Cómo la segunda ola de COVID-19 de la India se convirtió en la peor del mundo

El aumento repentino de los casos ha saturado el sistema sanitario del país. No hay camas, ni oxígeno, ni medicinas. Y también hay variantes del virus.

Publicado 27 abr 2021 14:51 CEST
Funeral de un hombre que falleció de COVID-19

Con equipo de protección individual, los parientes asisten al funeral de un hombre que falleció de COVID-19, celebrado en un crematorio de Nueva Delhi, India, el 21 de abril de 2021.

Fotografía de Adrian Abidi, Reuters

Durante las últimas semanas, los mensajes de SOS han inundado las redes sociales de la India: los hospitales tuiteaban sobre la escasez de oxígeno y sobre médicos que veían morir a sus pacientes sin poder hacer nada, muertes evitables. Un periodista que pidió, sin éxito, una cama en el hospital, acudió a Twitter para documentar su empeoramiento hasta que murió. Los crematorios abrumados trabajan las 24 horas para poder seguir el ritmo de los cadáveres; algunos hornos se han fundido por el uso excesivo y se están construyendo plataformas funerarias adicionales al aire libre. Estos son los mensajes desgarradores y las imágenes perturbadoras que ponen de manifiesto la segunda ola de la pandemia de coronavirus que está arrasando el país.

La India batió el récord mundial del mayor número de nuevos casos de coronavirus esta semana, sobrepasando los 330 000 el viernes, mientras el número de víctimas se disparaba a un récord de 2263, según declaró el ministro de sanidad. Estados Unidos tenía el récord anterior de máximo número de casos nuevos en un día, 300 669, registrado el 8 de enero de 2021.

«Bajamos la guardia por completo y en enero asumimos que la pandemia había acabado, y la supervisión y el control de la COVID dejaron de ser una prioridad», dice K. Srinath Reddy, presidente de la Fundación de Salud Pública de la India. Pero «aún había una proporción bastante alta de personas en las grandes ciudades, pero también en ciudades pequeñas y aldeas, que no se habían expuesto al virus el año pasado y eran susceptibles».

A medida que los casos descendían entre septiembre de 2020 y febrero de 2021, el gobierno indio, encabezado por el primer ministro Narendra Modi, ignoró las advertencias de una segunda ola a pesar del hecho de que se identificaron nuevas variantes en enero, según medios locales.

«Seguimos advirtiendo de que la pandemia no se había acabado, pero nadie nos escuchaba», afirma Rakes Mishra, científico principal y director del Centro de Biología Celular y Molecular con sede en Hyderabad, que actualmente investiga si una nueva variante local —B.1.617— está detrás de la segunda ola de la India.

Tras la primera ola, Mishra dice que el sistema sanitario pasó a abordar otras urgencias médicas que se habían desatendido durante la primera ola y los centros dedicados a tratar la COVID-19 volvieron a realizar sus funciones previas.

En marzo, unas semanas antes de la nueva ola, el ministro de salud indio y médico Harsh Vardhan afirmó que la India estaba al «final» de la pandemia de COVID-19, justificando la decisión del gobierno de exportar recursos médicos a otros países. La India había aumentado sus exportaciones de oxígeno a otros países en un 734 por ciento en enero de 2021. También exportó en torno a 193 millones de dosis de vacunas. Pero el panorama cambió drásticamente cuando la India empezó a registrar un incremento enorme de casos nuevos desde el 15 de abril, con más de 200 000 casos diarios; ahora, los hospitales están quedándose sin oxígeno. El 23 de abril, los medios indios informaron de que 25 pacientes de COVID enfermos de gravedad habían fallecido debido a la escasez de oxígeno en un hospital público de Delhi.

«La ola nos pilló por sorpresa y el sistema está totalmente colapsado», dice Mishra. Los indios son rechazados de los centros de vacunación porque se han agotado los suministros.

Los sanitarios transportan a un paciente tras un incendio en el hospital de COVID-19 Vijay Vallabh, cerca de Bombay, India, el 23 de abril de 2021. El incendio mató a 13 pacientes de COVID-19, mientras un aumento extremo de las infecciones por coronavirus provoca escasez de oxígeno y atención médica en el país.

Fotografía de Rajanish Kakade, AP

De la calma a la tempestad en un barrio de Nueva Delhi

A primera hora de la mañana del 22 de abril, en el Hospital de Kailash del sector 71 de Noida, un área residencial tranquila y arbolada, al menos 10 personas afectadas por el virus SARS-CoV-2 estaban esperando una tomografía computada alta resolución, una técnica sofisticada empleada para determinar la inflamación en pacientes de COVID-19. Sus edades oscilaban de los 30 a los 60 años, y todos estaban esperando para descubrir los posibles daños causados por el coronavirus. Para la una de la tarde, esa cifra había ascendido a más de 50 personas.

Este vecindario a las afueras de la capital india que se encuentra en el estado vecino de Uttar Pradesh tiene una población de unos 637 000 habitantes —la mayoría vive en los rascacielos que salpican el perfil de la ciudad— y más de 3700 casos activos. El 18 de abril, registró 700 casos nuevos, el máximo repunte en un día en el estado desde el comienzo de la pandemia el año pasado.

En lo que supone un marcado contraste con el año pasado, las autoridades actualizan el número de casos a diario dentro de los complejos residenciales. Los chats están plagados de súplicas de entrega de comida, productos de higiene doméstica, medicinas y otros artículos relacionados con la COVID-19, ya que los hospitales rechazan a pacientes enfermos de gravedad y las farmacias tienen dificultades para abastecerse de medicamentos como paracetamol o Fabipiravir, un antiviral para tratar síntomas de COVID-19 leves o moderados.

«Rechazamos de 10 a 15 pacientes al día», cuenta Monu (que no revela su apellido), auxiliar de enfermería en el Hospital de Kailash. «No hay camas».

El 22 de abril, el Tribunal Superior de Delhi se había reunido para una audiencia especial a las 8 de la tarde, ante una petición urgente presentada por uno de los dos mayores hospitales de Delhi, Max Patparganj. El hospital había informado al tribunal que solo le quedaban tres horas de oxígeno, lo que ponía en peligro las vidas de sus 400 pacientes, 262 de los cuales habían dado positivo en COVID.

¿Es la doble mutante B.1.617 responsable del brote?

Esta segunda ola en la India se ha atribuido en gran medida a la variante B.1.1.7 —identificada en el Reino Unido—, que provocó un aumento de los casos en el estado de Punyab. Otra posible culpable es la variante local B.1.617, con dos mutaciones preocupantes, que se detectó en Maharashtra, el estado más afectado.

También se cree que esta variante, B.1.617, está provocando nuevas oleadas en Bangladés y Pakistán, y ha hecho que muchos países, como Estados Unidos, Canadá y el Reino Unido, desaconsejen que sus ciudadanos viajen a la región.

El Instituto para la Medición y Evaluación de la Salud de la Universidad de Washington afirma que los estudios de seroprevalencia, —que miden el porcentaje de personas de una población que tienen anticuerpos contra el virus del SRAS-CoV 2— y sus propios modelos sugieren que la nueva oleada está relacionada con las «variantes resistentes», que pueden anular la inmunidad proporcionada por una infección previa. Las vacunas también tienen menos eficacia contra estas variantes. Sin embargo, los experimentos realizados en el instituto de Mishra el 22 de abril revelaron que la B.1.617 no era resistente a la protección otorgada por Covishield (también conocida como la vacuna de AstraZeneca), una de las vacunas ofrecidas en la India

«Una segunda ola mayor es una tendencia global e histórica de esta infección», afirma el epidemiólogo Rajib Dasgupta, presidente del Centro de Medicina Social y Salud Comunitaria de la Universidad Jawaharlal Nehru de Nueva Delhi. Añade que, una vez que se identifica una nueva variante, hay que investigar su epidemiología y trasladar los recursos clave a las zonas afectadas para reforzar su capacidad.

En la India, la ola es específica de distritos particulares dentro de un estado. Esto no es «como lo que ocurre en el Reino Unido, por ejemplo, donde se descubrió que la variante británica era responsable del 70 al 80 por ciento de los casos», afirma Dasgupta. «La India es tan grande y heterogénea que cabe esperar que aparezcan múltiples variantes, que habrá que identificar y rastrear».

Señala que, dondequiera que surja una nueva variante, lo más probable es que provoque una propagación más rápida, sobre todo si se trata de una variante resistente. Identificar esas variantes y adaptar la respuesta son medidas que pueden ayudar a contener las olas con mayor eficacia, añade. «En realidad, en un país como la India, una epidemia es varias epidemias y hay que tener varias estrategias para hacerles frente», dice Dasgupta.

El instituto de Mishra también descubrió que la doble mutante solo es responsable de alrededor del 10 por ciento de los casos en el país. En Maharashtra, donde esta variante es dominante, solo representa el 30 por ciento de los casos. «Yo achacaría este aumento al comportamiento humano», dice Mishra.

Trabajadores migrantes aguardan frente a la estación de Lokmanya Tilak Terminus en Bombay, India, el 14 de abril de 2021, para regresar a sus casas en tren durante la pandemia de coronavirus. Los expertos sanitarios temen que con el regreso a casa de muchos trabajadores urbanos, la propagación del virus acelere y devaste aldeas que carecen de los medios para combatirla.

Fotografía de Atul Loke, The New York Times

Euforia prematura por la inmunidad de grupo 

Normalmente, a nivel mundial, se culpa al comportamiento humano de las segundas olas. Durante la segunda ola en Estados Unidos, que duró 45 días, Lisa Maragakis, especialista en enfermedades infecciosas de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, escribió en un artículo que «tras muchos meses de actividades canceladas, problemas económicos y estrés, la gente está frustrada y harta de tomar precauciones contra el coronavirus» y que estos factores estaban «impulsando olas y repuntes de casos de COVID-19».

En la India, un año de agotamiento por la COVID también dio lugar a una euforia imprudente por la inmunidad de grupo a medida que los casos descendían en enero. Pero como dice Reddy, «en esta época tan móvil, si el mundo entero no adquiere una inmunidad considerable, [la inmunidad de grupo] no puede ocurrir».

Reddy afirma que las advertencias como esa fueron descartadas por la gente como «sentimientos negativos». Muchos de los conocidos de Mishra lo acusaron de crear una falsa alarma de una segunda ola. El 1 de abril, también se permitió la celebración del Kumbh Mela, un evento religioso anual. Como 3,5 millones de devotos indios se reunieron en el estado de Uttarakhand para darse un baño sagrado en el Ganges, no es de extrañar que se convirtiera en un evento de supercontagio, aunque no se sabrá su efecto total hasta dentro de unas semanas. A corto plazo, hizo que el número de casos diarios en Uttarakhand pasara de 30 a 60 casos en febrero a entre 2000 y 2500 este mes.

En octubre del año pasado se permitió la apertura de cines, colegios, centros comerciales, bares y restaurantes, se relajaron las restricciones del número de invitados en las bodas y los políticos recorrieron el país para dar mítines electorales, ya que cuatro estados indios acudían a las urnas para las elecciones regionales.

En Bengala Occidental, estado que está eligiendo un nuevo gobierno, las votaciones duran del 27 de marzo al 29 de abril, y el estado sigue celebrando mítines y actos electorales multitudinarios, pese a que están aumentando los casos diarios. El 1 de abril, el estado había documentado 6519 casos. En las últimas 24 horas se han registrado 12 000 nuevos casos y se prevé que el recuento ascenderá a 20 000 para el final de la semana.

También se ha identificado que la causa de muchas de las infecciones en el estado es una variante distinta, más infecciosa, denominada cepa de Bengala, una triple mutante. El 23 de abril, ante el aumento de los casos, el primer ministro Modi suspendió los mítines en Bengala Occidental.

Una «carrera a contrarreloj»

¿Podría haberse prevenido la segunda ola? Los expertos dicen que no, pero sí podría haberse contenido. «Normalmente, en todos los países la segunda ola es mucho mayor que la primera, y el motivo es que en la segunda ola se contagian muchos más adultos jóvenes», explica Dasgupta.

Un informe del Instituto para la Medición y Evaluación de la Salud, un centro independiente de investigación sobre salud global en la Universidad de Washington, sostiene que los casos diarios de COVID-19 de la India son el doble que en el pico anterior, en septiembre de 2020. El instituto prevé que el número de muertes por COVID-19 en la India se duplicará hasta las 665 000 personas para el 1 de agosto de 2021.

«Sin medidas drásticas para reducir las interacciones sociales y aumentar el uso de mascarillas, actualmente la situación de la India parece bastante desalentadora», indicaba el informe.

El instituto predice que las muertes diarias alcanzarán un pico de 5600 personas el 10 de mayo. También señala que, si la India lograra un uso de mascarillas universal para la semana que viene, podría prevenir 70 000 muertes.

Cuando llegue el 1 de mayo, todos los ciudadanos indios de más de 18 años podrán vacunarse. Si ocurre según lo programado, el instituto predice que podrían salvarse otras 85 600 vidas para el 1 de agosto.

Las próximas tres o cuatro semanas serán cruciales para contener la ola: «Es una carrera a contrarreloj», concluye Reddy.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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