La verdad inquietante revelada por las primeras ecografías del mundo de mantarrayas salvajes

Las mantarrayas de arrecife son aún más vulnerables de lo que pensábamos, pero los científicos afirman que ahora estamos en mejores condiciones para salvarlas.

Por Melissa Hobson
Publicado 24 may 2023, 10:59 CEST
Mantarraya de arrecife en Hawái

Las mantarrayas de arrecife (en la foto, un ejemplar en Hawái) se consideran vulnerables a la extinción debido a presiones como la sobrepesca.

Fotografía de GREG LECOEUR

Su vientre abultado y su abdomen hinchado le dijeron al investigador Niv Froman todo lo que necesitaba saber: esta mantarraya de arrecife que revoloteaba cerca de la superficie en las Maldivas estaba inequívocamente embarazada.

"Básicamente parece una mujer embarazada. Lo llamamos el bulto del embarazo", dice Froman, ecologista de The Manta Trust, una organización sin ánimo de lucro con sede en el Reino Unido que trabaja para proteger a las rayas de todo el mundo.

A término, el feto plegado dentro de su vientre tenía una envergadura de casi metro y medio, tan ancho como un banco de parque. Pero el embarazo sólo se hace visible a los seis meses, lo que significa que los científicos podrían no saber que una manta está preñada hasta la mitad de sus 12,5 meses de gestación.

Por eso Froman y su equipo han utilizado una nueva tecnología de ultrasonidos sin contacto para detectar las primeras fases del embarazo en las mantas de arrecife, un dato clave para la conservación de la especie, que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) considera vulnerable a la extinción. Esta tecnología permite a los investigadores examinar la anatomía interna de un animal minimizando el estrés.

Es la primera vez que los científicos utilizan escáneres sin contacto para obtener imágenes de una manta raya salvaje preñada.

Los resultados son "muy, muy alarmantes", afirma Froman. De los 21 escáneres que captaban imágenes del útero, siete hembras estaban preñadas, y sólo cuatro de ellas mostraban signos visuales de embarazo. Otros cinco individuos (que no presentaban signos visuales de madurez, como cicatrices de apareamiento, embarazo o participación en comportamientos de cortejo) tenían úteros grandes y desarrollados. Estos resultados confirman que los científicos han estado subestimando el número de hembras maduras en la población de mantarrayas de arrecife de las Maldivas.

Saber que hay más hembras maduras en la población de las Maldivas de unas 4000 mantas de arrecife (mientras que el número de recién nacidos sigue siendo el mismo) sugiere que la tasa de fertilidad de la especie es inferior a las estimaciones anteriores.

Esto sitúa a la población "en un nivel aún más vulnerable de lo que pensábamos", afirma Froman.

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Una tecnología beneficiosa

Froman, que lleva más de una década buceando con mantas, sabe cómo predecir los movimientos de éstas. Después de tomar una foto de identificación desde abajo, se recoloca listo para el escáner y espera a que la manta vuelva a pasar junto a él.

Cuando toma las imágenes ecográficas, se acerca a la raya desde arriba y agita la sonda del pequeño escáner portátil a prueba de agua a unos dos centímetros de la piel del animal, asegurándose de que la imagen pueda llegar al útero. En la mayoría de los casos, la raya no reacciona y en 20 segundos se ha completado la exploración.

Niv Froman estudia una manta raya de arrecife en el atolón de Raa (Maldivas) con la unidad de ultrasonidos sin contacto.

Fotografía de Guy Stevens, Manta Trust

Andrea Marshall, exploradora de National Geographic y cofundadora de la Fundación para la Megafauna Marina, con sede en Mozambique, está encantada de que la tecnología haya sido validada por primera vez.

No le sorprendió oír que los investigadores habían subestimado la fertilidad de las mantarrayas de arrecife, ya que su método habitual (buscar cicatrices de apareamiento en las aletas pectorales de las hembras) no siempre es fiable. "Las cicatrices no siempre se producen por el apareamiento; se curan y pueden ser difíciles de ver", explica.

También añade que el coste de los ultrasonidos sin contacto hace que la tecnología sea prohibitiva para la mayoría de los científicos que estudian las mantarrayas.

Pero para quienes puedan permitírselo, añade, la posibilidad de recopilar datos más fiables podría afinar nuestro conocimiento de la ecología reproductiva de las mantas.

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¿Un impulso para la conservación?

La nueva tecnología tiene importantes implicaciones para la conservación de las mantas de arrecife maldivas, la mayor población conocida de la especie, que vive en el Indopacífico tropical y subtropical.

Ahora que los científicos saben que las tasas de fecundidad de las mantas de las Maldivas pueden ser más bajas de lo que sugerían los datos anteriores, empieza la carrera para averiguar cómo les va a las mantas de arrecife, afirma Froman.

Al tomar imágenes sin tocar al animal, la nueva tecnología de ultrasonidos reduce el estrés de las mantarrayas.

Fotografía de Niv Froman, Manta Trust, Cambridge University

Para ello, el Manta Trust está analizando más de 10 años de datos fotográficos para averiguar la tasa de supervivencia de la población, las tendencias a lo largo del tiempo y la región, y qué presiones (como el turismo, la pesca y el cambio climático) podrían estar afectando a la fertilidad del pez.

Misteriosamente, las tasas de fertilidad de las manta rayas en las Maldivas parecen "salvajemente diferentes" en comparación con otras partes del mundo, afirma Marshall, ya que esa población produce crías con menos frecuencia que las de otras regiones.

Se cree que las hembras maldivas producen una cría de media cada siete años, mientras que en Japón se han registrado nacimientos cada cuatro años y cada dos en Hawái y Mozambique.

Pero si los investigadores pueden confirmar que se reúnen muchas hembras preñadas en una zona concreta, afirma, podría ayudar a los conservacionistas a "designar esa zona como hábitat crítico".

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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