Las poblaciones de tiburones y rayas han disminuido un 70 por ciento en 50 años

Con todo, los expertos señalan que hay soluciones, como regular el comercio internacional de tiburones oceánicos y crear caladeros más sostenibles.

Published 28 ene. 2021 10:37 CET, Updated 28 ene. 2021 13:08 CET
Fotografía de una cornuda gigante

La cornuda gigante (en la foto, un animal en las Bahamas) se encuentra en peligro crítico de extinción.

Fotografía de Brian Skerry, Nat Geo Image Collection

En el pasado, los tiburones y las rayas oceánicas abundaban en alta mar, lejos de cualquier continente. Los marrajos dientusos, los tiburones más rápidos del planeta, perseguían a sus presas a más de 30 kilómetros por hora. Las cornudas comunes se acumulaban en el agua, escudriñando el vasto océano en busca de presas con sus ojos separados y otros órganos sensoriales especializados.

Estos animales viajaban a lo largo y ancho por aguas abiertas, vastas e inaccesibles para muchos pescadores, y a algunos biólogos les costaba creer que la sobrepesca pudiera ponerlos en peligro.

«Hace una década, habríamos tenido debates muy acalorados sobre la clasificación de una especie de tiburón oceánica como amenazada», recuerda Nicholas Dulvy, codirector del Grupo de Especialistas en Tiburones de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

Ahora, un amplio análisis de poblaciones actuales e históricas ha revelado un panorama más claro y preocupante. Dulvy y su coautor Nathan Pacoureau, ambos de la Universidad Simon Fraser de Canadá, descubrieron que las poblaciones de 18 especies de tiburones y rayas han disminuido un 70 por ciento desde 1970, según el estudio, publicado en la revista Nature esta semana. A este ritmo, muchas de las especies podrían desaparecer en una o dos décadas, advierten los autores.

Cuando el equipo de investigación contabilizó las poblaciones de tiburón oceánico (Carcharhinus longimanus), una especie que era común en 1970, «nos quedamos mirando los números atónitos y en silencio», afirma Dulvy.

El tiburón oceánico «había disminuido un 98 por ciento en los últimos 60 años. El patrón era persistente en los tres océanos». Ahora, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza lo clasifica como especie en peligro crítico de extinción.

Las cornudas comunes y gigantes han sufrido un destino similar. Aunque las pesquerías rara vez buscan especies de tiburones oceánicas, si las capturan suelen vender su carne, aletas, branquias y aceite de hígado.

Esta noticia es perturbadora tanto para los tiburones como para la salud del mar, ya que estos depredadores apicales desempeñan un papel fundamental en la cadena trófica, en parte al mantener a raya las poblaciones de depredadores más pequeños, indican los expertos.

Una red de cerco rodea a los peces en la isla de Iturup, en el Extremo Oriente ruso. Esta técnica de pesca también suele capturar tiburones.

Fotografía de Sergei Krasnoukhov, Getty Images

Profundizando en los datos

Para al estudio, Dulvy and Pacoureau recopilaron todos los datos que pudieron encontrar sobre las 18 especies en todo el mundo. Gran parte estaban enterrados en informes del gobierno o acumulaban polvo en viejos discos duros.

El aumento de la concienciación pública sobre la conservación de los tiburones ha hecho que las agencias de gestión pesquera empiecen a recopilar datos sobre tiburones, por lo que el equipo contó con una gran cantidad de información nueva.

En total, los científicos trabajaron con 900 conjuntos de datos que abarcaban de 1905 al 2018; cada uno representaba los cambios poblacionales de una especie con el paso del tiempo en una región específica. Con la ayuda de expertos internacionales y modelos informáticos, el equipo extrapoló estos datos para estimar los cambios de abundancia globales.

También tuvieron en cuenta el desarrollo de las técnicas de pesca en mar abierto. Los sedales largos repletos de cientos de ganchos o las enormes redes de cerco suelen atrapar tiburones por accidente y su uso se ha duplicado en el último siglo, mientras que la cantidad de especies oceánicas de tiburón capturadas en ellas casi se ha triplicado.

«Esto, junto a la mayor rareza de los tiburones, significa que las probabilidades de capturar a un tiburón son 18 veces mayores ahora que en 1970», afirma Dulvy.

Dulvy añade que la incertidumbre es inevitable en su análisis y que es probable que los autores hayan subestimado algunos de los descensos de especies, sobre todo en zonas donde la sobrepesca ha ocurrido durante décadas.

Los peces tropicales son los más afectados

El mayor descenso ocurrió en las poblaciones de tiburones y rayas de los trópicos, donde las pesquerías de altura se han expandido en las últimas décadas.

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A medida que los tiburones y rayas grandes escasean cada vez más, cada vez se pescan más especies pequeñas, señala la coautora Holly Kindsvater, bióloga de poblaciones del Instituto Politécnico y Universidad Estatal de Virginia que ha estudiado varias especies de mantas mobula. Algunas de las poblaciones de estas mantas podrían haber descendido un 85 por ciento en los últimos 15 años.

Aunque las personas consumen su carne, recientemente sus branquias se han popularizado en la medicina china. Kindsvater indica que este cambio demuestra que los pescadores pueden cambiar a otras especies cuando sus presas originales escasean.

«No creo que haya muchos barcos en alta mar que pesquen exclusivamente tiburones y rayas. Pero si empiezan pescando atunes y los sobrepescan, empezarán a capturar otras cosas y también encontrarán un modo de venderlas».

La búsqueda de soluciones

Las repercusiones de la sobrepesca —ya sean accidentales o de otro tipo— para los tiburones deberían motivar a los gobiernos a imponer más regulaciones con el fin de lograr una pesca sostenible, señala Dulvy. Añade que también es importante limitar el comercio internacional de especies amenazadas de tiburones y rayas.

Pero queda un largo camino por recorrer. La propuesta de prohibir la pesca de marrajos dientusos en peligro de extinción en el Atlántico norte fue bloqueada recientemente por la Unión Europea y los Estados Unidos, en parte porque España registra el grueso de las capturas, explica Dulvy.

«Los tiburones son prácticamente la última área no regulada, por eso creo que hay cierta resistencia a gestionarlos», afirma.

Se ha demostrado que las prohibiciones como esa funcionan en el caso de otras especies, señala David Sims, biólogo de la Universidad de Southampton, en el Reino Unido, que no participó en este estudio. Sims ha publicado una investigación que indica que las poblaciones de tiburón blanco y marrajo sardinero, ambas protegidas de la pesca, muestran señales prometedoras de recuperación.

Otras soluciones incluyen la creación de reservas marinas o zonas de veda en los lugares donde se acumulan los tiburones, propone Sims.

Jessica Cramp, fundadora de la organización de conservación e investigación marina Sharks Pacific y exploradora de National Geographic, está de acuerdo. Ha ayudado a fundar varias áreas protegidas y un refugio de tiburones en las Islas Cook que beneficia a especies migratorias, entre ellas los tiburones.

«Estas [zonas] pueden ofrecer refugios a especies como el tiburón oceánico y el tiburón jaquetón, que según confirma este estudio, corren peligro», afirma.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.
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