La crisis de la India demuestra que el oxígeno es un tratamiento esencial al que no todos tienen acceso

La escasez de oxígeno ha afectado a hospitales de todo el mundo debido a la distribución desigual, pero los expertos afirman que hay una forma de cerrar esta brecha.

Publicado 6 may. 2021 14:39 CEST
Familiares de un paciente con COVID-19 empujan un carro con bombonas de oxígeno

NUEVA DELHI, INDIA - 23/04: Los familiares de un paciente con COVID-19 empujan un carro con bombonas de oxígeno vacías para rellenarlas en un centro de rellenado de oxígeno en la Vieja Delhi. La India se está quedando sin oxígeno durante la segunda ola de la pandemia de COVID-19.

Fotografía de Naveen Sharma, SOPA Images/Light Rocket via Getty Images

El oxígeno es un tratamiento médico esencial para salvar vidas humanas. Pero en las últimas semanas ha quedado claro lo fundamental que es a medida que la India afronta la ola mortal de casos de COVID-19. Los trenes recorren el país a toda velocidad para entregar oxígeno desde la ciudad oriental de Angul a la capital, Delhi, y otras regiones. Por su parte, las redes sociales se llenan de súplicas desesperadas de personas que se ven obligadas a ver cómo sus familiares se asfixian poco a poco.

Durante la pandemia de COVID-19, la escasez de oxígeno médico ha afectado a hospitales de BrasilPerúNigeriaJordaniaItalia, entre otros. En Estados Unidos, el suministro de oxígeno en los hospitales de Nueva York y California ha sido peligrosamente bajo en algunas ocasiones. Junto a la crisis de la India, estas situaciones han recibido atención internacional.

Pero esta escasez no es un fenómeno nuevo. Los expertos afirman que la pandemia está agravando la brecha de acceso al oxígeno que causa innumerables muertes cada año en países de ingresos medios y bajos.

«Lo que ha hecho la COVID es sacar a la luz lo frágiles que son los sistemas del oxígeno durante años», afirma Mphu Ramatlapeng, vicepresidenta ejecutiva de implementación de la Clinton Health Access Initiative (CHAI), reciente finalista de una subvención de 100 millones de dólares de la Fundación MacArthur para financiar su propuesta para garantizar acceso al oxígeno en la India, Nigeria, Etiopía, Kenia y Uganda. «Mi peor pesadilla era que pasara algo como la COVID».

¿Por qué es tan difícil que los países obtengan oxígeno suficiente, uno de los elementos vitales más fundamentales? A continuación, analizamos las complejidades de administrar oxígeno médico, el trabajo de los científicos para hallar soluciones y cómo la pandemia ha hecho que la comunidad internacional responda más enérgicamente, antes de que otro país corra la misma suerte que la India.

La brecha de acceso al oxígeno

El oxígeno médico es una forma más concentrada de oxígeno que el que está en el aire que respiramos. La atmósfera de la Tierra está compuesta principalmente de nitrógeno y solo el 21 por ciento del aire normal es oxígeno. Sin embargo, el oxígeno médico tiene un mínimo de 82 por ciento de oxígeno puro, que se obtiene a través de un proceso químico. Su uso moderno como medicamento terapéutico se remonta a la Primera Guerra Mundial, cuando se lo administraban a soldados expuestos a gas mostaza en las trincheras europeas.

La oxigenoterapia es fundamental para las enfermedades respiratorias como la COVID-19 o la neumonía, que es la causa principal de muerte en niños en países de bajos ingresos. Una importante complicación mortal de la neumonía es la hipoxemia, que ocurre cuando una persona tiene bajos niveles de oxígeno en sangre. Cuando el oxígeno en sangre es bajo, los órganos del cuerpo empiezan a apagarse.

«Tus células necesitan oxígeno para sobrevivir», explica Michael Hawkes, profesor adjunto de pediatría en la Universidad de Alberta que supervisa un programa de administración de oxígeno con energía solar que trabaja principalmente en Uganda. «El motivo de que tengamos un torrente sanguíneo es para que el oxígeno llegue a ellos».

El oxígeno también puede salvar vida por varios motivos. La hipoxemia puede ser una complicación de muchas afecciones, como la malaria, las enfermedades cardiovasculares o los traumatismos en los que los pacientes pierden mucha sangre. La administración de oxígeno da tiempo al cuerpo mientras los médicos tratan la fuente del problema. Los médicos también administran oxígeno cuando los pacientes son anestesiados para una cirugía.

«El uso de oxígeno está básicamente en todos los aspectos de nuestras vidas en el mundo médico», afirma Ramatlapeng.

Pero el oxígeno no siempre está disponible para los pacientes en países de ingresos medios y bajos. En 2014, un estudio en hospitales de Malaui reveló que solo el 22 por ciento de los pacientes que necesitaban oxígeno lo recibían. Un estudio en hospitales en el sudoeste de Nigeria realizado en 2019 desveló que solo podían administrar oxígeno al 20 por ciento de los niños que lo necesitaban. Y un estudio de 2020 descubrió que mejorar la calidad del programa de oxígeno en centros sanitarios de Papúa Nueva Guinea reducía las muertes pediátricas totales en un 40 por ciento y las muertes por neumonía en un 50 por ciento.

«Esto ha sido básicamente el trabajo de toda una década y demuestra que si se reparte oxígeno en centros sanitarios remotos donde la neumonía es un problema habitual en niños, se puede reducir la mortalidad en un 50 por ciento», afirma Trevor Duke, autor principal del estudio, pediatra de la Universidad de Melbourne y profesor adjunto de salud infantil en la Universidad de Papúa Nueva Guinea.

A pesar de las evidencias de que el oxígeno médico salva vidas, existen muchos retos complejos para que llegue a los centros sanitarios, empezando por la forma en que se suministra el oxígeno.

Cilindros, concentradores y tuberías de oxígeno

Los sistemas de suministro de oxígeno son diferentes dependiendo del lugar: centros sanitarios pequeños o grandes; entornos urbanos o rurales; o comunidades de altos o bajos ingresos.

Los mayores centros sanitarios del mundo obtienen oxígeno al por mayor. En este sistema, los hospitales tienen tanques enormes de oxígeno líquido in situ, que después suministran por el hospital a través de tuberías y pueden abrirse o cerrarse como un grifo. Este sistema es prohibitivo para centros más pequeños. Requiere acceso a empresas de gas —que tienen un monopolio relativo sobre el mercado— para rellenar los tanques. También supone una inversión enorme construir tuberías que, según Duke, «siempre tendrán fugas» en entornos de bajos ingresos.

En su lugar, los centros médicos de comunidades rurales o de bajos ingresos obtienen oxígeno médico en cilindros individuales rellenados por empresas de gas en plantas de oxígeno. Pero los cilindros a alta presión son pesados y peligrosos, por los que su transporte es caro, sobre todo hasta aldeas remotas que se encuentran a cientos de kilómetros de una planta de oxígeno. Los cilindros también se agotan constantemente. Normalmente solo tienen suficiente oxígeno para uno o tres días en el caso de un adulto, lo que quiere decir que un centro de salud necesita tener varios a mano.

«Se han visto las fotos de la India de personas que mueren porque se agota el oxígeno», dice Duke. «Así que hay mejores formas de hacerlo en las que hay un suministro continuo de oxígeno, como los concentradores de oxígeno».

Los concentradores de oxígeno han existido desde la década de 1970. Estas máquinas contienen cristales de zeolitas que absorben el nitrógeno del aire normal, dejando oxígeno concentrado que circula hasta el paciente a través de unos tubos conectados a las fosas nasales. Un concentrador puede administrar oxígeno a dos niños a la vez. Pero exigen electricidad continua, que no siempre se encuentra disponible.

«Un apagón puede resultar mortal», afirma Hawkes. «Si se apaga aunque sean unos minutos, un niño puede morir».

Por eso muchas de las personas que trabajan para cerrar la brecha de acceso al oxígeno han recurrido a los concentradores solares, que funcionan de la misma forma pero con paneles y baterías solares en lugar de electricidad. También está aumentando el uso de generadores de oxígeno, que son básicamente concentradores de oxígeno mucho más grandes que pueden utilizar los hospitales regionales de tamaño medio para llenar cilindros para centros más pequeños del distrito, un modelo radial.

Para comunidades de ingresos medios y bajos, Duke dice que lo ideal es una combinación de concentradores solares y generadores de oxígeno. Pero como demostró el estudio de 2020 en hospitales rurales de Papúa Nueva Guinea, donde Duke lleva trabajando casi tres décadas, un buen programa de oxígeno también requiere otro tipo de inversión.

«Es simple darle a alguien de la india un cilindro de oxígeno y una máscara y dejar que se vayan», afirma. «Pero no es un sistema, es una tirita».

Pulsioxímetros y capacitación del personal

No solo se necesita acceso al oxígeno para poder administrárselo a los pacientes de forma fiable. Los centros sanitarios deben tener trabajadores con conocimientos técnicos para utilizar y mantener concentradores de oxígeno, que Hawkes dice que, de lo contrario, podrían tener una vida útil de seis meses a un año. También deben contar con un sistema de gestión del suministro para que el personal sepa cuándo hay que realizar un nuevo pedido de cilindros de oxígeno, garantizando su disponibilidad constante.

También deben ser capaces de diagnosticar la hipoxemia. La hipoxemia es difícil de detectar en su fase inicial, con pocos síntomas clínicos hasta que avanza hasta tal punto que el paciente respira con dificultad.

Ahí es donde suelen entrar los pulsioxímetros. Estos pequeños dispositivos electrónicos, inventados en la década de 1970, se fijan al dedo de una persona para medir la saturación del oxígeno en sangre y se convirtieron en un procedimiento diagnóstico habitual en los hospitales estadounidenses para finales de la década de 1980. Son tan habituales en algunos países que muchos estadounidenses los compraron por pánico a principios de la pandemia.

«Es importante tenerlo en el punto de entrada de un centro médico», dice Ramatlapeng.

Pero Ramatlapeng añade que los pulsioxímetros no están disponibles en el 90 por ciento de los centros de salud en los países donde trabaja la Clinton Health Access Initiative. En muchos casos, todavía no se consideran igual de fundamentales que los termómetros o los tensiómetros.

En parte, esto se debe a la forma en que se registran las muertes. La hipoxemia rara vez se registra como causa de muerte salvo en casos raros como, por ejemplo, en alpinistas. Más bien, suele mencionarse la propia enfermedad —neumonía, malaria, enfermedad cardiovascular— en un certificado de defunción. Ramatlapeng afirma que por eso ni siquiera los profesionales sanitarios saben siempre cuántas vidas se pierden realmente por la hipoxemia.

«Las personas y los niños han muerto debido a la escasez de oxígeno durante años», afirma. «Creemos que ahora el oxígeno debe tomar protagonismo».

Un tratamiento esencial pero ignorado

Para cerrar la brecha de acceso al oxígeno se necesitarán inversiones cuantiosas por parte de la comunidad internacional, que históricamente ha sido deficiente en un paisaje de financiación que, según Duke, suele priorizar nuevos medicamentos y vacunas.

«Es un tratamiento esencial que se ha ignorado», afirma Duke. «El oxígeno es un medicamento esencial, pero un medicamento muy antiguo. Así que se ha dado baja prioridad al oxígeno en general».

Con todo, hay motivos para esperar que la pandemia de COVID-19 provoque un cambio en dichas prioridades a medida que pone de relieve lo fundamental que es el oxígeno médico para salvar vidas.

El otoño pasado, una coalición de ONG puso en marcha el COVID-19 Oxygen Needs Tracker, que permite que los donantes vean en tiempo real cuántos metros cúbicos de oxígeno se necesitan en países de ingresos bajos y medios cada día. Los resultados fueron tan impactantes que la OMS puso en marcha un grupo de trabajo sobre la emergencia del oxígeno por la COVID-19 con el fin de conseguir 90 millones de dólares en fondos inmediatos para las necesidades de oxígeno en países de ingresos medios y bajos y 1600 millones de dólares para el año siguiente.

Robert Matiru, director de programas de Unitaid, una agencia de salud global que lidera el grupo de trabajo, reconoció que las necesidades de oxígeno cobran impulso lentamente entre los donantes.

«Debería haber sido una llamada de atención antes de la India», afirma Matiru. «No debería haber hecho falta algo como esto para que los gobiernos vean lo importante que es».

Matiru afirma que el grupo de trabajo de la OMS tiene cuatro objetivos principales: concienciar sobre la crisis de oxígeno, fijar el precio de las necesidades de oxígeno de países de ingresos medios y bajos, vincular dichas necesidades a los fondos y reducir el precio del oxígeno. Aunque el grupo de trabajo se centrará en las necesidades creadas por la COVID-19, podría tener consecuencias a largo plazo a la hora de cerrar la brecha de acceso al oxígeno.

«Lo bueno es que, al invertir en oxígeno médico para la COVID, también se invierte en sistemas de oxígeno médico», afirma Matiru, que señala que las necesidades urgentes de la pandemia son necesidades a largo plazo en muchos países de bajos ingresos donde el despliegue de las vacunas es lento.

Sin embargo, Duke teme que la respuesta no sea lo bastante rápida para salvar a los países que probablemente sufran sus propias olas de casos de COVID-19 y que son mucho más vulnerables que la India. Con todo, espera que la pandemia dé lugar a una nueva comprensión de la importancia de invertir en buenos sistemas de oxígeno en lugar de solo en las últimas tecnologías.

«El mejor momento para hacer algo era hace años, pero todavía no es demasiado tarde».

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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