Los primates amenazados corren un alto riesgo de contraer la COVID-19

Un nuevo estudio prevé que especies en peligro de extinción como los orangutanes de Sumatra y los gorilas occidentales de llanura podrían contraer el coronavirus con más facilidad.

Por Paul Nicolaus
Publicado 24 nov 2020 11:30 CET
Un orangután de Sumatra con su cría

Un orangután de Sumatra sostiene la mano de su cría en el parque nacional de Gunung Leuser, en Indonesia.

Fotografía de Cyril Ruoso, Nature Picture Library

Mientras la pandemia de coronavirus sigue causando estragos en todo el planeta, gran parte de la atención se centra en el aumento de las víctimas humanas, que ya han superado el millón. Con todo, los expertos advierten que el SARS-CoV-2, el nuevo coronavirus que provoca la COVID-19, también supone una amenaza para algunos de nuestros parientes vivos más cercanos del reino animal.

Un reciente análisis de más de 400 especies de vertebrados, como aves, peces, anfibios, reptiles y mamíferos, predice que las especies de primates en peligro crítico de extinción como el gibón de mejillas blancas del norte, el orangután de Sumatra y el gorila occidental de llanura —así como los chimpancés y los bonobos amenazados— son particularmente vulnerables a la infección debido a sus similitudes genéticas con los humanos.

Harris Lewin, el líder del estudio, se dispuso a identificar animales que pudieran ser anfitriones del coronavirus. Se cree que el ancestro del SARS-CoV-2 surgió en una especie de murciélago autóctona de China y podría haber infectado a otra especie animal (o a más) antes de saltar a los humanos. Pero conforme avanzaba su investigación, los datos empezaron a revelar que los humanos podrían ser un vector y contagiar la enfermedad a animales salvajes.

«La posibilidad de un brote de una enfermedad como la COVID en poblaciones cautivas o salvajes de primates amenazados es muy alta», afirma Lewin, profesor distinguido de ecología y evolución en la Universidad de California, Davis. Esto es de especial preocupación para animales raros en entornos de cautividad, como los ocho leones y tigres infectados en el Zoo del Bronx, en Nueva York. Lewin señala que es probable que contrajeran el virus de sus cuidadores humanos.

Los humanos infectados podrían transmitir el virus en partes del mundo donde los animales salvajes se acercan mucho a las personas, como en algunas partes de África, advierte Lewin.

Como base de su estudio, Lewin y su equipo analizaron más detenidamente la evolución y la estructura del receptor de proteínas ECA2, al que se fija el coronavirus para después entrar en las células humanas. Estudiaron la proteína en cientos de especies de vertebrados y determinaron los riesgos relativos de contraer el virus en cada una.

Los investigadores examinaron el tipo y el número de cambios en 25 posiciones clave del receptor ECA2 y crearon un sistema de clasificación por categorías que oscilaba de muy alto riesgo a muy bajo riesgo según las similitudes y diferencias halladas en esas posiciones. Se cree que los animales en los que las 25 posiciones coincidían con la proteína humana son los más susceptibles. Por otra parte, aquellos considerados de muy bajo riesgo tienen receptores ECA2 que son muy diferentes de los humanos.

De las 103 especies clasificadas como de riesgo muy alto, alto o medio, el 40 por ciento figura en la categoría de especies amenazadas de la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, según el estudio, publicado recientemente en Proceedings of the National Academy of Sciences.

Los 18 animales de muy alto riesgo son primates del Viejo Mundo y grandes simios. Con todo, algunas especies en peligro de extinción de alto riesgo —como el baiji, un delfín de agua dulce, el ciervo del padre David y la marsopa lisa— sorprendieron a los investigadores, ya que son parientes lejanos de los humanos.

Menos letal

Los investigadores advirtieron que no se debe interpretar sus resultados de forma exagerada y apuntan que hay que confirmar el riesgo real con datos experimentales. Tampoco puede descartarse la posibilidad de que pueda producirse la infección por una vía celular distinta a la ECA2, ya que el virus puede entrar en el cuerpo de más de una forma, señala Lewin.

Aunque en teoría varias especies son susceptibles a contraer el virus, por ahora solo se han infectado unos cuantos animales cautivos —perros y gatos domésticos, leones, tigres y visones—, indica Dalen W. Agnew, profesor del Departamento de Patobiología e Investigación Diagnóstica de la Universidad del Estado de Míchigan.

En entornos experimentales, los macacos Rhesus, los macacos cangrejeros y los cercopitecos verdes contrajeron el virus, pero la mayoría mostró una enfermedad clínica relativamente leve, según un estudio reciente. Estudios similares han demostrado que los hurones domésticos tienen síntomas leves o no detectables de la enfermedad, los murciélagos egipcios de la fruta no muestran síntomas y los hámsteres sirios tienen una enfermedad leve o moderada.

Aunque el virus no parece tan mortal en animales como en humanos, el coautor del estudio Klaus-Peter Koepfli, investigador adjunto del Instituto de Biología de Conservación del Smithsonian, señala que los visones pueden morir por contraer el SARS-CoV-2.

Señala que ahora mismo no disponemos de información suficiente para comprender por qué el virus puede provocar más mortalidad en algunas especies que en otras. (Buddy, el primer caso confirmado de coronavirus en un perro, murió pocos meses después de su diagnóstico, aunque se desconoce la causa exacta.)

No hay pruebas de que el coronavirus esté propagándose a o dentro de poblaciones de animales salvajes. Con todo, algunos indican que es improbable que seamos conscientes de todas las infecciones, del mismo modo que muchos casos humanos han pasado desapercibidos durante la pandemia.

Es difícil determinar hasta qué punto está propagándose el virus en animales, explica Andrew Bowman, profesor adjunto del Departamento de Medicina Preventiva Veterinaria de la Universidad del Estado de Ohio. «Sin duda es algo a lo que prestar atención», dice, sobre todo en las poblaciones vulnerables o aquellas en la interfaz humano-animal.

Prevenir la propagación

Nuestros parientes animales más cercanos no solo son más susceptibles por la genética: como nosotros, su comportamiento social también los pone en peligro.

Buscando gorilas con Ronan Donovan

Koepfli indica que un animal de especial preocupación es el gorila oriental de África, de los que quedan menos de 5000 divididos en pequeñas poblaciones y subespecies, entre ellos el conocido gorila de montaña. Añade que, si estos grandes simios, que viven en grupos familiares unidos, se infectan y fallecen en tasas similares a las humanas, podría poner en mayor peligro a los animales.

Debido a las ramificaciones, tanto Koepfli como Lewin subrayan la importancia de las medidas preventivas. En entornos como los parques nacionales, deberían hacer pruebas regulares a los trabajadores, ya que cualquier contacto podría iniciar una pandemia en especies de primates del Viejo Mundo. También es crucial que los zoos sigan cumpliendo sus robustos planes de gestión para prevenir el contagio de cuidadores a animales.

«Quizá hayamos tenido suerte por que el virus saltara a los tigres, porque si hubiera saltado a los primates, los resultados podrían haber sido muy diferentes y posiblemente devastadores para los primates del Viejo Mundo en cautividad en el Zoo del Bronx», afirma Lewin.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.
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