Descubren el fósil de un tiburón con «alas» de manta

El fósil de 95 millones de años hace que los paleontólogos se pregunten si los cuerpos de otros tiburones antiguos también podrían haber tenido formas peculiares.

Publicado 22 mar 2021 13:10 CET
Reconstrucción del Aquilolamna milarcae

Una nueva especie marina descrita recientemente, descubierta en estratos de roca de 95 millones de años en Vallecillo, México, se parece a un tiburón con aletas anchas que utilizaba para deslizarse en el agua como una manta.

Fotografía de Oscar Sanisidro (ilustrador)

La idea de un tiburón con los rasgos de una manta puede parecer sacada de una película de ciencia ficción de bajo presupuesto. Con todo, un equipo de paleontólogos ha documentado una criatura con ese aspecto en rocas del Cretácico en México. Este extraño tiburón combina un cuerpo aerodinámico con aletas amplias que parecen alas, una antigua criatura sin parangón en el registro fósil.

En 2012, un trabajador desconocido de una cantera descubrió un conjunto de huesos extraños en estratos de roca de 95 millones de años cerca de Vallecillo, México, cuenta Romain Vullo, paleontólogo del Museo Estatal de Karlsruhe, en Alemania. El fósil llamó la atención del paleontólogo local Margarito González González, que lo recogió y lo preparó retirando la roca del esqueleto preservado. Las fotografías del tiburón empezaron a causar revuelto en conferencias de paleontólogos y el espécimen se describió en un estudio publicado en la revista Science.

El fósil de dos metros de largo, llamado Aquilolamna milarcae, representa una especie de tiburón que se alimentaba por filtración que no se parece a ninguna conocida. «Lo primero que pensé al ver el fósil fue que esa morfología única era totalmente nueva y desconocida en tiburones», afirma Vullo, autor principal del estudio. Por lo general, los fósiles de tiburón se identifican por sus dientes y por algún que otro fragmento de la columna vertebral. Descubrir un esqueleto completo, y uno tan extraño, ofrece una oportunidad rara para estudiar la anatomía de este antiguo nadador.

Este fósil de una criatura marina del Cretácico es uno de los ejemplos más antiguos de un animal que se movía utilizando el «vuelo submarino», como las mantas modernas.

Fotografía de Wolfgang Stinnesbeck

Aunque no se han descubierto dientes del Aquilolamna, Vullo y sus colegas proponen que pertenece a la misma familia de tiburones que el tiburón blanco, el mako y el peregrino. Con todo, la cabeza ancha y larga y las aletas parecidas a alas sugieren que no era un cazador. Es más probable que el Aquilolamna se alimentara por filtración, abriendo la boca para cribar el plancton y otros organismos pequeños en el agua.

Una rareza prehistórica

El Aquilolamna parece combinar características de tiburones y mantas; estas últimas no evolucionaron hasta millones de años después. El cuerpo del Aquilolamna es largo y tubular, similar al de muchos tiburones que surcan los mares hoy en día. Pero las aletas pectorales expandidas recuerdan a las mantas mobula, que forman amplias alas submarinas.

Esto convertiría al Aquilolamna en uno de los animales más antiguos conocidos que se desplazaban mediante el «vuelo submarino», moviendo lentamente las aletas de forma similar a las mantas vivas. «El Aquilolamna podría haber nadado relativamente despacio con movimientos leves de la aleta caudal [de la cola] y las largas aletas pectorales actuaban principalmente como estabilizadoras», afirma Vullo.

Este tipo de diseño corporal es imprevisto en tiburones, afirma Kenshu Shimada, profesor de paleobiología en la Universidad DePaul en Chicago. Los tiburones más antiguos, previos a la época de los dinosaurios, tenían una gran variedad de formas diferentes, pero se cree que para el Cretácico sus formas evolucionaron, pareciéndose mucho más a las modernas.

El Aquilolamna podría evidenciar que siguió existiendo una gran variedad de tiburones extraños durante más tiempo de lo pensado. «La forma corporal y la alimentación por filtración propuestas en el nuevo estudio son bastante convincentes», afirma Shimada.

¿Un tiburón u otro animal? 

Con todo, no todos los expertos están convencidos de que esta nueva criatura fuera un tiburón similar a una manta. «Estos autores describen muchas características insólitas y tengo ciertas reservas sobre algunas de sus interpretaciones, así que me encantaría ver más investigaciones de este fósil nuevo e impresionante», afirma Allison Bronson, paleontóloga de la Universidad Estatal Humboldt en California.

Aunque en el nuevo estudio se mencionan improntas de la piel del Aquilolamna, no se muestran con un detalle suficiente para que los expertos externos determinen si el tejido es piel fosilizada o algún otro material que parece piel, como una estera microbiana. Aunque es probable que este pez se alimentara filtrando plancton u otros organismos pequeños en la columna de agua, podría haber tenido dientes diminutos y puntiagudos similares a los de los tiburones modernos que se alimentan por filtración, como el tiburón peregrino y el boquiancho. Estos dientes pueden utilizarse para determinar las relaciones evolutivas de estos tiburones, pero no se halló ninguno con el nuevo fósil.

«Es muy desafortunado que no se preservaran dientes con el espécimen, que podrían haber permitido que los investigadores determinaran la afinidad taxonómica exacta del nuevo tiburón», afirma Shimada.

Es probable que la idea de que este animal era un tiburón y se alimentaba por filtración deba ser confirmada por futuros hallazgos y análisis. Si esta interpretación es correcta, el Aquilolamna comía plancton en el mar mucho antes de que sus parientes modernos evolucionaran para hacer lo mismo. Quizá este tiburón represente una forma específica de alimentarse por filtración que evolucionó antes de la extinción en masa al final del Cretácico que mató a casi el 75 por ciento de todas las especies marinas. Otras especies que se alimentan de este modo, como los ancestros del tiburón peregrino, el tiburón ballena y el tiburón boquiancho, evolucionaron después de que los océanos del planeta se recuperaran.

Si el Aquilolamna fuera realmente un pariente extraño del tiburón peregrino, es probable que hubiera tiburones o criaturas marinas incluso más raras que aún están por descubrir. «El registro fósil de tiburones y rayas es bueno» en lo referente a los periodos temporales que abarca, dice Vullo, pero «la forma del cuerpo de muchas especies extintas sigue siendo enigmática». Quizá algunos de los dientes que los paleontólogos ya han encontrado pertenecían a animales con formas extrañas.

Incluso el famoso tiburón gigante Otodus megalodon se ha descrito solo a partir de dientes y vértebras —megalodon significa «diente grande» en griego—, por eso hay varias interpretaciones del posible aspecto del animal. Los fósiles excepcionales, como el del Aquilolamna, sugieren que muchos tiburones fosilizados podrían haber sido mucho más raros de lo previsto.

«Cuando tenemos la oportunidad de descubrir esqueletos completos en localidades como Vellecillo, pueden darnos algunas sorpresas», dice Vullo.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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