Descubren un pterosaurio antártico que se salvó del incendio del Museo Nacional de Brasil

Un hueso ennegrecido figura entre los primeros fósiles del Museo Nacional de Brasil descritos científicamente tras el trágico incendio que devastó las colecciones el año pasado.

Por John Pickrell
Publicado 17 oct 2019, 16:23 CEST
An azhdarchid pterosaur takes flight in Romainia in an illustration. Fossils recovered from the fire-damaged Museu ...

An azhdarchid pterosaur takes flight in Romainia in an illustration. Fossils recovered from the fire-damaged Museu Nacional in Brazil show that flying reptiles from this same group also soared over Antarctica in the late Cretaceous.

Fotografía de Mark Witton

Cuando las llamas arrasaron el palacio que albergaba el Museo Nacional de Brasil en 2018, dañaron millones de artefactos valiosos, entre ellos muchos fósiles de valor incalculable. Pero ahora, un hueso de 70 millones de años recuperado entre los escombros aporta a los científicos un rayo de esperanza.

Junto a un segundo hueso que se encontraba en un edificio que no resultó afectado por el incendio, este fósil representa la primera prueba de que los pterosaurios volaron por los cielos de la Antártida conforme la era de los dinosaurios llegaba a su fin.

«Es fantástico escuchar que al menos una parte de la colección de pterosaurios se ha salvado y está en condiciones lo bastante buenas y con registros suficientes como para seguir aportando información a la ciencia», afirma Mark Witton, experto en pterosaurios de la Universidad de Portsmouth en Reino Unido que no participó en la investigación.

Pterosaurios 101
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El fósil rescatado, extraído en la isla Vega en la península Antártica, pertenecía a un pterosaurio de la familia Azhdarchidae o Pteranodontia. Pero aunque entonces la Antártida era mucho más cálida y estaba cubierta de bosques de coníferas exuberantes que aparentemente eran un hábitat ideal para los pterosaurios, ha costado mucho hallar evidencias de estos reptiles voladores en el continente meridional. Los huesos de pterosaurio poseen paredes muy delgadas y están llenos de embolsamientos de aire, rasgos con los que los reconocen al instante. Sin embargo, también son muy delicados y es improbable que resistan a la prueba del tiempo en forma de fósiles.

Gracias a los huesos recuperados, los paleontólogos han podido exponer argumentos convincentes de la presencia de pterosaurios enormes en la región: se cree que el hueso que sobrevivió al incendio pertenecía a una criatura con una envergadura de casi cinco metros.

«Hay muchos fósiles importantes y otros artículos recuperados del palacio, pero el hueso ennegrecido es el primero que se estudia tras el incendio», cuenta Alexander Kellner, paleontólogo y director del Museo Nacional, que reveló el hallazgo a finales de la semana pasada en una reunión de la Sociedad de Paleontología de Vertebrados en Brisbane, Australia.

«Cualquier historia sobre fósiles o especímenes que hayan sobrevivido es fantástica», comenta Liz Martin-Silverstone, que investiga pterosaurios en la Universidad de Bristol, Reino Unido. «No contrarresta la inmensa tristeza y devastación de todo lo que hemos perdido, pero al menos sabemos que ha sobrevivido algo».

De hielo y fuego

Hasta la fecha, las únicas pruebas de pterosaurios en la Antártida eran el diminuto hueso de la parte superior del brazo de una criatura del tamaño de un cuervo descubierto en los años 90. Ese hueso demostró la presencia de los pterosaurios en las actuales montañas Transantárticas hace unos 190 millones de años, en el Jurásico Inferior.

Los nuevos descubrimientos figuran entre los cientos de fósiles extraídos por un equipo brasileño que visitó la península Antártica en cuatro expediciones entre 2006 y 2019. Kellner explica que esta región del continente, que sobresale hacia Sudamérica, es la única parte de la Antártida a la que la armada brasileña puede llevarlos de forma segura. Con todo, la extracción de fósiles se lleva a cabo en condiciones arduas y muchas veces resulta infructuosa.

«La Antártida es uno de esos lugares donde el clima cambia de forma muy abrupta», cuenta Kellner. «Puede hacer un día precioso y en menos de una hora se convierte en una pesadilla en la que puedes estar confinado durante una semana o más en la tienda de campaña».

El equipo descubrió los primeros restos de pterosaurio en la isla James Ross en 2016: desenterraron dos partes de un hueso del ala de un pterosaurio con una envergadura probable de entre tres y cuatro metros. En 2017 extrajeron el fósil de la isla Vega, que pertenecía a un pterosaurio más grande. Ambos conjuntos de fósiles se remontan al Cretácico Superior, hace 70 u 80 millones de años.

Tras las expediciones, los fósiles se trasladaron a las colecciones del Museo Nacional de Río de Janeiro. Por suerte, al menos la mitad del espécimen de la isla James Ross se encontraba en un laboratorio separado en 2018 y se salvó del fuego, aunque todavía se desconoce la ubicación de la otra mitad.

«Los hallazgos son importantísimos porque hay poco material descrito de la Antártida, sobre todo porque está cubierta de hielo y nieve», explica Adele Pentland, paleontóloga de la Universidad de Swinburne en Melbourne que describió recientemente un pterosaurio australiano del Cretácico Superior.

Un rayo de esperanza

Australia aún estaba conectada a la Antártida por aquel entonces, como último vestigio del supercontinente meridional de Gondwana. Witton afirma que estos nuevos fósiles aumentan un registro muy irregular de ambas regiones, lo que nos ayuda a comprender cuándo y por qué se extinguieron los pterosaurios.

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    “No contrarresta la inmensa tristeza y devastación de todo lo que hemos perdido, pero al menos sabemos que ha sobrevivido algo.”

    por LIZ MARTIN-SILVERSTONE, UNIVERSIDAD DE BRISTOL

    No está claro si los pterosaurios ya estaban disminuyendo en el Cretácico Superior y el impacto del asteroide de Chicxulub les propinó el golpe final hace 66 millones de años o si «fueron un grupo sano y de éxito relativo hasta el final», afirma. Estos nuevos registros de la Antártida indican que los pterosaurios estaban presentes por todo el planeta hacia finales del Cretácico, un indicio que respalda la segunda hipótesis.

    «Estamos hallando muchas pistas de que la situación de los pterosaurios era mejor de lo que creíamos hacia la extinción del final del Mesozoico», explica Witton.

    Con la descripción de los últimos hallazgos, los investigadores esperan obtener financiación para seguir organizando expediciones a la Antártida y desenterrar más pterosaurios que desarrollen el capítulo final de su historia.

    «Ahora que sabemos que estaban allí, es solo cuestión de tiempo que aparezcan más especímenes», afirma Kellner.

    Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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