El hallazgo de un cráneo misterioso podría apuntar a un antepasado humano desconocido hasta ahora

Los restos se descubrieron junto a herramientas que se suelen asociar a los humanos modernos, pero tienen características de homínidos arcaicos que habían existido durante mucho más tiempo.

Publicado 25 jun. 2021 12:07 CEST, Actualizado 25 jun. 2021 13:47 CEST
Restos del cráneo de Nesher Ramla

Los investigadores emplearon los escasos restos del cráneo de Nesher Ramla para crear una reconstrucción virtual de un homínido que vivió hace relativamente poco, pero que tiene características muy arcaicas, como la ausencia de barbilla.

Fotografía de Ariel Pokhojaev, Facultad de Medicina Sackler, Universidad de Tel Aviv

 

Cuando los paleoantropólogos israelíes vieron por primera vez los restos fragmentarios de un cráneo de color pardo —parte de un neurocráneo plano y bajo, una mandíbula inferior sin barbilla casi completa y un solo diente—, enseguida se dieron cuenta de que no era... uno de nosotros.

A diferencia de nosotros los Homo sapiens, que tenemos cráneos altos y redondeados que contienen nuestros grandes cerebros, los restos que vieron los investigadores tenían características típicas de especies más antiguas de Homo que probablemente llegaron a Oriente Medio hace unos 450 000 años, un cuarto de millón de años antes de que apareciera el Homo sapiens. Por otra parte, el diente era muy similar a los hallados en poblaciones de homínidos locales datadas de hace 400 000 años, así como a los de los neandertales.

Sorprendentemente, este insólito cráneo con rasgos más bien arcaicos solo tenía entre 120 000 y 140 000 años, una época en la que ya existía el Homo sapiens. También estaba rodeado de herramientas de piedra avanzadas que a menudo se han considerado obra del Homo sapiens, de cerebro más grande, o posiblemente de neandertales. Para los paleoantropólogos, la tecnología compartida sugiere que es probable que distintos tipos de Homo se encontraran.

Esto complica el panorama de un periodo ya confuso que abarca de hace entre 770 000 y 126 000 años: el Pleistoceno Medio. En aquella época, África y Eurasia estaban pobladas por diversos homínidos arcaicos cronológicamente ubicados entre el Homo erectus anterior y más primitivo y los neandertales y los Homo sapiens, posteriores y más avanzados. Los restos de homínidos del Pleistoceno Medio, que a menudo muestran un mosaico de rasgos primitivos y modernos, suelen clasificarse como Homo heidelbergensis, una especie «comodín» que, según algunos científicos, ya se ha utilizado al máximo.

Pero los investigadores esperan que el nuevo hallazgo también proporcione claridad. En dos estudios publicados en la revista Science, los investigadores exploran las pruebas que proporciona este descubrimiento para determinar en qué lugar de árbol familiar de los homínidos encajan los restos y cómo podrían estar conectados a otras poblaciones.

«Sabíamos que el Homo sapiens estaba en esta región en torno a esta época, pero hasta ahora carecíamos de pruebas de que aún existieran otros tipos de Homo en este periodo», afirma Hila May, paleoantropóloga de la Universidad de Tel Aviv y una de las varias autoras del estudio.

«Las consecuencias son impresionantes», dice el antropólogo de la Universidad de Tel Aviv Israel Hershkovitz, explorador de National Geographic y autor principal del estudio de Science que describe los huesos. «Dos grupos de Homo coexistieron en el levante durante casi 100 000 años, intercambiando conocimiento y genes».

Habilidades impresionantes

El descubrimiento procede de un yacimiento llamado Nesher Ramla, ubicado en una cantera en la parte central de Israel. Cuando en 2010 las excavadoras revelaron por accidente un conjunto de herramientas de piedra prehistóricas, los arqueólogos pasaron casi un año excavando pruebas prodigiosas de actividad de caza hace entre 140 000 y 100 000 años: junto a decenas de miles de herramientas de piedra estaban los restos de diversos animales, como tortugas, gacelas y ciervos, así como evidencias de despiece y hogueras.

Los investigadores consideran que las herramientas halladas en Nesher Ramla son bastante avanzadas. Originalmente, nuestros antepasados homínidos transformaban las piedras en hachas afiladas, tallando las lascas de los bordes hasta que la propia piedra podía utilizarse para cortar y excavar. Más adelante, cuando los fabricantes de herramientas descubrieron que las lascas desechadas también podían emplearse como cuchillos más finos, raspadores o puntas de lanza, desarrollaron métodos nuevos para tallar las lascas que les gustaban de una buena piedra de sílex.

El método específico de lascado utilizado por los homínidos de Nesher Ramla se conoce como «método Levallois centrípeto». Las pruebas de su uso en la región suelen encontrarse junto a restos de Homo sapiens, que se extienden desde hace entre 140 000 y 80 000 años. Más recientemente, los neandertales europeos también parecen haberlo utilizado.

Yossi Zaidner, arqueólogo de la Universidad Hebrea de Jerusalén, autor principal del estudio que describe las herramientas y también explorador de National Geographic, da fe de la complejidad de las técnicas de fabricación de herramientas observadas en Nesher Ramla. «Yo mismo he probado las tallas líticas. Puedo fabricar herramientas de piedra sencillas, pero no puntas Levallois, ya que requieren mucha práctica. Así que todavía estoy al nivel del Homo erectus», bromea.

Pero, ¿cómo se explica la presencia de un homínido con un cerebro pequeño más similar al de las especies arcaicas de Homo y que fabricara herramientas tan avanzadas? ¿Podrían algunas de las herramientas de piedra halladas en Nesher Ramla haber sido dejadas allí por el Homo sapiens, permitiendo que su primo lejano y arcaico descubriera cómo utilizarlas y producirlas?

Zaidner cree que es improbable que esa teoría sea cierta. En primer lugar, señala que los fragmentos de cráneo se encontraron en el fondo del yacimiento, que se encontraba a más de 7,5 metros de profundidad, lo que sugiere que el homínido recién descubierto en Nesher Ramla llegó a este lugar concreto antes que el Homo sapiens. Y lo que es más importante, cree que el método Levallois centrípeto no surgió en Oriente Medio, sino en África, y que algunas de las herramientas encontradas allí podrían haber sido fabricadas por especies arcaicas, no por el Homo sapiens. Por consiguiente, Zaidner dice que es igualmente posible que el Homo sapiens aprendiera la tecnología específica de lascado de herramientas de los homínidos arcaicos.

Esto habría exigido una interacción contemporánea entre especies de homínidos primitivas y modernas, señala Alison Brooks, arqueóloga de la Universidad George Washington, que no participó en el estudio.

«Es difícil dominar la complejidad de la técnica sin una práctica considerable, informada a través de la enseñanza visual y oral», dice Brooks, que también cree que es probable que la tecnología surgiera en África.

Zaidner está de acuerdo y cree que los homínidos que dominaban estas habilidades podrían haber migrado a otros grupos de homínidos, transmitiendo la técnica mediante demostraciones, extendiéndola por toda Europa y más allá.

¿Nuevas especies o nuevos tipos?

Cuando los investigadores analizaron las características de los restos craneales para intentar ver en qué parte del árbol genealógico de los homínidos podría encajar, algo los confundió. El espécimen no parecía coincidir con ninguna especie de Homo específica, ni siquiera con el Homo heidelbergensis.

Por ello, Hershkovitz dice que algunos científicos podrían sentir la tentación de afirmar que el cráneo de Nesher Ramla pertenece a una nueva especie. Pero no cree que eso sea de gran ayuda.

«Creemos que es inexacto, incluso inapropiado, coger un espécimen tan aislado y clasificarlo como una nueva especie. Aquí tenemos una combinación única de características». Pero sostiene que esto parece ser habitual en los homínidos del Pleistoceno Medio. «En nuestra opinión, sugiere la presencia de varios tipos, no de especies».

El clima inestable del Pleistoceno Medio, que alternó entre periodos de mucho frío y otros más suaves, hizo que las poblaciones de Europa se contrajeran y expandieran. Cuando los grupos de homínidos disminuyeron y se aislaron debido a las condiciones difíciles, sus cuerpos y culturas desarrollaron sus propias características peculiares. Más adelante, cuando las condiciones climáticas mejoraron, las poblaciones se expandieron, se reunieron y se mezclaron con otros grupos de homínidos, intercambiando cultura y genes. Esto, según Hershkovitz y sus colegas, dio lugar al mosaico de rasgos que se observa en las poblaciones de homínidos del Pleistoceno Medio.

Los científicos creen que el grupo de personas al que pertenecía el propietario del cráneo de Nesher Ramla podría haber desempeñado un papel importante en esta historia. Como las condiciones en Oriente Medio en aquella época eran más estables que las del norte, las poblaciones de la región habrían sido más numerosas y posiblemente habrían repoblado las regiones septentrionales una vez retrocedieron los casquetes de hielo.

«Creemos que el Homo de Nesher Ramla fue la población originaria de muchos de los grupos que aparecieron en Europa posteriormente», afirma Rachel Sarig, antropóloga médica de la Universidad de Tel Aviv y autora del artículo. Los dientes del homínido de Nesher Ramla, similares a los de los neandertales, pueden ser un indicio de ello.

May afirma que es improbable que se pueda llevar a cabo un análisis genético del homínido de Nesher Ramla y sus relaciones familiares. «En un yacimiento al aire libre en un entorno cálido como este, el ADN se degrada mucho más rápido que en cuevas o climas más fríos», explica. 

No obstante, la datación y ubicación del fósil son tentadoras, y sus características bien conservadas ayudan a dar sentido a otros hallazgos de la región que hasta ahora han sido difíciles de clasificar. Entre ellos figuran los dientes de homínidos hallados en la cueva de Qesem, a unos 32 kilómetros al norte, muy similares al de Nesher Ramla, según Sarig, pero también mucho más antiguos, datados hace unos 400 000 años.

Si esto quiere decir que los homínidos como el de Nesher Ramla ya existían en aquella época, también podrían haber proporcionado algunos genes a un misterioso grupo de homínidos hallado en la Sima de los Huesos del norte de España. Según Herskovitz, estos también tienen dientes muy parecidos y suelen considerarse previos a los neandertales.

Un análisis genético anterior de los restos de la Sima de los Huesos ha revelado un parentesco desconcertante con los denisovanos siberianos. Tal vez heredaron rasgos comunes a través de la población de Nesher Ramla, que pudo haber tenido la oportunidad de mezclarse con los antepasados de los denisovanos cuando pasaron por Oriente Medio en camino hacia Asia. «Creemos que los primeros miembros del grupo Nesher Ramla podrían haber empezado a emigrar a Europa hace ya 400 000 años», afirma Hershkovitz.

El paleoantropólogo Michael Petraglia, del Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana, está de acuerdo en que estos hallazgos respaldan la idea emergente de que «ya no podemos tener un modelo simple y unilineal de nuestra evolución. Hay muchas expansiones, contracciones y extinciones».

Shara Bailey, paleoantropóloga de la Universidad de Nueva York que no participó en el estudio, está de acuerdo en que los fósiles de Nesher Ramla muestran «una combinación de rasgos arcaicos y notablemente neandertales», pero añade que «siempre es difícil saber si un solo fósil indica cómo era una población».

En cualquier caso, dice, «creo que todos —o la mayoría— estamos empezando a aceptar un panorama mucho más confuso de la evolución humana durante el Pleistoceno Medio, una idea que ha cambiado mucho respecto a hace unas décadas».

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

 

Seguir leyendo

Descubre Nat Geo

  • Animales
  • Medio ambiente
  • Historia
  • Ciencia
  • Viajes y aventuras
  • Fotografía
  • Espacio
  • Vídeo

Sobre nosotros

Suscripción

  • Revista NatGeo
  • Revista NatGeo Kids
  • Registrarse
  • Disney+

Síguenos

Copyright © 1996-2015 National Geographic Society. Copyright © 2015-2017 National Geographic Partners, LLC. All rights reserved