El cráneo del «hombre dragón» podría ser una nueva especie, lo que cambiaría el árbol genealógico humano

El asombroso cráneo completo, oculto en un pozo durante décadas, ha suscitado un debate sobre la creciente cantidad de fósiles que no encajan en la historia clásica de los orígenes humanos.

Publicado 28 jun 2021 11:32 CEST, Actualizado 28 jun 2021 14:35 CEST
Reconstrucción del Hombre Dragón

El Hombre Dragón vivió hace más de 146 000 años en una región fría del nordeste de China, tal y como se representa en esta reconstrucción.

Fotografía de Chuang Zhao

El extraño cráneo apareció poco después de que los japoneses invadieran el nordeste de China a principios de la década de 1930. Unos vecinos estaban levantando un puente cerca de Harbin, una ciudad de la provincia más septentrional de China, cuando uno de los trabajadores se topó con una sorpresa entre el lodo del río. El cráneo humano, casi completo, tenía un cráneo alargado del que sobresalía un grueso hueso de la frente, que sombreaba los huecos que antes albergaban los ojos.

Además, el cráneo tenía un tamaño inusual: «Es enorme», cuenta el paleoantropólogo Chris Stringer, del Museo de Historia Natural de Londres.

Quizá siendo consciente de la magnitud del hallazgo, el hombre ocultó el cráneo en un pozo abandonado. Ahora, casi 90 años después, un estudio publicado en la revista The Innovation defiende que este cráneo representa una nueva especie humana: Homo longi, o el «hombre dragón».

Dos estudios adicionales revelan que el cráneo, muy bien preservado, probablemente procede de un varón que murió hace al menos 146 000 años. Su mezcla de rasgos anatómicos antiguos y modernos sugiere un lugar único en el árbol genealógico humano.

«He tenido en mis manos muchos otros cráneos y fósiles humanos, pero nunca uno como este», afirma el paleoantropólogo Xijun Ni, de la Academia China de las Ciencias, autor de los tres estudios.

Basándose en la forma y el tamaño del cráneo de Harbin, como se le suele llamar, y en comparándolo con otros fósiles conocidos, los investigadores plantean que está estrechamente relacionado con varios fósiles humanos desconcertantes de esta misma época que se han hallado en toda Asia. El análisis de los investigadores sugiere que todos estos fósiles pertenecen a un grupo estrechamente relacionado con nuestra especie, quizá incluso más que los neandertales.

«Es un fósil espectacular», afirma María Martinón-Torres, directora del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana de España, que no participó en estos estudios.

Sin embargo, la agrupación y designación propuestas de especies está suscitando un debate entre los científicos. Algunos expertos ven indicios tentadores de que el hombre dragón podría estar vinculado a los misteriosos denisovanos, un grupo hermano de los neandertales del que se han encontrado escasos restos fósiles: unos pocos dientes, un trozo de cráneo fracturado, un hueso del meñique y quizá una mandíbula rota.

Aunque está entusiasmada por la conservación y el mosaico de rasgos del cráneo de Harbin, «en este momento, no tengo tan claro lo diferente que es de otros grupos ya conocidos», dice Martinón-Torres.

Con todo, el cráneo subraya lo enmarañadas que están las ramas del árbol genealógico humano y cómo el estudio de todo el abanico de enigmáticos antepasados humanos y su distribución cambiante con el paso del tiempo podría ayudarnos a descifrar nuestros propios orígenes.

«Incluso como antropólogos, olvidamos que es rarísimo que seamos los únicos homínidos que quedan vivos», dice Laura Buck, antropóloga biológica de la Universidad John Moores de Liverpool, que no formó parte del equipo de estudio.

La historia del cráneo

Antes de su muerte, el trabajador que encontró el cráneo reveló el secreto a sus nietos, que se aventuraron al pozo para recuperar el premio en 2018. Qiang Ji, paleontólogo de la Universidad GEO de Hebei, en China, que dirigió la nueva investigación, se enteró del hallazgo y fue a echar un vistazo. Sin estar seguro de su importancia, sacó una foto para mostrársela a Ni.

«Me quedé estupefacto», recuerda Ni. El fósil no sólo estaba bien conservado, sino que presentaba una extraña mezcla de rasgos. El cráneo de Harbin es ancho y achaparrado, con una frente prominente habitual entre los homínidos antiguos. Solo queda un diente en el cráneo sin mandíbula, pero ese diente tiene tres raíces, un rasgo raro entre humanos modernos. Otras características —como sus pómulos delicados, que son planos y están situados en un punto bajo de la cara— recuerdan más a nuestra especie.

«Tienes una sensación muy extraña cuando miras las cuencas de los ojos», dice Ni. «Piensas que intenta decirte algo».

Ji convenció a la familia para que donara el espécimen al Museo de Geociencias de la Universidad GEO de Hebei y el equipo se puso a trabajar. Recopilaron información de 95 fósiles de cráneos, mandíbulas y dientes que representaban una serie de grupos de homínidos y caracterizaron más de 600 rasgos. A continuación, utilizaron un superordenador para construir miles de millones de árboles filogenéticos, herramientas empleadas para ilustrar las relaciones evolutivas entre homínidos, con el menor número de pasos evolutivos, lo que según la mayoría de los científicos es la posibilidad más probable. El árbol que surgió situó el cráneo de Harbin en una nueva rama estrechamente relacionada con nuestra especie.

«Me sorprendió ver esto», dice Stringer, que es autor de dos de los estudios que definen la agrupación y la antigüedad del fósil. Esperaba que el cráneo de Harbin fuera una rama de los neandertales.

El cráneo de Harbin, con su combinación de rasgos tanto modernos como antiguos, se suma a un número creciente de hallazgos fósiles en Asia que no encajan a la perfección en las ramas del árbol familiar humano.

Fotografía de Xijun Ni

Parte del equipo pensó que el cráneo de Harbin era tan diferente de otros fósiles de homínidos que debería ser clasificada como especie aparte. Ni, uno de los autores del tercer estudio que define la nueva especie, enumera la lista de rasgos que definen al hombre dragón: orificios oculares muy cuadrados, un cráneo largo y bajo, y la ausencia de una cresta a lo largo de la línea media del cráneo, entre otros.

«No es una sola característica la que lo distingue de los demás», dice. «Es una especie de combinación».

El debate sobre el hombre dragón

Con todo, no todos los científicos y expertos externos están de acuerdo en que el hombre dragón sea una especie distinta, ni tampoco en su posición relativa en el árbol genealógico de los homínidos.

Muchas de las características definitorias del cráneo parecen ser cuestiones de escala más que rasgos distintivos, señala Buck, de la Universidad John Moores de Liverpool. Incluso dentro de una misma especie, dice, cabe esperar cierta variación. Las diferencias de sexo, la edad del individuo, las adaptaciones regionales y la antigüedad del fósil, entre otras, pueden impulsar pequeños cambios individuales.

Si no es una especie por derecho propio, ¿qué era el hombre dragón? Stringer señala una mezcla similar de rasgos modernos y más antiguos en un fósil llamado cráneo de Dali, que el nuevo estudio clasifica en el mismo grupo que el cráneo de Harbin. Este cráneo, descubierto en la provincia de Shaanxi, en el noroeste de China, se considera una especie propia, Homo daliensis.

«Ya hay un poco de inflación de nombres de especies en antropología», añade Bence Viola, paleoantropólogo de la Universidad de Toronto que no formó parte del equipo del estudio. Cree que es preferible agrupar el cráneo con el H. daliensis o dejar a la especie sin nombre, en lugar de acuñar un nuevo nombre de especie.

Luego están los misteriosos denisovanos. Aunque no se reconoce formalmente como especie propia, es probable que este grupo habitara en Asia durante decenas de miles de años y se ha sugerido que muchos fósiles asiáticos son miembros de este grupo. Pero como los científicos solo han encontrado pistas fósiles escasas de su existencia, es necesario confirmarlo genéticamente, y la preservación del ADN se vuelve cada vez más improbable con los fósiles más antiguos.

En 2019, los científicos anunciaron el descubrimiento de una mandíbula fracturada en la meseta del Tíbet que probablemente perteneció a un denisovano, lo que convertiría el hueso en el primer fósil de estos humanos antiguos hallado fuera de la cueva que da nombre al grupo.

El nuevo árbol filogenético propuesto sugiere que el hombre dragón está más relacionado con la denominada mandíbula de Xiahe.

«Es probable que pertenezcan a la misma especie», dice Ni. Pero duda a la hora de llamar a la mandíbula (y, por consiguiente, al hombre dragón) denisovana, ya que la identidad de la mandíbula fracturada se obtuvo mediante proteínas extraídas de la mandíbula y ADN extraído de sedimentos, no del ADN de la mandíbula. El cráneo de Harbin también carece de mandíbula para su comparación física.

Viola, que formó parte del equipo que describió a los denisovanos, no está de acuerdo y señala que la identidad denisovana es la más lógica para la mandíbula de Xiahe. En cambio, señala que aunque el hombre dragón fuera denisovano, el nuevo análisis sitúa la rama del árbol que incluye tanto el cráneo de Harbin como la mandíbula de Xiahe separada de los neandertales.

Eso sería raro, ya que tal agrupación entra en conflicto con la historia de los denisovanos expuesta en anteriores estudios de su genética. Dichos análisis sugieren que el antepasado común de los neandertales y los denisovanos se separó de los predecesores del Homo sapiens hace unos 600 000 años. Ese ancestro se dividió en dos grupos: los neandertales se extendieron por Europa y Oriente Medio y los denisovanos se desplazaron a Asia.

Las relaciones entre estos grupos «están destinadas a ser estrechas y difíciles de resolver», escribe por correo electrónico la paleoantropóloga Katerina Harvati, que no participó en la investigación. «Creo que es probable que haya que investigar esto más minuciosamente una vez haya más pruebas», dice Harvati, de la Universidad Eberhard Karls de Tubinga, en Alemania.

Dragones congelados

Puede que haya más pruebas por llegar. El equipo que participa en las nuevas investigaciones está explorando la posibilidad de realizar análisis genéticos del hombre dragón, cuenta Ni. Con todo, están procediendo con cautela porque ese trabajo requiere destruir pequeñas muestras del fósil.

Independientemente de si el hombre dragón es o no una nueva especie, sus características bien conservadas nos recuerdan que la naturaleza rara vez se ciñe a las líneas y que la clasificación solo se volverá más compleja a medida que surjan nuevos hallazgos.

«Lo que se considera una especie es realmente una cuestión filosófica más que una verdad biológica», dice Buck. Las definiciones de las especies pueden ser útiles, dice, pero «en mi opinión, las preguntas más interesantes son... ¿cómo se adaptaron? ¿Y cómo existieron en el mundo?».

En este caso, el hombre dragón ofrece posibilidades interesantes. Se ignora el lugar exacto donde el trabajador lo sacó del barro, pero la región propuesta está en el extremo norte, dice Michael Petraglia, paleoantropólogo del Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana, que no participó en la investigación. Incluso en las condiciones relativamente templadas actuales, las temperaturas invernales en esta zona pueden caer en picado; hace unos 146 000 años, es improbable que fuera un lugar mucho más cálido.

El equipo especula que algunos de los rasgos del cráneo reflejan adaptaciones a un clima mucho más frío. Según Petraglia, es posible que el entorno haya aislado al hombre dragón y a sus congéneres de otros homínidos, lo que podría haber dado pie a algunas de las características que se observan en el fósil actual.

Stringer afirma que la base de datos completa del equipo y las imágenes detalladas del hombre dragón están ya a disposición del público, para que otros investigadores puedan explorar al homínido en profundidad. Muchos están ansiosos por hacerlo.

Como dice Sarah Freidline, de la Universidad de Florida Central, por correo electrónico: «La integridad del cráneo de Harbin es el sueño de todo paleoantropólogo».

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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