Un virus mortal se propaga entre los mamíferos marinos ante el derretimiento del hielo ártico

Con el agravamiento del cambio climático, los científicos temen que el virus —que antes solo estaba presente en aguas europeas— pueda propagarse a la costa oeste de Estados Unidos.viernes, 8 de noviembre de 2019

Los leones marinos de Steller nadan en la costa de la Columbia Británica. A los científicos les preocupa que un virus mortal que está matando a los leones de mar en el norte se propague hacia el sur con el deshielo e infecte a los mamíferos marinos de la costa californiana.
Los leones marinos de Steller nadan en la costa de la Columbia Británica. A los científicos les preocupa que un virus mortal que está matando a los leones de mar en el norte se propague hacia el sur con el deshielo e infecte a los mamíferos marinos de la costa californiana.
foto por Thomas P. Peschak, Nat Geo Image Collection

Cuando en 2004 diagnosticaron Phocine distemper virus (PDV) a las nutrias marinas de Alaska, los científicos estaban confusos. El patógeno del género Morbillivirus, que incluye virus como el sarampión, solo se había diagnosticado en Europa y en la costa este de Norteamérica.

«No comprendíamos cómo había acabado un virus del Atlántico en estas nutrias marinas. No es una especie que se extienda tan ampliamente», afirma Tracey Goldstein, científica de la Universidad de California Davis que investiga el desplazamiento de los patógenos por ecosistemas marinos.

Basándose en 15 años de datos recopilados entre 2001 y 2016, Goldstein y su equipo de investigación observaron repuntes del PDV que se correspondían con descensos de la banquisa ártica. Es probable que esta nueva área para las nutrias permitiera que los animales infectados se desplazaran al oeste, a nuevos territorios donde el virus no se había manifestado. Los resultados del estudio, publicados en la revista Scientific Reports, ponen de manifiesto cómo el cambio climático podría abrir nuevas vías para la propagación de enfermedades.

De Europa a Norteamérica

El PDV se detectó por primera vez en 1988 en el norte de Europa, donde se estima que murieron 18 000 focas, la mayoría focas comunes. Se produjo un brote similar en 2002. No está claro dónde se originó el PDV. Algunas investigaciones sugieren que procede del Ártico, pero se han hallado variaciones del distemper en decenas de animales. Los veterinarios vacunan con regularidad a los perros contra la versión canina de la enfermedad, el moquillo.

En focas, al igual que en perros, los síntomas del virus incluyen dificultades respiratorias, secreción por la nariz y los ojos, fiebre y, en mamíferos marinos, nado errático.

Se propaga mediante el contacto directo o si un animal entra en contacto directo con excrementos infectados.

«Se ha demostrado que el virus se propaga con bastante facilidad entre mamíferos marinos», afirma Shawn Johnson, vicepresidente de medicina veterinaria del Centro de Mamíferos Marinos de Sausalito, California.

El primer gran brote de PDV en la costa este de Estados Unidos se produjo en 2006. A lo largo del último año, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica ha registrado lo que describen como cifras anormalmente altas de focas muertas de Maine a Virginia. Los resultados de los análisis han demostrado que el PDV es el culpable principal.

Para determinar cuándo y dónde se propagó el PDV desde Europa septentrional al Pacífico septentrional en la costa de Alaska, Goldstein y su equipo revisaron estudios y registros de muestras biológicas tomadas a 2530 ejemplares vivos y 165 muertos de especies de fócidos que pasan al menos parte de sus años en el hielo ártico. A continuación, analizaron datos que mostraban el alcance de la banquisa en cada época del año, denominados extensión del hielo ártico. En los años en los que la extensión del hielo ártico era baja, los años posteriores mostraban un repunte del PDV.

El estudio recopiló datos por última vez en 2016. En los últimos tres años, la banquisa ártica ha seguido menguando.

Nuevas vías de infección

La banquisa abre nuevas rutas migratorias para los mamíferos marinos, lo que permite que se trasladen con más facilidad del Atlántico al Pacífico pasando por el círculo polar ártico. Goldstein afirma que el estrés añadido de necesitar buscar comida más lejos puede debilitar los sistemas inmunológicos de los animales, convirtiéndolos en blancos fáciles para la enfermedad.

«Recorren más distancia para buscar alimento. Esto afecta a la salud en general y son más susceptibles a las enfermedades», afirma.

Como hay muchas especies marinas que migran cada año al Ártico, este podría ser un lugar donde la enfermedad puede multiplicarse y propagarse.

«El Ártico podría ser un hervidero para la transmisión de enfermedades», afirma Johnson.

La enfermedad aún no se ha detectado en California, pero Johnson afirma que él y otros científicos permanecen alerta. Según él, existe la posibilidad de que el virus se expanda hacia el sur. Muchas de las especies marinas de California migran al norte e interactúan con los animales de regiones septentrionales donde se ha documentado la enfermedad.

Imágenes de un encuentro con un lobo marino muy juguetón
Imágenes de un encuentro con un lobo marino muy juguetón
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Los científicos afirman que es posible vacunar a algunos mamíferos marinos contra el PDV, pero hacerlo a una escala lo bastante grande como para prevenir la expansión de la enfermedad no es tarea fácil. Las focas monje de Hawái son vacunadas con regularidad contra el PDV. Solo quedan unos 1400 ejemplares de esa especie y, aunque la enfermedad aún no ha migrado tan al sur, el impacto potencial que podría tener preocupa a los conservacionistas.

Goldstein afirma que aún queda mucha incertidumbre sobre la enfermedad y sobre su evolución conforme el cambio climático siga reduciendo el Ártico.

Además del PDV, Johnson explica que están supervisando otras enfermedades que están aumentando como consecuencia del cambio climático. La leptospirosis, una bacteria que puede transmitirse de animales a humanos, aumenta; también incrementan las proliferaciones de algas, que infectan a los peces con una toxina que provoca daños cerebrales en mamíferos marinos.

«Debemos permanecer alerta y tener los ojos abiertos», afirma Johnson. «Podrían producirse cambios significativos en las enfermedades que se propagan».

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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