Ciencia

Hallan partículas de la contaminación del aire en el lado fetal de la placenta

Un nuevo estudio descubre que las partículas de carbono negro que respiramos debido a la contaminación ambiental pueden llegar hasta la placenta de las mujeres embarazadas. miércoles, 18 de septiembre de 2019

Por Cristina Crespo Garay - National Geographic
Con el objetivo de hallar las partículas procedentes de la contaminación del aire en la placenta, el equipo de investigadores utilizó imágenes de alta resolución para descubrirlas en las placentas de 28 nacimientos, 5 de ellos prematuros.

Desde bajo peso en los recién nacidos hasta partos prematuros, pasando incluso por la restricción del crecimiento intrauterino, los efectos secundarios que la ciencia ha puesto sobre la mesa alertan desde hace años del riesgo que supone la contaminación atmosférica durante el embarazo.

Ahora, un nuevo estudio publicado en la revista Nature alerta de la existencia de partículas de carbono negro en el lado fetal de la placenta de 28 mujeres embarazadas que han sido expuestas a la contaminación atmosférica.

“Nuestro hallazgo de que las partículas de carbono negro se acumulan en el lado fetal de la placenta sugiere que las partículas ambientales podrían transportarse hacia el feto”, afirman los autores en su estudio. “Representa un mecanismo potencial que explica los efectos perjudiciales para la salud de la contaminación desde la vida temprana en adelante”.

Según la Organización Mundial de la Salud, el 90% de la población mundial vive en lugares donde la contaminación del aire está por encima de las cifras recomendadas. Los combustibles fósiles son en gran parte la causa de que estas partículas de carbono negro sobrevuelen nuestras ciudades a diario.

Con el objetivo de hallar el hollín en la placenta, el equipo de investigadores, liderado por Tim Nawrot de la Universidad de Hasselt, en Bélgica, utilizó imágenes de alta resolución. Así, descubrieron estas partículas en las placentas de 28 nacimientos, 5 de ellos prematuros.

El equipo también examinó las placentas de abortos espontáneos y descubrieron que las partículas de carbón tenían presencia incluso en fetos de 12 semanas.

A mayor exposición, mayor presencia  

Los investigadores descubrieron además que la presencia de estas partículas en la placenta estaba relacionada de forma directamente proporcional a la exposición. Para ello, midieron los niveles de carbón negro presentes en diez madres que habían estado expuestas a altos niveles de contaminación, frente a otras diez que habrían estado poco expuestas.

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“Numerosos estudios han demostrado indiscutiblemente que la inhalación de partículas provoca problemas de salud mucho más allá de los pulmones”, afirman los autores del estudio. “Hasta ahora, no está claro cómo se producen exactamente los efectos adversos en el feto, pero se han propuesto varios mecanismos potenciales que incluyen formas directas e indirectas”.

El desarrollo fetal es un momento crítico de susceptibilidad debido a lo que se conoce como la hipótesis de Barker, que afirma que “la etiología de las enfermedades en la edad adulta puede tener un origen fetal y puede atribuirse a los efectos adversos de las exposiciones ambientales en el útero”.

La contaminación del aire podría estar dañando todas nuestras células

Además de los efectos en el período de embarazo, la investigación en diferentes lugares del mundo con niveles de partículas de contaminación ambiental alta, moderada y baja demostró que “la exposición a largo plazo a la contaminación atmosférica por partículas impide el rendimiento cognitivo”.

El estudio hace referencia a una investigación de Maher donde una autopsia encontraba restos de partículas provenientes de la contaminación atmosférica en la corteza frontal de varias muestras cerebrales. “Este último fue uno de los primeros estudios que proporcionó evidencia de translocación de partículas en humanos”, pero posteriormente también se han encontrado evidencias en la orina de niños sanos.

Tras valorar los descubrimientos que pone este nuevo estudio sobre la mesa, los autores afirman que es imprescindible continuar estudiando si estas partículas son capaces de llegar al feto y qué efectos tendrían sobre él.

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