Observan numerosos tiburones de aguas profundas en un archipiélago remoto

Durante una expedición de OceanX, un equipo de científicos ha conseguido una perspectiva sin precedentes de las vidas de las misteriosas cañabotas grises, depredadores apicales que pueden llegar a medir seis metros de largo.

Publicado 14 jun. 2021 12:15 CEST
Submarino científico

Un submarino científico sale a la superficie tras sumergirse para investigar a las cañabotas grises el 6 de junio de 2021.

Fotografía de Mario Tadinac

Un tornado de jureles plateados y ochavos naranjas se arremolina alrededor del vehículo sumergible mientras se asienta en el fondo marino, a 235 metros de profundidad en el archipiélago de las Azores.

En su interior, los científicos marinos Jorge Fontes y Melissa Cristina Márquez, así como el piloto Lee Frey, aguardan pacientemente charlando y comiendo chocolate. Entre este torrente de peces, esperan vislumbrar al mayor depredador de aguas profundas: la cañabota gris.

A continuación, para su deleite, surge una enorme figura de entre la oscuridad y se acerca al sumergible: una hembra de 5,5 metros, el primer avistamiento de la expedición.

Las cañabotas grises, de las que existen tres especies en todo el mundo, son únicas. Tienen seis branquias en lugar de las clásicas cinco. Las criaturas antiguas —que tienen piel marrón olvida, aletas dorsales diminutas y ojos inquietantes de color esmeralda— apenas han cambiado desde que compartieron el planeta con el T. rex y otros dinosaurios.

Etiquetan a un tiburón desde un submarino por primera vez en la historia
Durante el último año, un equipo de investigación ha desarrollado una nueva estrategia para estudiar a la cañabota gris, una especie casi amenazada, en aguas profundas.

Por intrigantes que sean, los científicos todavía saben muy poco sobre estos depredadores apicales de aguas profundas. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza clasifica a la cañabota gris como especie casi amenazada, aunque los datos son extremadamente escasos. Esto se debe en gran medida al hecho de que estudiar a estos tiburones no es fácil: los científicos pueden capturarlos con redes y anzuelos y sacarlos a la superficie, pero la experiencia puede resultar traumática para los animales.

Pero en 2019, científicos de la Universidad Estatal de Florida, el Museo de Historia Natural de Florida, el Cape Eleuthera Institute y OceanX —una iniciativa de exploración marina fundada por Ray Dalio y su hijo Mark Dalio— descubrió una forma mejor de estudiar a estos tiburones: etiquetándolos allí donde viven, a decenas de metros bajo la superficie. OceanX proporcionó un sumergible equipado con un par de arpones modificados para inyectar una etiqueta de rastreo por satélite en la gruesa piel de los tiburones. Tras mucha prueba y error, el equipo fijó una etiqueta a una cañabota gris en las Bahamas.

El éxito de la expedición de las Bahamas fortaleció la investigación sobre las cañabotas. El 3 de junio, un equipo de OceanX a bordo de un buque oceanográfico, OceanXplorer, se embarcó en una expedición a las Azores, en el Atlántico norte, en colaboración con científicos locales para fijar etiquetas de rastreo por satélite y cámaras a la gran población de cañabotas grises que viven entre los cañones y montes submarinos que rodean las islas.

«Realmente solo hemos arañado la superficie de lo que sabemos sobre las cañabotas grises», afirma Márquez, biólogo marino de la Universidad Curtin de Australia Occidental. «Así que fijar [más etiquetas en las Azores] va a arrojar algo de luz sobre estos animales que dominan esta parte de nuestros océanos».

Y hasta la fecha, la expedición ha observado más cañabotas grises de las previstas, señala Fontes.

«Antes, cuando pescábamos a estos animales para colocarles etiquetas, básicamente teníamos uno o dos animales por noche, pero aquí tenemos 10 u 11 encuentros por noche», cuenta. «Esto sugiere que este ecosistema específico es sano».

Las herramientas adecuadas para el trabajo

Para rastrear a las cañabotas, los científicos a bordo del OceanXplorer —un antiguo buque auxiliar de perforación petrolífera de 87 metros de largo— tenían a su disposición dos submarinos, un vehículo operado de forma remota y un barco oceanográfico con equipo que puede escanear la columna de agua y cartografiar el fondo marino.

El objetivo de la expedición, de una semana de duración, es colocar dos tipos de etiquetas al mayor número posible de cañabotas grises. Una de ellas es una etiqueta de rastreo por satélite con una vida útil de nueve meses que documentará los movimientos verticales del tiburón y la otra es una etiqueta con cámara que no solo puede grabar al tiburón durante un periodo de ocho a doce horas, sino también rastrear su ubicación, velocidad, profundidad y temperatura circundante.

Ambas etiquetas se fijarán a las puntas de los arpones montados en la parte delantera del sumergible científico. Como las cañabotas grises tienen una piel muy gruesa, colocarles etiquetas de esta forma es muy poco invasivo.

Quizá uno de los comportamientos más intrigantes de las cañabotas grises son sus visitas a aguas poco profundas, pese al hecho de que pasan la mayor parte del tiempo a profundidades de hasta 1300 metros. 

Es probable que en las aguas de las Azores, a unos 1300 kilómetros al oeste de Portugal, las cañabotas acudan a las aguas poco profundas para alimentarse, pero prefieren pasar su tiempo en aguas profundas, donde las temperaturas son más frescas, dice Fontes, de la Universidad de las Azores.

Con la previsión de que el océano Atlántico se calentará al menos 1,5 grados Celsius para 2050, es posible que las cañabotas no toleren las temperaturas del agua poco profunda, lo que dificultará su capacidad para alimentarse, explica Fontes, que ha estudiado a los tiburones durante más de 15 años.  

«Será muy interesante analizar los datos que obtengamos de estas etiquetas, porque podremos compararlos con los datos de los colegas con los que colaboramos de otras partes del mundo», dice Fontes. 

Hacerlo «podría permitirnos entender qué repercusiones pueden tener el cambio climático y el calentamiento de los océanos en la distribución de estos animales y, finalmente, de sus presas».

Un mar lleno de tiburones

Hasta ahora, el equipo de OceanX Azores está entusiasmado por la cantidad de tiburones que ha encontrado. El hecho de que las cañabotas prosperen en las Azores no es una coincidencia, señala Pedro Afonso, que también estudia los tiburones en la Universidad de las Azores. 

La pesca en la región siempre ha sido a pequeña escala y la Unión Europea prohibió la pesca de tiburones de aguas profundas en 2012, dice. «Por eso puedes llevar un submarino aquí y ver una docena de tiburones». 

David Ebert, director del Centro de Investigación de Tiburones del Pacífico en los Laboratorios Marinos de Moss Landing, California, dice que está deseando ver la comparación entre los patrones de movimiento de las cañabotas de las Azores y las de otras partes del mundo.

En los últimos años, los científicos han recabado datos sobre las cañabotas grises en Hawái, las Bahamas y el golfo de México, lo que les ha permitido comparar las distribuciones verticales de estos tiburones en distintas latitudes. 

«El etiquetado de un solo tiburón no dice mucho, solo lo que hace ese tiburón específico durante un periodo de tiempo», dice Ebert, que no participa en la misión de OceanX.  

«Sin embargo, la suma de varios tiburones etiquetados puede decir mucho sobre sus movimientos y comportamiento».

De vuelta en el sumergible, Fontes y Márquez se preparan para volver a la superficie. 

En el transcurso de seis horas han observado siete cañabotas grises, dos carochos y dos cazones, toda una hazaña, incluso para los científicos que cuentan con un submarino. No consiguieron etiquetar a ningún tiburón durante esa inmersión, pero tienen muchas noches más por delante para volver a intentarlo. 

«Fue un poco surrealista sentarnos y ver cómo se comportaban los seres vivos allí abajo de forma natural», afirma Márquez. Fue todo un privilegio».

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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