Este hongo multirresistente se extiende en hospitales afectados por la COVID-19

A los médicos les preocupa que un peligroso hongo levaduriforme que puede colonizar la piel de una persona sin causar síntomas esté aumentando debido a que los centros médicos están saturados.

Monday, October 26, 2020,
Por Sophie Cousins
Una ilustración por ordenador del hongo unicelular Candida auris

Una ilustración por ordenador del hongo unicelular Candida auris. El C. auris se identificó en 2009. Provoca infecciones graves resistentes a los fármacos en pacientes hospitalizados y tiene tasas de mortalidad elevadas. Este hongo multirresistente provoca infecciones en el torrente sanguíneo, la piel y los oídos y también se ha aislado a partir de muestras respiratorias y urinarias.

Fotografía de Science Photo Library / Alamy Stock Photo
National Geographic presenta un Especial COVID-19, tres rigurosos documentales sobre los antecedentes, la situación actual y el futuro de la pandemia que ha azotado duramente al mundo en 2020. Estreno el 29 de noviembre a las 16:00 h, en National Geographic. 

Durante las vacaciones de Navidad de 2015, Johanna Rhodes recibió un email de un médico aterrado que trabajaba en el Royal Brompton Hospital, el centro para enfermedades del corazón y los pulmones más grande del Reino Unido. Un horrendo hongo levaduriforme estaba invadiendo la piel de los pacientes, propagándose por la unidad de cuidados intensivo a pesar de que el hospital mantenía protocolos exhaustivos de control de infecciones.

«El médico me pidió que lo analizara... Y yo pensé: “¿Qué mal puede hacer?”», recuerda Rhodes, experta en enfermedades infecciosas del Imperial College London que estudia la resistencia a los antifúngicos. Rhodes intervino para ayudar a uno de los mejores hospitales de cardiología del mundo a identificar al patógeno y eliminarlo. El microbio era el Candida auris, que por aquel entonces era poco conocido. Lo que vio la dejó anonadada: «Crees que la COVID-19 es mala hasta que ves el Candida auris».

El Candida auris es un hongo multirresistente, un patógeno que puede evadir los fármacos creados para erradicarlo, y los indicios preliminares sugieren que la pandemia de COVID-19 podría estar impulsando las infecciones de este hongo peligroso. Esto se debe a que el C. auris es muy prominente en entornos hospitalarios, que este año están abarrotados de pacientes debido al coronavirus.

El hongo multirresistente se fija a superficies como las sábanas, las barandillas de las camas, las puertas y los instrumentos médicos, lo que facilita que colonice la piel y pase de una persona a otra. Además, los pacientes que tienen tubos que se introducen en el cuerpo, como catéteres y tubos para respirar o alimentarse, corren más riesgo de infecciones por C. auris, y estos procedimientos invasivos se han vuelto más habituales debido a la insuficiencia respiratoria asociada a la COVID-19.

«Por desgracia, hay lugares donde hemos observado un rebrote de C. auris», afirma Tom Chiller, director de la rama de enfermedades micóticas de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos. «También hemos visto que se ha introducido en las unidades de cuidados intensivos y también en algunas unidades de COVID-19... ahí lo que nos preocupa es que, una vez se establece en un lugar, cuesta deshacerse de él».

Antes de su aparición en 2009, los hongos del género Candida eran conocidos por provocar casos benignos de candidosis, una proliferación de color blanco en la lengua o los genitales. Desde entonces, se han propagado unos pocos miles de infecciones de C. auris a al menos 40 países, donde las han vinculado a muertes en un 30 a un 60 por ciento de los casos. En cambio, el coronavirus mata aproximadamente a un uno por ciento de los contagiados, pero ha afectado a una mayor cantidad de personas en un periodo breve.

Se teme que, si el C. auris se vuelve más habitual en hospitales o el público general, pueda reforzar la crisis creciente de los microbios multirresistentes, que ya infectan a millones de personas en todo el mundo. El año pasado, los CDC clasificaron el C. auris como una de las mayores amenazas de farmacorresistencia en Estados Unidos. Ahora, aunque es demasiado pronto para confirmar un efecto dominó directo, Estados Unidos ha registrado 1272 casos confirmados de C. auris en 2020, un aumento de un 400 por ciento respecto al total registrado durante todo el 2018, el año más reciente con datos disponibles.

Con todo, es probable que la cifra real sea mucho más elevada, ya que la pandemia de COVID-19 ha paralizado gran parte de la supervisión de enfermedades causadas por el C. auris en hospitales y porque el hongo puede colonizar la piel de una persona sin causar síntomas.

Estos hongos multirresistentes también podrían contribuir a las decenas de miles de muertes adicionales que han ocurrido en la era de la COVID-19. Por eso médicos de todo el mundo han expresado su preocupación.

«¿Cómo lo tratamos?»

En 2011, Anuradha Chowdhary estaba trabajando en su laboratorio de Nueva Delhi cuando recibió de forma imprevista un montón de muestras de sangres de dos hospitales de la vasta ciudad. Habían aparecido micosis (infecciones fúngicas) misteriosas en unidades de cuidados intensivos y salas de neonatología, así que Chowdhary, profesora de micología médica en el Vallabhbhai Patel Chest Institute de la Universidad de Delhi, fue contratada para identificar el microbio mediante el análisis genético y para recomendar el fármaco idóneo para tratarlo. Los resultados la dejaron estupefacta.

Cuenta que las muestras del hongo levaduriforme tomadas a los pacientes —denominadas cepas aisladas— no figuraban en el sistema de identificación que emplean los laboratorios de microbiología para rastrear las infecciones fúngicas. «Era Candida auris. Tuve que preguntar qué era el C. auris».

El hongo multirresistente acababa de ser identificado dos años antes en el oído de un paciente (de ahí «auris», que significa oído en latín), pero Chowdhary no lo había visto jamás. La mayor sorpresa fue que todos los especímenes eran resistentes al fluconazol, el medicamento de primera línea para tratar diversas micosis y candidosis. Desde que su grupo y ella publicaron su estudio sobre el brote de Nueva Delhi en 2013, se ha descubierto que el C. auris casi siempre es resistente a esta medicación y a los parientes químicos de su familia, conocidos como azoles. Algunas variantes también son inmunes a las otras dos clases principales de medicamentos antifúngicos.

Por eso Chowdhary ha empezado a examinar a los pacientes críticos con COVID-19 ingresados en una UCI de Delhi que han contraído candidemia, una micosis por Candida en el torrente sanguíneo. En un estudio pequeño publicado el 27 de agosto, su equipo descubrió que de 10 a 15 de dichos pacientes tenían C. auris multirresistente, que probablemente contrajeron dentro del hospital.

Todas las muestras eran resistentes al fluconazol, pero cuatro de las cepas aisladas de C. auris también eran resistentes a la anfotericina B, un antifúngico de segunda línea. La resistencia a dos clases de medicamentos resulta muy preocupante porque la India apenas tiene acceso a la tercera opción de tratamiento antifúngico: las equinocandinas. Seis de los pacientes fallecieron.

Resolver este misterio médico salvó innumerables vidas
Te contamos la historia de cómo un duelo del siglo XIX condujo a un avance en la medicina. El químico Louis Pasteur fue retado a demostrar que unos agentes invisibles (microbios) causaban enfermedades, algo que logró utilizando ovejas. Con la atención de medios de todo el mundo y 50 ovejas a su disposición, la comunidad científica aguardó con gran expectación la revelación que revolucionaría las ciencias médicas y salvaría innumerables vidas.

«Ahora mismo nos preocupa ver casos publicados de pacientes con COVID-19 y otras micosis, casos en los que la gente enferma de gravedad y muere», afirma Rhodes, mientras ella y otros médicos del Reino Unido afrontan la oleada otoñal de casos de coronavirus. «Contamos con ver lo mismo con el C. auris».

Tanto ella como Chowdhary insisten en la importancia de las pruebas y el rastreo de contactos, intervenciones fundamentales para el control de la COVID-19 que también son cruciales en la lucha contra la propagación del C. auris. Ambas piden que se examine a los pacientes de forma rutinaria en busca del hongo resistente, pruebas que consisten en tomar una muestra de piel, sangre u orina para analizar el ADN del hongo. Cuando un paciente da positivo en C. auris, se lleva a cabo un procedimiento médico llamado antibiograma para determinar si alguna de las tres clases de antifúngicos puede aliviar la infección.

Estas tácticas pueden ayudar a rastrear las muertes provocadas por el hongo multirresistente, un proceso que suele complicarse porque el microbio suele contraerse en hospitales en personas que ya padecen otra enfermedad.

«Si no lo identificamos, entonces no sabemos si un paciente muere de COVID-19 o de otra infección», afirma Chowdhary, pero «si es resistente a los medicamentos, ¿cómo lo tratamos?».

El duelo pandémico

En 2019, la Organización Mundial de la Salud clasificó la resistencia a los antibióticos como una de las diez mayores amenazas para la salud global. La agencia teme que la humanidad regrese a una época en la que las infecciones fáciles de tratar —como la tuberculosis y la gonorrea— ya no puedan controlarse.

El uso excesivo de medicamentos antimicrobianos en animales de granja y en la medicina humana se ha vinculado como causa de la aparición de microbios multirresistentes. Pero con vistas al futuro, Ramanan Laxminarayan, fundador y director del Center for Disease Dynamics, Economics & Policy en Washington, D.C., dice que a él y otros investigadores les preocupa el papel que desempeñará el cambio climático en la propagación de micosis.

“A los investigadores les preocupa el papel que desempeñe el cambio climático en la propagación de micosis.”

Una análisis de investigaciones publicado el año pasado en mBio, una revista de la Sociedad Estadounidense de Microbiología, sugiere que el C. auris «podría ser el primer ejemplo de una nueva micosis derivada del cambio climático». Cuando los humanos sufrimos infecciones, solemos desarrollar fiebre como defensa. Las altas temperaturas ayudan a acabar con los microbios, un concepto conocido como zona de restricción térmica de los mamíferos. El informe sostiene que, a medida que las especies fúngicas como el C. auris se adaptan a las mayores temperaturas ambientales debido al calentamiento global, podrán traspasar esta defensa térmica. Esto quiere decir que, en el futuro, no solo podríamos ver cómo se propagan las micosis existentes, sino que habrá nuevas infecciones que afectarán a los humanos.

«La resistencia fúngica podría ser tan peligrosa como la resistencia a los antibióticos», afirma Laxminarayan, señalando bacterias resistentes como la Clostridioides difficile y la tuberculosis multirresistente. Estas bacterias representan un 99 por ciento de los 2,8 millones de infecciones por microbios resistentes que se producen cada año en Estados Unidos, que provocan aproximadamente 35 000 muertes.

La India se ha considerado durante años un semillero de farmacorresistencia y ahora el país se ha convertido en el epicentro de la COVID-19 en Asia. En Nueva Delhi, la mitad del personal de laboratorio de Anuradha Chowdhary ha dado positivo en COVID-19. Dos han fallecido. Pese a estas dificultades personales, Chowdhary agradece que la gente abra los ojos ante los peligros que plantea el C. auris.

«Al principio, todo el mundo pensó que era un problema exclusivo de la India, que esto no era problema suyo», afirma. «Tuve dificultades y trabajé sola, pero ahora me alegra que el mundo esté trabajando en este tema. Las micosis no deberían ignorarse».

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.
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