¿Quién recibirá la tercera dosis de la vacuna anti-COVID-19 en España?

Los grupos más vulnerables y los inmunodeprimidos recibirán una tercera dosis adicional para completar su pauta y, a partir del 25 de octubre, comenzarán las dosis de refuerzo en los mayores de 70 años.

Por Cristina Crespo Garay
Publicado 23 ago 2021, 17:33 CEST, Actualizado 21 oct 2021, 13:26 CEST
Un sanitario coloca una tirita a una paciente vacunada

Un sanitario coloca una tirita a una paciente tras administrar una dosis de la vacuna anticovídica de Pfizer-BioNTech en el Centro Médico de Boston, en Massachusetts, el 17 de junio de 2021. La primera ola de la pandemia inundó el Centro Médico de Boston de pacientes con coronavirus: 229 en el último pico primaveral, que han llenado casi dos tercios de sus camas. Esta semana, el recuento de pacientes con COVID-19 llegó a cero.

Fotografía de Adam Glanzman

Durante meses, el debate sobre la tercera dosis ha copado las mesas políticas y los medios de comunicación, mientras la comunidad científica y la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) no miraban hacia ese frente con urgencia salvo en casos de riesgo. A principios de octubre, tras terminar la evaluación de los datos, la EMA aprobó la utilización de una dosis adicional de las vacunas de Pfizer y Moderna a personas con sistemas inmunitarios gravemente debilitados. Esta decisión sigue en la línea de su último comunicado a finales de agosto, cuando respaldaron la opción de proporcionar otra dosis a personas mayores e inmunodeprimidas. 

"Aunque la EMA lo apruebe, eso no quiere decir que deba definir la estrategia de vacunación de los países, tan solo quiere decir que se puede usar si es necesario”, aclara Salvador Peiró, investigador en el área de servicios de salud y farmacoepidemiología de la Conselleria de Sanitat de la Generalitat Valenciana. Tras la autorización por parte de la EMA, la Comisión de Salud Pública de España anunció que las personas de riesgo y los mayores de 70 años recibirían una tercera dosis a partir de finales de octubre.

Otros países de la Unión Europea ya están revacunando a personas mayores de 65 años, a su personal sanitario y a aquellas personas que se vacunaron con AstraZeneca y Janssen, grupos sobre los que nuestro Ministerio de Sanidad aún no se ha pronunciado. Tras los altos repuntes que vivieron en verano países como Islandia, Israel y Reino Unido, ya entonces con tasas de vacunación muy altas, algunos países incluyeron esta tercera dosis en sus estrategias de vacunación generales.

Más allá de los colectivos más vulnerables, el debate sigue sobre la mesa en los medios de comunicación y entre los políticos, pero la comunidad científica no mira todavía hacia ese frente con urgencia salvo en casos de riesgo. El Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) afirmó en su informe del pasado 1 de septiembre que "según la evidencia actual, no existe una necesidad urgente de administrar dosis de refuerzo de vacunas a individuos completamente vacunados en la población general". 

 “La tercera dosis, hoy por hoy, no parece necesaria en la mayoría de la población, no hay ningún estudio aún que afirme esto como una necesidad urgente fuera de determinados grupos, como gente con problemas autoinmunes que tienen sistemas de defensa comprometidos”, afirma Jordi Pérez-Tur, investigador del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).  

Necesaria en casos de riesgo

Como parte de los grupos de riesgo, en España a partir del 25 de octubre, los mayores de 70 años recibirán una dosis de refuerzo, siempre que hayan pasado seis meses desde el momento en que se haya completado la pauta vacunal, según la EMA. La Comisión de Salud Pública ha propuesto que los mayores de 65 años sean el próximo grupo a partir de noviembre. 

Además, algunos casos de riesgo deberán recibir una dosis adicional para completar su pauta vacunal. Esto incluye los pacientes trasplantados, inmunodeficientes, aquellos que están bajo determinados tratamientos inmunodepresores o tratamientos renales, personas con fibrosis quística o que padezcan el síndrome de Down y tengan más de 40 años.  

"Es importante distinguir entre la dosis adicional para personas con sistemas inmunitarios debilitados y las dosis de refuerzo para personas con sistemas inmunitarios normales", afirma la EMA.Aunque para la población general los anticuerpos en sangre disminuyan, la inmunidad puede durar toda la vida para personas con una inmunidad innata. Sin embargo, para aquellas personas de riesgo la tercera dosis sí es necesaria. “Si el virus desaparece del cuerpo, el organismo no tiene necesidad de gastar energía generando anticuerpos que no tiene que utilizar, de manera que esas células están en reposo y, si vuelve a haber una exposición, se vuelven a activar. Sin embargo, eso conlleva un tiempo, y si tienes no tienes la inmunidad innata, puedes sufrir consecuencias graves”, explica Pérez-Tur.

Por tanto, con la evidencia científica que tenemos a día de hoy, dar dosis de recuerdo para que el nivel de anticuerpos en sangre no baje por debajo de un mínimo que puede ser peligroso para la salud sí está justificado, pero tan solo en grupos muy concretos que supone un porcentaje de la población pequeño.

Según los estudios publicados, “la tercera dosis incrementa los anticuerpos neutralizantes, como es lógico, y mejorará también la respuesta celular, pero no hay estudios que digan que reduce la transmisión, entendida como COVID-19 sintomática o asintomática”, afirma Peiró. “Es posible que sea razonable poner la tercera aunque en este momento no lo sepamos. En inmunodeprimidos y transplantados, yo sí sería partidario de emplear terceras dosis, pero por lo demás no es urgente en población general ni en personas mayores de 65 años sanas”.

¿Hacia una inmunidad global?

A día de hoy, “en vez de dar una tercera dosis a todos los españoles, es mucho más importante apoyar a otros países que no están teniendo una vacunación tan adelantada por diversos motivos”, afirma Pérez-Tur. “La vacuna es efectiva con el virus que tenemos, y este virus cuanto más se transmite, más capacidad tiene de mutar, y cuantas más veces mute, más probabilidades hay de que aparezcan cepas más contagiosas y peligrosos”.

Por tanto, orientar la estrategia a nivel global hacia el objetivo de que el mundo entero tenga la pauta completa lo antes posible para reducir la posibilidad de aparición de nuevas cepas peligrosas es más importante que mantener a la población con una concentración alta de anticuerpos en sangre. “Los grupos de riesgo, sin embargo, sí hay que mantenerlos siempre protegidos”, recalca Pérez-Tur.

Se trataría de un “altruismo egoísta”, como lo llama Pérez-Tur. “Evidentemente, debería hacerse por el mero hecho de ayudar a esos países, evidentemente, pero desde el interés propio también sería importante limitar la capacidad del virus de mutar hacia variantes más peligrosas”.

Aunque prever la posibilidad de necesitar una tercera dosis es algo beneficioso, Peiró coincide: “Todavía nos quedan unos meses en los que nuestro problema debe ser poner primeras y segundas dosis y ayudar a poner primeras y segundas dosis en los países no europeos con quienes tenemos mucha relación, como Marruecos o Latinoamérica”.

Pautas heterólogas y genomas de variantes

El mundo poco a poco trata de retomar la normalidad y nos dirigimos hacia una reducción de restricciones constante según disminuye el porcentaje de casos graves y a medida que observamos cómo se comportan las vacunas.

“Ese es uno de los temas de fondo, que hemos juntado las pautas de vacunación con el fin de restricciones, el incremento de contactos, etc. Por tanto, la situación es otra y, en España, estamos tratando la variante Delta prácticamente con vida normal”, afirma Peiró.

Debido a que la información que conocemos es muy parcial, porque no puede obtenerse a un mayor ritmo, los expertos afirman que las decisiones deben tomarse sobre la marcha. “Pero mientras no haya unos datos científicos sólidos, yo no pondría una tercera dosis a nivel general”, afirma Pérez-Tur.

Gracias a los datos de los países que van por delante de nosotros en las pautas de vacunación, tenemos datos aproximados sobre cómo evolucionarán las respuestas inmunológicas a las diferentes vacunas.

“Hay que tener en mente la posibilidad de tener que ponerla, pero sería interesante haber avanzado en el estudio de las pautas heterólogas, que están funcionando mejor, o directamente vacunar con una dosis que haga frente variantes diferentes, no necesariamente con el genoma de la de Wuhan”, concluye Peiró.

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