La muerte en masa de animales marinos en Rusia podría amenazar a las nutrias marinas y a otras especies vulnerables

La aniquilación de animales bentónicos podría tener efectos en cadena devastadores. Se cree que la causa ha sido una proliferación algal sin precedentes.

Por Alec Luhn
Publicado 19 oct 2020, 13:45 CEST

Una foca manchada muerta apareció varada en la playa de Khalaktyrskiy, en el Extremo Oriente ruso, junto a montones de cadáveres de erizos de mar, estrellas de mar y otros seres bentónicos.

Fotografía de Alexandr Piragis, Sputnik, via Ap

El 14 de septiembre fue un raro día soleado en la playa de Khalaktyrskiy. El viento que soplaba hacia el mal azuzaba las olas y, a 12 grados centígrados, el agua estaba más caliente que el aire. Eran las condiciones ideales para practicar surf, al menos según los estándares de la «tierra del fuego y el hielo», la península rusa de Kamchatka, en el extremo oriental del país.

Pero media hora después de que Katya Dyba, directora de Snowave, una escuela de surf local en el Pacífico, saliera del agua, su visión empezó a volverse borrosa y empezó a dolerle la garganta. Uno de sus colegas no era capaz de abrir los ojos.

Primero, los surfistas culparon al resplandor del sol o a los embates del viento. Sin embargo, cuando empezaron a sufrir náuseas, vómitos, diarrea y fiebre en los días posteriores, se dieron cuenta que el veneno estaba en el propio océano. En total, 16 personas acabaron en el hospital; varias sufrían quemaduras en la córnea.

Mientras tanto, montones de cadáveres de erizos y estrellas de mar se acumulaban en el litoral oriental de Kamchatka. La gente que visitaba la playa cogía pulpos rojos sin vida por los tentáculos. Una franja de espuma amarillenta y fétida de decenas de metros de ancho y varios kilómetros de largo flotaba por la costa. Los buzos estimaron que, en algunos lugares, había perecido un 95 por ciento de los organismos bentónicos, los que viven en el fondo marino.

«Mi reacción fue un desconcierto absoluto, porque estábamos acostumbrados a que el agua de la playa de Khalaktyrskiy siempre estuviera muy limpia y nunca había ocurrido nada como esto», cuenta Dyba, que aún sufre sequedad ocular un mes más tarde.

El problema se ha extendido hacia el sudoeste, por la península y por la cadena trófica: esta semana han encontrado miles de peces muertos, la mayoría de los cuales se alimentan en el fondo, en el litoral occidental de Kamchatka y varios osos pardos sufrieron intoxicación alimentaria grave tras comérselos, un ejemplo de los efectos en cadena que podría provocar esta muerte masiva de especies marinas.

Aunque en un principio muchos sospecharon de la contaminación, ahora los científicos dicen que es probable que las muertes fueran provocadas por una proliferación algal. Esto plantea dudas más preocupantes sobre cómo afecta el cambio climático a uno de los entornos marinos más biodiversos del planeta, hogar de especies en peligro de extinción como la trucha arcoíris y la nutria marina.

«No esperábamos que la superficie de la proliferación algal [fuera] tan masiva», afirma Kirill Vinnikov, biólogo marino de la Universidad Federal del Extremo Oriente. «Es un caso sin precedentes».

«Toda la zona costera está afectada»

Kamchatka, que se encuentra en la costa pacífica de Rusia, alberga la mayor concentración de volcanes activos del planeta. Desde estos campos de lava y glaciares, los ríos desembocan en amplias marismas y forman el frezadero (o lugar de desove) perfecto para seis especies de salmón, que a su vez proporcionan sustento a los osos pardos, las focas manchadas, las orcas y las poblaciones menguantes de pigargos gigantes y lobos marinos de Steller. Los salmones, las ballenas grises y las ballenas francas en peligro crítico de extinción suelen alimentarse de zooplancton en la corriente de Kamchatka, rica en nutrientes.

Aunque Kamchatka y salmones son sinónimos, también alberga una gran variedad de peces, moluscos, anémonas, estrellas de mar y erizos de mar bentónicos que sustentan a mamíferos como morsas y nutrias. Han muerto grandes cantidades de estos organismos del fondo, incapaces de nadar y alejarse de aguas contaminadas.

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    La espuma amarilla llega a la orilla de la playa de Khalaktyrskiy. En un principio, las autoridades locales sospecharon de una fuga de productos químicos o de petróleo, pero ahora las pruebas apuntan a una proliferación masiva de algas tóxicas.

    Fotografía de Alexandr Piragis, Sputnik, via Ap

    «Un elemento vital de este ecosistema se ha desmoronado de repente», cuenta Vasily Yablokov, gestor de proyectos climáticos de Greenpeace en Rusia, que ha tomado muestras en Kamchatka.

    Aunque los científicos enseguida descartaron la actividad volcánica como causa de la muerte masiva de seres marinos, las muestras tomadas en la playa de Khalaktyrskiy desvelaron que los niveles de fenol, hierro, productos petrolíferos, iones de fosfato y mercurio superaban con creces a los normales. Pero ninguna de estas concentraciones ni las aguas residuales vertidas por un barco que pasaba por la zona el 23 de septiembre eran lo bastante grandes como para explicar esta muerte generalizada. Las autoridades también descartaron las fugas de un vertedero de plaguicidas cercano y un sitio de pruebas militares.

    La semana pasada, los científicos sobrevolaron la costa en busca de pruebas. Observaron franjas de agua amarilla, verde y roja que apuntaban a una proliferación de algas. Este fitoplancton microscópico produce hasta la mitad del oxígeno del mundo, pero determinadas especies pueden descontrolarse cuando los nutrientes de la escorrentía las «sobrealimentan» o las temperaturas del agua aumentan. En estos casos, emiten toxinas y agotan los niveles de oxígeno en el agua al morir y empiezan a descomponerse en el fondo marino. Vinnikov señala que esto podría explicar la mortalidad elevada entre los organismos bentónicos de Kamchatka.

    «Volamos 100 kilómetros al sur de Kamchatka y observamos este tipo de decoloración del agua a lo largo de casi toda la zona costera», afirma. «Toda la zona costera está afectada».

    Más adelante, las muestras de agua y sedimento revelaron ADN de varias especies de algas Gymnodinium, cuyas toxinas irritan la nariz y la garganta humanas. Aunque las concentraciones no eran elevadas, las imágenes por satélite de finales de septiembre también desvelaron que la cantidad de clorofila —el pigmento fotosintético en plantas y algas— en la bahía de Avacha, en la zona sudoriental de la península, era el doble que la media mensual, según Raphael Kudela de la Universidad de California, Santa Cruz.

    Marea roja, alerta roja

    Las proliferaciones algales no son infrecuentes en Kamchatka. Sin embargo, este supuesto fenómeno ha sido más extenso y prolongado que cualquier otro en la historia reciente, según señala Vinnikov.

    Junto a los invertebrados, en la orilla también han aparecido salmones muertos, que son la base de la cadena trófica y la economía local. En esta época del año, los salmones plateados o coho entran del océano y nadan aguas arriba para desovar, y podrían atravesar la marea roja.

    «Es probable que los peces que nadan en esa zona en el momento de la proliferación, si es lo bastante grande, se vean afectados y posiblemente mueran por la exposición a una toxina tan intensa», afirma Don Anderson, científico de Woods Hole. Pero añade que la mezcla de los océanos podría limpiar enseguida la contaminación del agua.

    Los peces, el zooplancton y los organismos bentónicos del fondo de la cadena trófica pueden transmitir las toxinas algales a depredadores como morsas y ballenas, o simplemente privar a los depredadores de alimento cuando hay muertes masivas por el agotamiento del oxígeno.

    Hasta la fecha, han muerto muchos más erizos de mar que peces, lo que suscita preocupación por la supervivencia de la nutria marina, para la que los erizos de mar son un alimento básico. Tras la descomposición de la Unión Soviética, la península quedó abierta a la pesca intensiva y la población de nutrias se desplomó de miles a las 200 que viven actualmente en el sur de Kamchatka. La disminución de los erizos de mar podría «afectar de forma muy negativa a la población de esta especie», afirma Vladimir Burkanov, científico jefe de la rama de Kamchatka del Instituto Geográfico del Pacífico, con sede en Vladivostok, porque las nutrias marinas son menos propensas que otros mamíferos marinos a viajar en busca de comida.

    Según Anderson, las autoridades de Kamchatka deberían seguir investigando las señales de contaminación química, que podría haber aportado los nutrientes que desencadenaron la supuesta proliferación de algas. Abordar la contaminación sería una solución más fácil e inmediata que tratar de mitigar la causa primaria responsable de un aumento esperado de las mareas rojas a escala mundial: el cambio climático.

    Aunque el Ártico es cada vez más vulnerable a las proliferaciones de algas, aún no hay datos suficientes para saber si ocurre lo mismo en Kamchatka. «En sentido general, unas aguas más cálidas provocan más proliferaciones algales intensas, pero es muy complicado», afirma Anderson. «Las aguas más cálidas podrían alejar a algunas especies [de algas] de la zona y desplazar su área de distribución al norte».

    Ahora, los científicos instan a una mayor supervisión de la calidad del agua en Kamchatka después de lo que Burkanov describe como «una marea roja y una alerta roja».

    «Si realmente es una marea roja de una escala nunca vista, entonces es una alerta real», afirma. «Y eso es aún peor que la contaminación local provocada por algunos productos químicos».

    Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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