Un tercio de las personas a las que recetan antibióticos no los necesitan

La gripe, las ITS y otras dolencias se están tratando de forma innecesaria con antibióticos, y la demanda del paciente tiene parte de culpa.jueves, 10 de mayo de 2018

Por Maryn McKenna - National Geographic
Se está emitiendo un número preocupante de recetas de antibióticos para enfermedades como infecciones víricas que los medicamentos antibacterias no pueden curar.
Se está emitiendo un número preocupante de recetas de antibióticos para enfermedades como infecciones víricas que los medicamentos antibacterias no pueden curar.
foto por BRIAN GORDON GREEN, National Geographic Creative

Es una estadística impactante. Tres cuartos de los pacientes que acuden a urgencias y a quienes se receta antibióticos por una posible enfermedad de transmisión sexual no los necesitan, ya que no padecen la infección que los médicos creen que tienen.

Dicho hallazgo, presentado por los investigadores del hospital y centro médico de St. John, Detroit, en una conferencia, es uno de los varios informes que advierten de la sobreutilización de los antibióticos en la medicina.

De hecho, un tercio de las recetas de antibióticos que se dan en consultas médicas son innecesarias, prescritas para cosas como infecciones víricas que los antibióticos no pueden curar, según un informe de mayo de 2016 de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos con datos de recopilados a nivel nacional por Pew Charitable Trusts.

Ese mismo grupo descubrió que la mitad de los antibióticos recetados para tratar problemas comunes como el dolor de garganta y las infecciones de oído no deberían usarse porque son «de amplio espectro», capaces de matar a muchos organismos y por tanto con más probabilidades de estimular la resistencia a los antibióticos que los medicamentos «de espectro reducido».

Esta y muchas más investigaciones indican un problema persistente que nadie está seguro de cómo resolver. Aunque muchas organizaciones sanitarias y gobiernos nacionales están dando la voz de alarma sobre la resistencia a los antibióticos, el mal uso o la sobreutilización que alimentan esta evolución siguen ocurriendo.

Cuando más no es mejor

El uso médico de antibióticos no es el único factor que contribuye a la resistencia que, según una estimación, mata a 700.000 personas en todo el mundo cada año. El uso de antibióticos en ganado —que supera con creces en tonelaje al que se destina a humanos— también está implicado. Pero como las recetas médicas las prescriben médicos, es justo preguntar: ¿por qué no paran?

«Es la pregunta del millón», afirma Lauri Hicks, física que dirige la Oficina de Administración de Antibióticos del CDC. «Esto tiene que ver con un cambio de comportamiento y ese cambio de comportamiento es muy difícil. Existe una percepción pública, incluso en el mundo clínico, de que en lo relativo a los antibióticos, más es mejor».

Se cumple en urgencias y en consultas médicas y, según una investigación más reciente, parece cumplirse también en hospitales. Otros investigadores del CDC informan que el uso de antibióticos en hospitales estadounidenses no cambió entre 2006 y 2012, pese a la presión por un menor uso de estos medicamentos. De hecho, el uso de antibióticos de último recurso —aquellos que necesitan más protección frente a la resistencia— había aumentado.

No hay escasez de información que les diga a los médicos que es una mala idea. La Semana mundial de concienciación sobre el uso de los antibióticos pone de relieve el problema de la resistencia y ha reclutado a organizaciones sanitarias para que se comprometan públicamente a resolverlo. El programa «Get Smart About Antibiotics» del CDC lleva activo desde los 90.

Pero las recetas inadecuadas apenas han descendido.

El efecto Yelp

En una crónica publicada en la revista JAMA Internal Medicine, dos médicos de la facultad de medicina de Harvard y sus hospitales afiliados muestran un tono exasperado por el hecho de que siga ocurriendo.

«La sobreutilización de antibióticos no es un problema de conocimiento ni de diagnóstico», escriben Ateev Mahotra y Jeffrey Linder. «Es un problema psicológico. Específicamente, existen fuertes factores que hacen que el médico recete un antibiótico y factores más débiles en contra de ello».

Hicks afirma que los estudios del CDC sobre el problema descubren constantemente varias barreras. Según ella, «existe la percepción de que lo más seguro es tratar», incluso si todavía no se ha encontrado un diagnóstico definitivo. Y a los médicos podría preocuparles que, si no prescriben una receta y un paciente cae gravemente enfermo, pueda sobrevenir una demanda.

David Hyun, un especialista pediátrico en enfermedades infecciosas que trabaja en el proyecto de antibióticos del Pew Trust, añade que a algunos médicos les preocupa que sus organizaciones sanitarias les regañen si tardan demasiado en estudiar a los pacientes, y casi siempre se tarda más en explicar por qué no se necesita un antibiótico que en escribir una receta.

Pero ambos expertos están de acuerdo en que hay un factor que influye más que otros a la hora de recetar antibióticos. «El tema primordial, en todas las investigaciones realizadas, es la satisfacción del paciente», afirma Hicks.

Los médicos están sometidos a la presión de obtener valoraciones altas en satisfacción del paciente, parte de la razón de que se receten antibióticos en exceso.
Los médicos están sometidos a la presión de obtener valoraciones altas en satisfacción del paciente, parte de la razón de que se receten antibióticos en exceso.
foto por Joe Raedle, Getty Images

Los pacientes que creen que tienen una enfermedad van al médico esperando que este lo solucione. Imaginan que esa solución será un antibiótico. Cuando el antibiótico no es inminente, sienten que la visita no ha salido según lo planeado.

«Se dan interacciones sociales básicas entre los proveedores y los pacientes», explica Hicks. «La mayoría de médicos quieren que sus pacientes se sientan satisfechos al final de la visita».

Dicha aspiración da la vuelta a la consulta médica: el médico ya no es la persona con el poder, sino el paciente, que blande la presión moral de la decepción. Aunque probablemente siempre ha sido así, ahora los estudios muestran que otro factor está aumentando esa presión. Podemos llamarlo el efecto Yelp.

«Cuando trabajé en un hospital infantil universitario, daban encuestas a mis pacientes externos para valorar su experiencia de la visita y conmigo como proveedor», afirma Hyun. «Y dichas valoraciones se tenían en cuenta a nivel interno cuando mi jefe hacía mi evaluación de rendimiento».

Con el aumento de consultas médicas independientes —consultorios de puertas abiertas a los que alguien puede ir sin cita previa o relación previa—, dicha presión para obtener buenas críticas ha aumentado todavía más. «Una de las frases más habituales que escuchamos en las entrevistas es: “Si no receto el antibiótico, irán al centro de urgencias de enfrente y los conseguirán allí”», afirmó Hyun. «Existen motivaciones económicas. Los médicos quieren conservar a sus pacientes».

Las desventajas de los antibióticos

¿Existen soluciones? Hyun descubrió que cuando él podía pasar tiempo con sus pacientes y sus padres, explicando por qué los antibióticos no eran el tratamiento apropiado, era menos probable que los padres insistieran en la receta. El CDC respalda que las consultas médicas coloquen carteles y «cartas de compromiso» que insistan en que quieren ser conservadores.

La agencia también pide a los médicos que insistan a los pacientes que los antibióticos también tienen desventajas, no solo la amenaza remota de resistencia a los antibióticos, sino también el riesgo inmediato de desarrollar colitis pseudomembranosa cuando los antibióticos matan la flora bacteriana.

«Cuando hablamos con pacientes sobre los efectos adversos de los antibióticos, se sorprenden; no sabían que existían y les molestaba que sus médicos no les hablaran de ellos», afirma Hicks. «Tenemos que mejorar la comunicación de los beneficios y los riesgos de los antibióticos: son medicamentos milagrosos, pero también deberíamos ser mucho más precavidos a la hora de usarlos».

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