Las lecciones para vivir más de los babuinos salvajes

Durante 50 años, investigadores en Kenia han estudiado a más de 1500 babuinos de ocho generaciones. Lo que hemos aprendido también lo podemos aplicar a nuestras vidas.

Tras sedar con un dardo a un babuino llamado Olduvai en el Parque Nacional de Amboseli de Kenia, Benard Oyath y Jackson Warutere junto con el Amboseli Baboon Research Project (ABRP) le midieron, tomaron muestras de sangre, fluidos y piel antes de soltar a Olduvai ileso. La ABRP ha investigado sobre el desarrollo de los primates, obteniendo también pistas para mejorar nuestra salud.

Fotografía de Nichole Sobecki
Por Michael Greshko
Publicado 17 nov 2022, 16:34 CET

Olduvai, un babuino salvaje de Kenia, estaba a sus cosas en la sabana de Amboseli cuando de repente cayó desplomado al suelo. Un pequeño dardo tranquilizante le había dado. Ninguno de sus compañeros se dio cuenta; el tirador enseguida bajó el rifle y fue en su búsqueda. Unas horas más tarde, Olduvai sería liberado ileso y sin ser consciente de su contribución al entendimiento de su envejecimiento.

Una vez al año, un equipo de científicos estadounidenses y kenianos se pasa 10 días sedando un total de 20 babuinos en de dentro y circundantes del Parque Nacional de Amboseli, bajo la supervisión de los veterinarios de Servicio de Fauna Salvaje de Kenia. Los investigadores son especialmente cuidadosos a la hora de elegir a los simios que sedan: ninguna hembra visiblemente embarazada, ninguna madre lactante y, casi nunca, jóvenes. Los babuinos son sedados solo cuando están solos y los otros babuinos no miran. ¿Por qué llevar un proceso tan enrevesado? La respuesta es simple: datos, y muchos. Mientras los animales están sedados los investigadores se apresuran a tomar medidas y recopilar muestras de sangre y piel que se usarán para para escudriñar el ADN del babuino en búsqueda de signos de envejecimiento prematuro y muchos otros detalles biológicos. "El gran reto de estudiar una población como esta es intentar entender que está pasando bajo su piel", dice Susan Alberts, biologa evolutiva de la Universidad de Duke (Estados Unidos).

Al amanecer, Alex Meloimet usa una antena de radio para localizar una familia de babuinos, algunos de los cuales han sido marcados con collares radio-transmisores. Los observadores de ABRP siguen a cinco grupos de bauinos en todo el ecosistema de Amboseli.

Fotografía de Nichole Sobecki

Las muestras son simplemente una parte del Proyecto de Investigación del Babuino de Amboseli (ABRP en sus siglas en inglés): un estudio a largo plazo asombrosamente ambicioso sobre babuinos salvajes que sigue sus historias de vida y la relación con su salud. El torrente de datos del proyecto ha llevado a Alberts y sus colegas a observar la sombra de por vida que suponen las adversidades vividas en los primeros estadios de vida, al igual que los efectos protectores de los lazos sociales fuertes.

"Tienen enemigos, tienen amigos, estas relaciones pueden durar años, pero podemos les hemos observado con un nivel de detalle que sería imposible con los humanos", dice la colider de ABRP Jenny Tung, una biologa evolutiva del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig, Alemania.

Fotografía de Nichole Sobecki

Desde hace décadas, los científicos han intentado entender como las adversidades en los primeros años de vida y los lazos sociales cuando se es adulto pueden afectar a nuestra salud y nuestra longevidad mediante estudios de grandes grupos de personas durante largos periodos de tiempo. Pero, pese a la gran utilidad de estos estudios, son imperfectos. Por una razón u otra, la gente los deja. Los estudios quedan sin respuesta. Las personas tienen que recordar con exactitud lo que hacen. Y puede ser complicado seguirle la pista a alguien durante décadas y más aún a sus hijos. En Amboseli, por contra, observadores profesionales han podido documentar el comportamiento de los babuinos (nacimiento, muerte, cuidado, peleas) seis días al año desde la década de 1980, con algunos registros remontándose a 1971. "Podemos echar la vista a atrás y decir: '¿Ha pasado en 2020 lo mismo que en 2009, 1989 y 1979?", dice Beth Archie, colíder de ABRP y bióloga de la Universidad de Notre Dame (Estados Unidos).

Aunque los humanos tienen un parentesco más cercano con los grandes simios como chimpancés o gorilas, los babuinos siguen siendo un buen ejemplo para hacer comparaciones. Igual que los humanos, los babuinos son generalistas, capaces de vivir en cualquier sitio, desde zonas boscosas hasta regiones semideserticas (las sabanas que rodean el Parque Nacional de Amboseli reciben unos 35 centímetros de agua al año). Al igual que los humanos, los babuinos son extremadamente sociables con los miembros de su especie. También tienen una estructura social compleja, con los machos y las hembras respondiendo diferentes tipos de presiones sociales y jerarquías.

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Comparados con los humanos, los babuinos ofrecen a los investigadores la posibilidad de observar el desarrollo del envejecimiento durante toda una vida. El mayor periodo vital observado en las hembras ha sido de 27 años y en los machos de 24 años. La edad media a la que una hembra que llega a la edad adulta llega a vivir es de 18 años. La combinación de datos observados y datos genéticos está revelando muchas cosas sobre el proceso de envejecimiento.

Fotografía de Nichole Sobecki

Pero, al contrario que los humanos, los babuinos ofrecen a los investigadores la posibilidad de observar un desarrollo vital en alta velocidad. Las hembras de babuinos maduran a la edad de unos cuatro años, tienen sus primeras crías a la edad de seis, y mueren a la edad de 27 años si llegan a la edad adulta (la vida adulta media es de 18 años). Por ahora, el equipo de Amboseli ha documentado meticulosamente las vidas de más de 1500 babuinos a través de ocho generaciones, con una novena empezando a nacer.

"Lo que hace a Amboseli especial", dice Tung, es "conocer a estos individuos y observarlos desde la cuna hasta la tumba".

Un estudio multigeneracional 

El proyecto se remonta a 1963, cuando los biólogos Stuart y Jeanne Altmann visitaron un safari que ahora es el Parque Nacional de Amboseli para observar las poblaciones de babunos para la investigación de Stuart sobre comunicación entre primates. En 1971, la pareja volvió a Amboseli y empezó a estudiar en profundidad el ecosistema, centrándose en los babuinos que vivían en las tierras comunales de los maasai.

Para los pastores que veían a los Altmanns, su fascinación por los babuinos les parecía rara, ya que normalmente se consideraba que los primates eran una peste. "Los maasai locales, durante mucho tiempo, no entendían lo que hacíamos", dice Jeanne Altmann, ahora profesora emérita de la Universidad de Princeton (Estados Unidos). "Decían: 'Sois como nosotros, simplemente seguís a los animales todo el día, pero tenéis muy mal gusto".

A la izquierda, Wanjala Wavumbah, veterinario del Servicio de Animales Salvajes de Kenia, examina a Dezmond, un macho adulto que acaba de migrar a uno de los grupos de estudio. Los investigadores estiman que Dezmond tiene unos 12 años y medio y es el cuarto macho del grupo. Hasta ahora, a Dezmond le va bien, no tiene ninguna cicatriz de ninguna herida.

Fotografía de Nichole Sobecki

A principios de los '80, Stuart, que se había pasado a estudiar la nutrición de los babuinos, había recopilado todos los datos que necesitaba y jamas fuera a necesitar, y Jeanne empezó a interesarse sobre cómo las experiencias vitales de los babuinos daban forma a su desarrollo y salud. En 1983, cuando Jeanne empezaba a darle vueltas en serio a las posibilidades que abría un verdadero estudio a largo plazo, una estudiante llamada Susan Alberts se unió al proyecto durante un año. Alberts volvió para estudiar su doctorado y nunca se fue, habiendo ayudado a dirigir el proyecto de Amboseli durante décadas.

"Para mí, estaba claro que la única manera que [el estudio a largo plazo] saldría adelante sería si el proyecto no se terminaba con la carrera de una sola persona", dice Altmann; "la gente pensaba que estaba loca y que Susan estaba loca".

El trabajo de Altmann y Albert terminó desembocando en una base de datos de Amboseli llamada BABASE, que retrocede décadas. Para ampliar la base de datos, observadores de ABRP  van regularmente a recoger datos demográficos básico: nacimientos, muertes y los movimientos de los babuinos entre los cinco grupos sociales de Amboseli.

Izquierda: Arriba:

Los investigadores examinan los dientes de un babuino conocido como Lyken. A medida que envejecen los molares de los babuinos se deterioran, lo que puede aportar a los investigadores pistas sobre la edad del individuo.

Derecha: Abajo:

Los investigadores miden y sacan sangre a Lyken, que ha tenido una vida dura. Nacido en septiembre de 2016, ha sufrido varias heridas, incluidas varias heridas punzantes cuando solo tenía un año. Todavía le queda mucho crecimiento y competición antes de que los investigadores puedan valorar su éxito social.

fotografías de Nichole Sobecki

El equipo también tiene un registro detallado de la vida social de los babuinos. ¿Quién acicala a quién y cada cuánto? ¿Cuál es el orden entre los machos? ¿En qué parte del ecosistema de Amboseli se establece determinado grupo social? La recolección de estos datos requiere una habilidad profesional; además de la ocasional cola rota o pelaje de color excepcional, no es fácil reconocer a los distintos babuinos más allá de la práctica pura y dura. El observador principal de ABRP y director del proyecto sobre el terreno, Raphael Mututua, ha estado trabajando en el proyecto desde 1981. El y sus colegas "siempre empiezan con fuerza, pero para el final del día están exhaustos", dice en un correo electrónico.

Con los registros del equipo de Mututa a su disposición, los investigadores de ABRP han podido adentrarse en el entendimiento de la vida social de los babuinos, incluidos los beneficios vitales de los lazos fuertes. En 2014, el equipo demostró que la hembras que tienen más lazos sociales y más cercanos tienen una vida más larga que las que no, un paralelismo visto en estudios de humanos.

Los investigadores usan la longitud y peso del cuerpo de los babuinos como Lyken para valorar su salud, actividad y acceso a comida. La ABRP también vigila como estas medidas varían a lo largo del tiempo.

Fotografía de Nichole Sobecki

Amboseli también demuestra a las claras lo pronto que la adversidad puede marcar a un babuino el resto de su vida, como demostró el un importante estudio del equipo publicado en 2016 en la revista Nature Communications. Usando datos de 196 hembras, el equipo demostró que las hembras de babuino que experimentan tres o más "acontacimientos adversos" en su juventud - durante su primer año de vida o la muerte inoportuna de la madre- viven hasta una década menos que las hembras que nacen con el equivalente a lo que sería una buena familia de Amboseli. Con estos resultados en la mano, dice Albert, se podría usar a los babuinos de Ambseli como un buen modelo de partida para estudiar los efectos sociales en el envejecimiento humano.

Los efectos protectores de una infancia sana parece que se extienden a la fertilidad también. Un estudio de 2015 observó que cuando las hembras de babuino de Amboseli nacían durante años de sequía sufrían una mayor caída de la fertilidad durante las sequías que las babuinas que habían crecido en tiempos mejores.

Los registros del equipo son tan detallados que los investigadores pueden empezar predecir como la infancia de un babuino afectará a su vida social durante la edad adulta y cómo contribuirá a su salud a lo largo de su vida.

En un estudio que se publicó online en septiembre antes de ser revisado por pares, un equipo dirigido por la investigadora de Duke Elizabeth Lange descubrió que entre 199 hembras de babuino, tanto las adversidades al principio de la vida como los lazos sociales de adultas tenían efectos independientes en la supervivencia de las individuas. Y que, mientras que las adversidades infantiles pueden empeorar los lazos sociales con las hembras, tienen pocos efectos en los lazos con los machos. Es más, el primer borrador señala que construir lazos sociales fuertes durante la edad adulta puede ayudar a protegerse contra los efectos negativos de las adversidades infantiles. Entre las 38 hembras que perdieron a su madre antes de los cuatro años, aquellas con fuertes lazos sociales vivían más más a menudo que las que no los tenían.

Conectando la vida social con el ADN

Aunque todos los datos demográficos y de comportamiento  han enriquecido nuestro conocimiento de Amboseli, es solo un pedazo de una tarta mucho más grande. Investigadores de Estados Unidos y Kenia han soñado una gran variedad de técnicas científicas para estudiar a los babuinos, incluido lo que Alberts llama "la alquimia fecal" de Amboseli.

A lo largo de los años, Alberts y sus colegas han descubierto cómo medir el estrés que ha sufrido determinado babuino en las últimas 12-24 horas midiendo la calidad de sus glucocorticoides, un tipo de hormona del estrés, en cada una de las heces del simio. Además, el laboratorio de Albert ha refinado la técnica para hacer test de paternidad mediante el ADN de las heces. Tanto las hembras como los machos de babuino toman multitud de parejas sexuales, así que, visto desde fuera, puede ser complicado determinar quién es el padre. Pero gracias al poder transformador del ADN fecal, el equipo de Amboseli demostró en 2003 que los babuinos adultos machos pueden saber que crías son suyas y salir en su defensa en las peleas.

Además, las muestras de sangre obtenidas de los especímenes sedados revelan datos sobre el estado de salud y envejecimiento de los bauinos. En un estudio de 2021, Tung y sus colegas usaron un modelo informático para correlacionar la edad de los babuinos con la presencia de ciertos elementos químicos que aparecen en el ADN del babino con el estrés y el paso del tiempo. Combinando los datos genéticos y los registros de comportamiento, Tung y su equipo demostraron que el ADN de los babuinos machos en lo más alto de la jerarquía social parecía que era de simios mayores que lo que sugería su edad real, aportando una nueva evidencia de que ser un macho en lo alto de la escala social hacía la vida más complicada.

Tras la recogida de muestras y medidas, el equipo de ABRP pone al babuino sedado en una jaula cubierta para que se recupere de la anestesia. Después se deja al babuino, en este caso Dezmond, en libertad tras unas dos o cuatro horas.

Fotografía de Nichole Sobecki

Archie, la bióloga de Notre Dame, ha sido pionera en el estudio de los otros ADNs de los babuinos de Amboseli; el genoma de los muchos microbios que viven en y dentro de la babuinos. En 2015, Tung, Archie y sus equipos confirmaron algo que podría sonar lógico pero que era complicado de poner a prueba en la práctica: que los babuinos que socializaban más -mediante el acicalamiento más frecuente- tendían a tener microbios más similares de los que los que tenían simios más asociales. Esos resultados todavía eran válidos teniendo en cuenta babuinos que vivían en el mismo sitio, comían lo mismo o estaban emparentados.

Los avances no se detienen ahí. En un programa piloto de dos años financiado por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, Archie está trabajando con el Instituto de Investigación de Primates de Kenia para desarrollar un método rápido y seguro para implantar a monitores cardiácos del tamaño de un clip en los babinos salvajes. Los dispositivos, que originalmente estaban hechos para monitorizar corazones humanos, recogen el ritmo cardíaco cada dos minutos, lo que podría dar a los investigadores una visión sin precedentes de cómo reaccionan los babuinos en situaciones de estrés.

Alberts dice que en los estudios con humanos, las personas en las que el ritmo cardíaco varía de una situación a otra se adaptan mejor al estrés. Ella y sus colegas, incluida Archie, quieren ver si lo mismo sucede con los babuinos. Pero, al contrario de lo que ocurre con los humanos, el equipo de Amboseli podrá valorar toda la experiencia vital del sujeto casi desde su nacimiento.

"Esperamos que esto pueda darnos una vision muy detallada", dice Archie; "ya que los animales se están moviendo todo el día (siendo perseguidos por un depredador, corriendo delante de una persona con su rebaño de cabras o teniendo que luchar con un rival) ¿qué es lo que realmente les causa estrés? ¿Cómo su experiencia infantil moldea esa respuesta?".

Una apuesta que sale bien

Aunque el proyecto ha sobrevivido más de 50 años, sus perspectivas para los próximos 50 años depende en el resto del mundo. Los terrenos alrededor del Parque Nacional de Amboseli ha sido hasta ahora propiedad comunal de los maasai, pero ahora este acuerdo se está fragmentando, lo que alterará cómo la población de babuinos se mueve y se alimenta. El este de África también está experimentando fuertes sequías, que están desembocando en mayores tasas de aborto entre los babuinos. El crecimiento de la población humana añadirá nuevas presiones al ecosistema al igual que lo harán los cambios meteorológicos en África oriental provocados por el cambio climático inducido por el hombre.

Un babuino de Amboseli apostado sobre un pequeño antes de unirse a su tropa de viaje, alimentarse y jugar. Las investigaciones de ABRP sugieren que los fuertes lazos sociales están correlacionados con una mayor esperanza de vida e incluso podrían ayudar a los babuinos a superar las consecuencias de las adversidades vividas durante la infancia.

Fotografía de Nichole Sobecki

Aunque el futuro es incierto, hay una constante: un relevo de la antorcah multigeneracional. Tung y Archie terminaron sus doctorados con Alberts y se han quedado en el proyecto durante años, dos estrellas en una constelación de académicos estadounidenses y kenianos que empezaron en la ABRP como estudiantes. El equipo dice que es más que un proyecto de investigación: es una llamada, un matrimonio, una mascota querida que necesita alimentación y cuidados constantes. "Llegará lejos, ya que yo lo he visto crecer", dice Mututa en su correo electrónico.

"A veces el peaje es alto, y lo sientes, pero otras veces, el sentimiento de recompensa es enorme y es lo que se graba en tu mente", dice Tung. "Mi agradecimiento por la oportunidad de ser parte de este proyecto es enorme. Es una parte intrínseca de mi vida, me resulta complicado imaginar que habría hecho de forma diferente".

Y, para Jeanne Altmann, que empezó todo esto hace más de medio siglo, el trabajo de este proyecto en marcha ha superado sus expectativas con creces. "Estoy emocionada", dice; "es una apuesta que sale bien".

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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