociales de estas poblaciones de monos capuchinos a los que les separan 38 millones de años [de compartir un ancestro común con los humanos]?», afirma Brendan Barrett, investigador posdoctoral del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva. «Es probable que se trate de una evolución independiente de esto».

Por encima de todo, los investigadores insisten en la amplia variedad del uso de herramientas en primates y en que no es inevitable que los capuchinos avancen como hicieron los ancestros de los humanos. Por ejemplo, a veces los monos capuchinos rompen escamas de roca por accidente al golpear los anacardos, pero nunca se ha observado a ejemplares salvajes empleando dichas escamas como herramientas de corte, un paso fundamental en la evolución humana.

«Si defines “Edad de Piedra” como periodo temporal en el que los individuos emplean piedras como herramientas, los capuchinos tienen su propia Edad de Piedra, no hay problema», afirma Proffitt. «¿Se convertirá esa Edad de Piedra en algo mucho más complejo? No tengo ni idea».

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

Seguir leyendo