El «dragón helado», el nuevo pterosaurio oculto a plena vista

Este reptil volador era todo cabeza y cuello y tenía una envergadura alar de al menos cinco metros, o incluso superior.jueves, 12 de septiembre de 2019

Un nuevo estudio publicado en Journal of Vertebrate Paleontology describe un nuevo pterosaurio llamado Cryodrakon boreas, el «dragón helado de los vientos del norte». El reptil volador tenía una envergadura alar de al menos cinco metros y podría haber alcanzado una envergadura alar de hasta diez metros, el tamaño de su pariente Quetzalcoatlus northropi.
Un nuevo estudio publicado en Journal of Vertebrate Paleontology describe un nuevo pterosaurio llamado Cryodrakon boreas, el «dragón helado de los vientos del norte». El reptil volador tenía una envergadura alar de al menos cinco metros y podría haber alcanzado una envergadura alar de hasta diez metros, el tamaño de su pariente Quetzalcoatlus northropi.
foto por Illustration by David Maas

En las gélidas tierras baldías de Alberta, un equipo de paleontólogos ha descubierto un «dragón helado»: un nuevo género de pterosaurio que volaba sobre las cabezas de los dinosaurios con una envergadura alar de, como mínimo, cinco metros. El reptil volador —de nombre científico Cryodrakon boreas— vivió en el actual noroeste de Canadá hace unos 76 millones de años, durante el Cretácico.

«Cuando estaba vivo, el animal no habría sido un dragón helado», indica el coautor del estudio, Mike Habib, paleontólogo de la Universidad del Sur de California. «Habría sobrevolado un paisaje razonablemente templado... pero mucho más cálido de lo que es ahora la región central de Alberta».

Los huesos del pterosaurio se habían descubierto hace casi tres décadas, pero ahora se ha confirmado que se trata de un género diferente en un estudio publicado en la revista Journal of Vertebrate Paleontology.

«Para mí, como canadiense que también trabaja con pterosaurios, mola bastante tener el nombre de un animal que lleva un tiempo dando vueltas», afirma la paleontóloga Liz Martin-Silverstone, investigadora adjunta de la Universidad de Bristol que no participó en el estudio.

Pterosaurios 101
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Durante mucho tiempo, se asumió que los fósiles pertenecían a un pterosaurio llamado Quetzalcoatlus northropi, según cuenta el coautor del estudio, Dave Hone, paleontólogo de la Universidad Queen Mary, en Londres. Ambos animales pertenecen al grupo de los azdárquidos, unos pterosaurios célebres por ser todo cuello y cabeza.

Los azdárquidos también alcanzaban tamaños inmensos, aunque ninguno tanto como el Quetzalcoatlus. Cuando sobrevolaba la actual Texas, la envergadura alar de esta criatura superaba los diez metros. Cuando caminaba sobre el suelo, algo que solían hacer los azdárquidos, medía más de 2,4 metros hasta el hombro, casi la misma altura que algunas jirafas.

El descubrimiento del Cryodrakon apunta a que Norteamérica albergaba al menos dos géneros de grandes azdárquidos, lo que expande el conocimiento de la diversidad antigua y de cómo se ganaban la vida las criaturas voladoras más grandes del mundo.

Pterosaurios complejos

El esqueleto parcial que define al Cryodrakon se extrajo en el parque provincial de los Dinosaurios de Canadá en 1992. Pero su identidad fue una incógnita durante décadas por una paradoja paleontológica: el Quetzalcoatlus es quizá el azdárquido mejor y peor conocido al mismo tiempo.

Aunque el Q. northropi se describió en 1975, solo se valoró en detalle un hueso de sus extremidades; los científicos que supervisaron los restos del gigante nunca llegaron a publicar el resto. Durante 40 años, el paleontólogo Wann Langston trabajó para completar la descripción, pero falleció en 2013, dejando la investigación inacabada. Actualmente, un equipo internacional está intentando terminar su trabajo.

Mientras tanto, los paleontólogos norteamericanos se habían quedado en un callejón sin salida. Si hallaban fragmentos de un gran azdárquido del Cretácico, los asignaban provisionalmente al Quetzalcoatlus, ya que la información sobre el Quetzalcoatlus era insuficiente como para sacar una conclusión distinta.

«Estamos en una situación rara en la que el Quetzalcoatlus es el primer azdárquido nombrado, así que se convierte en la definición del [grupo], pero no tiene ninguna buena descripción», afirma Hone, que describe la situación como «un bucle gigante de ser incapaz de resolver el problema de forma adecuada».

Dos avances fundamentales ofrecen una salida de este tiovivo en el que se encuentra el Quetzalcoatlus. En los últimos 15 años, los paleontólogos han hallado más tipos de azdárquidos en FranciaMarruecosKazajistánHungríaRumanía, entre otros países, lo que aporta una mejor referencia de la diversidad de este grupo de pterosaurios. Además, un pequeño grupo de investigadores ha tenido la oportunidad de observar de cerca los fósiles del Quetzalcoatlus, entre ellos Habib, que midió los huesos para crear un modelo del vuelo de la criatura.

Para compararlos, Habib visitó el Museo Royal Tyrrell canadiense. Su propósito era analizar el esqueleto parcial de un pterosaurio excavado en 1992, cuya extremidad es una de las mejor conservadas del mundo.

Los restos eran famosos por sus cicatrices: los huesos tienen arañazos y un diente incrustado que parece pertenecer a un carroñero, probablemente un pariente del Velociraptor. Pero Habib enseguida observó rasgos más intrigantes. Cuanto más comparaba sus mediciones del Quetzalcoatlus con el fósil canadiense, más sospechaba que no se trataba de un Quetzalcoatlus.

Juego de huesos

Como los restos canadienses forman un esqueleto parcial, el colega de Habib, Hone, contaba con material suficiente como para colocar al pterosaurio en el árbol familiar de los azdárquidos. Más adelante, analizó las vértebras del cuello, cuyos extremos están atravesados por neumatóforos, los agujeros por los que los sacos de aire penetraron en el hueso.

La disposición de estos neumatóforos puede ayudar a los científicos a diferenciar las especies de pterosaurios. Y cuando Habib, Hone y François Therrien, paleontólogo del Museo Royal Tyrrell, compararon los agujeros de las vértebras del cuello del pterosaurio canadiense con las de otros azdárquidos conocidos, descubrieron que su disposición era única.

Como reconocimiento al clima moderno en la región que habitó este pterosaurio, lo bautizaron Cryodrakon boreas, o «dragón helado de los vientos del norte». Habib, a quien le encanta la serie Juego de tronos, también había sugerido el nombre Cryodrakon viserion, una referencia a uno de los dragones de la serie, en parte por haber surgido del hielo y en parte porque el animal podría haber alcanzado proporciones monstruosas.

La principal referencia fósil del Cryodrakon pertenecía a un pterosaurio con una envergadura aproximada de cinco metros. Pero los investigadores se dieron cuenta que otro fósil del Museo Royal Tyrrell —un tubo de hueso destrozado de 40,6 centímetros de largo— era la sección media de una vértebra del cuello de un azdárquido que probablemente tenía una envergadura alar de más de nueve metros.

La vértebra, cuyos extremos estaban rotos, no se había identificado: los paleontólogos habían llegado a describirla como un hueso de la pata. Como el fósil es fragmentario, no se puede determinar a ciencia cierta que pertenezca al Cryodrakon, pero no cabe duda de que la vértebra del cuello pertenece a un azdárquido, y actualmente el Cryodrakon es el único azdárquido conocido de ese lugar y época.

«En esta formación hay un azdárquido con una envergadura de entre nueve y diez metros; no podemos afirmar al cien por cien si era o no el mismo que hemos descrito», afirma Hone. «Es como si fuera de África descubrieras el diente de un felino gigante; es probable que se trate de un león muy grande, pero sin tener el resto del león, es solo un diente».

Martin-Silverstone coincide con este enfoque prudente: «Creo que tienen razón en que es la vértebra [del cuello] de un azdárquido. He observado el espécimen y estoy completamente de acuerdo de que es eso», afirma. «Pero soy mucho más conservadora a la hora de afirmar que se trata de un Cryodrakon, porque no hay ningún rasgo [que lo indique]».

Los futuros análisis del Cryodrakon podrían ayudar a resolver el misterio y aportar más pistas sobre el estilo de vida de este gran pterosaurio. Por su parte, Habib quiere emplear las mediciones de la extremidad para calcular cómo volaba, el proyecto con el que empezó y que reveló la existencia de este dragón helado.

Estudios posteriores podrían analizar también el interior de los huesos del pterosaurio. Taissa Rodrigues, paleontóloga de la Universidade Federal do Espírito Santo, Brasil, y que no participó en el estudio, afirma que extraer secciones finas de los huesos del Cryodrakon podría revelar el desarrollo del pterosaurio de cría a adulto. Añade que los futuros fósiles podrían probar si el tamaño del Cryodrakon variaba según el sexo.

«Resulta asombroso ver lo lejos que hemos llegado», afirma.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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