Alrededor de un tercio de todas las especies de tiburones están amenazadas

¿Por qué siguen muriendo tantos tiburones si la venta de aleta se ha prohibido?

La normativa sobre la pesca de tiburones, incluida la prohibición de cortar las aletas, no está siendo efectiva; un nuevo estudio muestra que podrían haber aumentado las muertes de tiburones, por el aumento de la demanda de los productos de escualos.

Alrededor de un tercio de todas las especies de tiburones están amenazadas y decenas de millones mueren cada año a manos de la pesca comercial.

Fotografía de David Maupile, Laif, Redux
Por Tim Vernimmen
Publicado 16 ene 2024, 10:50 CET

En 2019, al menos 79 millones de tiburones murieron en pesquerías, y al menos 25 millones de ellos pertenecían a especies amenazadas, cifras que se han mantenido estables o incluso han aumentado en la última década.

En comparación con hace 10 años, menos de esos tiburones murieron porque la gente les cortó las aletas y los devolvió al mar, una práctica conocida como aleteo que ahora está prohibida en alrededor del 70% de los países y territorios de ultramar. Pero las normas que han reducido la frecuencia del cercenamiento de las aletas no han servido realmente para salvar más vidas de tiburones, según informa esta semana un equipo internacional de investigación en la revista Science.

"En todo caso, la mortalidad mundial de los tiburones ha aumentado ligeramente", afirma Boris Worm, ecólogo marino de la Universidad Dalhousie de Canadá. En la actualidad, la mayoría de los tiburones se desembarcan enteros, y la creciente demanda de productos derivados del tiburón ha impulsado a las pesquerías a seguir capturando estos animales. 

Worm y siete colegas se han pasado los últimos tres años recopilando datos sobre la mortalidad de los tiburones y la normativa pesquera. "Fue todo un reto", afirma; "ya que la pesca del tiburón es muy poco conocida. Recopilamos todo lo que pudimos encontrar, desde cifras de capturas hasta datos de observadores en barcos en aguas internacionales, pasando por estimaciones de la pesca costera que incluyen la pesca recreativa, artesanal e incluso ilegal".

Unos pescadores salen a pescar tiburones en Cananeia, localidad costera del estado de São Paulo, Brasil. Las restricciones sobre las especies permitidas para la pesca han llevado a muchos pescadores locales a especializarse en otros peces y crustáceos, como gambas y lubinas.

Fotografía de Victor Moriyama for National Geographic

El análisis global revela que, aunque se han multiplicado por 10 las regulaciones sobre la pesca y el cercenamiento de las aletas de los tiburones, la mortalidad en la última década se mantuvo más o menos igual, con estimaciones de 76 millones de tiburones muertos debido a la pesca en 2012 y al menos 80 millones en 2018. Dado que no todas las capturas se informan con suficiente detalle y algunas no se registran en absoluto, dicen los investigadores, es probable que el número de muertes sea significativamente mayor.

El ecólogo marino Nicholas Dulvy, de la Universidad Simon Fraser de Canadá, que no ha participado en el estudio, señala que las regulaciones del aleteo sí ayudaron "a garantizar que muchas capturas pudieran identificarse a nivel de especie, lo que es necesario para los límites de captura y comercio" y también ayuda a la investigación. "La regulación del comercio internacional ya ha comenzado, con la protección de más de 100 especies de tiburones bajo la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres [también conocido como CITES]", afirma. 

Aunque estas normas comerciales parecen haber provocado la muerte de menos tiburones en las pesquerías internacionales, las pesquerías costeras han empezado a capturar más ejemplares.

Para intentar entender por qué, los investigadores entrevistaron a 22 expertos, entre científicos, conservacionistas y personas que trabajan en pesquerías o empresas que procesan productos derivados del tiburón. "Nos han dicho que los mercados existentes de productos derivados del tiburón se han ampliado", afirma la científica especializada en conservación marina Laurenne Schiller, de la Universidad de Carleton (Canadá), coautora del estudio; "lo que puede deberse en parte a la mayor disponibilidad de tiburones derivada de la normativa contra el aleteo".

La carne de tiburón, incluso la procedente de tiburones en peligro de extinción, se encuentra cada vez más en diversos productos alimenticios, y no sólo en la todavía popular sopa de aleta de tiburón. El tiburón también se utiliza a menudo en el fish and chips, en el ceviche o como alternativa fraudulenta al pez espada.

Además, el cartílago y el aceite de hígado de tiburón son ingredientes habituales en la industria médica y cosmética. "Muchos productos de belleza contienen escualeno", dice Schiller; "que normalmente, pero no necesariamente, procede del tiburón. Así que es bueno buscar productos que utilicen alternativas de origen vegetal en su lugar."

Los investigadores afirman que, para salvar a los tiburones, es evidente que las leyes contra su pesca no bastan, y que se necesita una normativa pesquera más amplia.

"Hay 29 países y territorios de ultramar que ya han prohibido la pesca de tiburones en sus aguas", afirma Worm; "Bahamas, por ejemplo, han descubierto que los tiburones valían mucho más como atracción de buceo para la industria del ecoturismo, que está en auge. Por término medio, vemos que esas prohibiciones son la única herramienta que reduce la mortalidad de forma sistemática, así que las fomentamos".

Izquierda: Arriba:

Empleados de la industria pesquera Kowalski en Santa Catarina, Brasil, lavan tiburones recién capturados en la pesca oceánica.

Fotografía de Victor Moriyama for National Geographic
Derecha: Abajo:

Un mostrador de una tienda de medicina china de Taipei vende aletas de tiburón.

Fotografía de Michael Wolf Estate, Laif, Redux

Las redes de enmalle matan

En lugares donde la gente depende de la pesca para su sustento o subsistencia, las prohibiciones pueden no ser apropiadas, pero mantener la pesca en niveles sostenibles es crucial para mantener las poblaciones salvajes.

"Esto incluye, por supuesto, límites de captura de tiburones basados en la ciencia", afirma Schiller; "pero muchos entrevistados también nos hablaron de los peligros de las artes de pesca no selectivas, como las redes de enmalle". Estas paredes de red que cuelgan verticalmente en la columna de agua están diseñadas para capturar peces por las branquias, y tienden a enredar a todo animal que sea demasiado grande para caber por la malla. "Nuestros propios análisis muestran que se utilizan habitualmente en los lugares que identificamos como focos de mortalidad. Por tanto, eliminarlas gradualmente y fomentar prácticas más selectivas en lugares como Indonesia, Brasil, Mauritania o México podría tener un gran impacto", afirma Schiller.

"Sabemos que las poblaciones de tiburones están sometidas a una enorme presión pesquera en gran parte de los océanos del mundo", afirma el biólogo marino Colin Simpfendorfer, de la Universidad James Cook de Australia, que no participó en el estudio; "y los datos presentados en este nuevo trabajo añaden más pruebas."

Aunque las regulaciones sobre el cercenamiento de las aletas no han provocado una disminución de las muertes de tiburones, Simpfendorfer señala que no se diseñaron para reducir las capturas, sino para evitar el sufrimiento y el despilfarro que supone matar a los tiburones sólo por sus aletas.

Si no se redoblan los esfuerzos para proteger a los tiburones, al menos una de cada tres especies se enfrentará a la amenaza de la extinción, y muchas más están sufriendo descensos de población.

"Tengo muchos colegas oceanógrafos y me cuentan que en los años 70 y 80 siempre había tiburones que seguían al barco por los restos de cocina que tiraban por la borda, normalmente puntas blancas oceánicas, una especie que antes era muy abundante y que ahora está en peligro de extinción y apenas se ve. No he visto uno en mi vida", dice Worm; "es entonces cuando tienes esa sensación de que algo va realmente mal en la forma en que las estamos tratando. Deberíamos arreglarlo, y podemos".

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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