La COVID-19 podría afectar al rendimiento sexual de los hombres

Los hombres tienen seis veces más probabilidades de desarrollar una disfunción eréctil a corto o largo plazo tras contraer el virus. La vacuna lo podría prevenir.

Publicado 23 sept 2021 14:47 CEST, Actualizado 23 sept 2021 15:52 CEST
Una COVID-19 larga podría afectar al rendimiento sexual de los hombres

Un hombre pasa un test rápido para detectar el virus que causa la COVID-19. Cada vez hay más evidencias de que contraer el virus puede causar un cierto número de problemas de salud reproductiva en los hombres.

Fotografía de Julian Stratenschulte/picture-alliance/dpa/AP Images

El urólogo estadounidense Ranjith Ramasamy observó una tendencia preocupante entre sus pacientes a medida que la COVID-19 se extendía por Estados Unidos en 2020: cada vez más hombres se quejaban de que no podían rendir en la cama.

Al principio Ramasamy y sus compañeros de la clínica de urología del Hospital Universitario de Miami pensaron que el aumento de informes sobre disfunción sexual se debían a una cuestión psicológica, un resultado del estrés pandémico. Pero muchos pacientes aseguraron que no tenían ansiedad ni se sentían deprimidos, es más, el problema duraba seis meses o más. Entonces, el equipo empezó a sospechar en otra causa subyacente: el virus SARS-CoV-2 que causa la COVID-19.

Mientras que la COVID-19 puede dañar los pulmones, es una enfermedad sistémica que puede afectar también al corazón, los riñones, el cerebro y otros órganos, yesos efectos pueden permaneces bastante tiempo incluso después de la recuperación. Mucha gente ya vive en el inframundo penitente de la "COVID de larga duración", que para muchos expertos será el siguiente gran reto sanitario en muchos países. Según un artículo publicado en agosto en el New England Journal of Medicine, entre el 10 y el 30 por ciento de los infectados por el virus -casi 5 millones en España y cerca de 230 millones en el mundo- experimentan todavía síntomas debilitantes que podrían causar "una discapacidad significativa".  

En la lista de dolencias, cada vez hay más evidencias de que la COVID-19 podría sabotear la salud sexual de los hombres. "Descubrimos que hombres que no habían desarrollado antes este tipo de episodios desarrollaron disfunciones eréctiles bastante severas tras una infección de COVID-19", dice Ramasamy.

Los hombres podrían tener seis veces más posibilidades de desarrollar una breve o larga disfunción eréctil después de contraer el virus, según estudios publicados en marzo. Otros estudios han registrado una retahíla de problemas de salud tras la infección que tienen un impacto sexual, tanto por separado como en conjunto: incapacidad para mantener una erección, daños en los testículos, dolor testicular o hinchazón, incapacidad para alcanzar el orgasmo, niveles de testosterona bajos y problemas de salud mental.

La ciencia se mantiene firme en contraste con la desinformación antivacunas que se extiende online y que clama que las vacunas contra la COVID-19 provocan hinchazón de testículos e impotencia. Hasta la fecha, no hay estudios que apoyen esa afirmación.

"Es importante que la gente entienda que la vacunación contra la COVID no afecta a la función eréctil", dice Ramasamy; "el virus puede tener efectos secundarios importantes a largo plazo y la vacuna es segura".

Rastreando al virus en los tejidos

Los hombres más vulnerables a una COVID-19 severa (hombres mayores, con hipertensión, obesidad, diabetes o problemas cardíacos) ya tienen un alto riesgo de sufrir algún tipo de disfunción sexual. Estas condiciones afectan a sus hormonas, músculos, vasos sanguíneos y más partes de su organismo. Aun así, hombres mucho más jóvenes también han informado de problemas de salud sexual. Cuando se trata de descubrir los efectos a corto plazo y crónicos de este nuevo virus, "seguimos en la fase de rastreo y monitorización", dice Ryan Berglund, un urólogo de la Clínica Cleveland de Ohio (EE. UU.), y eso incluye la comprensión de sus efectos en la salud sexual y reproductiva de los hombres.

Para descubrir si el virus efectivamente ha invadido los órganos reproductivos masculinos, Ramasamy y su equipo hicieron biopsias a seis hombre de edades entre 20 y 87 años que tuvieron COVID-19. Cuando examinaron las muestras de tejidos con un microscopio de electrones, descubrieron partículas del virus escondidas en los testículos de uno de los hombres. La mitad de los hombres también tenían poca calidad de esperma, lo que apoyaba los datos de otros estudios menores postmortem y provocaba preguntas sobre el impacto de la enfermedad en la fertilidad.

Si el virus estuvo en los testículos, Ramasamy se preguntó si también estaría presente en el pene. El equipo lo investigó estudiando dos hombres que se volvieron impotentes tras tener el virus. Uno de ellos tuvo síntomas de COVID leves, el otro fue hospitalizado. Convencidos de que no volverían a tener una erección natural nunca más, ambos fueron a la clínica para ver si podrían ser candidatos para una cirugía de implante de pene.

El virus estaba presente en el tejido de su pene, lo que fue sorprendente, dice Ramasamy, teniendo en cuenta el espacio temporal: habían pasado casi ocho meses desde la primera infección de ambos pacientes. Los doctores también descubrieron daños en los pequeños vasos sanguíneos del órgano.

Sangre y hueso

Es muy seguro que la culpa del mal rendimiento sexual ser una conocida consecuencia del coronavirus: el daño de las células endoteliales que recubren el interior de los vasos sanguíneos. Mientras que algunos animales tienen un hueso en sus penes, las erecciones masculinas dependen del flujo sanguíneo. Las arterias se tienen que abrir y las venas contraerse, algo parecido a una exclusa de un canal. Si están dañados, los vasos sanguíneos no permitirán que el tejido esponjoso se infle con sangre o retenga la sangre para mantener la erección.

Sin suficiente sangre, las células no reciben oxígeno, los tejidos se inflaman y los vasos pierden elasticidad, dice Emmanuele A. Jannini, profesor de endocrinología y sexología médica en la Universidad Tor Vergata de Roma (Italia). "Sin oxigeno no hay sexo", resume.

Además, señala que la COVID-19 también parece que reduce la cantidad de una encima - óxido nítrico sintasa endotelial - que ayuda a dilatar los vasos sanguíneos y llenar de sangre el pene. Para los que sufren efectos a largo plazo, los daños en los pulmones o el corazón pueden complicar el problema al alterar la circulación de la sangre y los niveles de oxígeno en su sangre y en sus tejidos.

Al principio de la pandemia, el equipo de Jannini lanzó un estudio online que recabó información de italianos sexualmente activos que habían contraído el virus. Este fue el estudio que reveló el riesgo seis veces mayor de tener disfunción eréctil tras una infección de COVID-19. Sigue sin saberse cuánto tiempo durarán los efectos, dice Jannini.

"Dado que el pene es uno de los órganos más vasculares del cuerpo, no nos sorprendió que la disfunción eréctil fuera más común entre los hombres con una COVID larga", dice Ramasamy.

En julio, un grupo de investigadores que han sufrido ellos mismos una COVID larga,  Patient-Led Research Collaborative, publicó la información más completa hasta la fecha. Documentaron 203 síntomas en 10 sistemas de órganos, que sacaron de un estudio digital de más de 6500 personas de países de todo el mundo. Los resultados incluían problemas de salud sexual.

Cerca del 18 por ciento de los hombres informaron de disfunciones sexuales; cerca del 13 por ciento tuvieron dolor testicular; ocho por ciento notaron otros problemas con su órgano sexual y cerca del cuatro por ciento observaron una reducción del tamaño de su pene o testículos.

Un escondite viral 

Los testículos son el escondite perfecto para los virus. Al igual que los ojos o el sistema nervioso central, son lugares inmunológicamente privilegiados. En estos sitios, virus como el Ébola, el Mumps o el Zika se pueden quedar en los tejidos, eludiendo el sistema inmunológico incluso después de que el invasor haya sido expulsado de otras partes del cuerpo.

Un estudio especuló que los testículos podrían haber servido como un piso franco para el virus que provoca la COVID-19. Esto podría explicar porque el 11 por ciento de los hombres hospitalizados se quejaban de dolor testicular. La infección de las células de Leydig del órgano, que producen testosterona, también podrían explicar porqué los pacientes con efectos a largo plazo tienen menores niveles de la hormona masculina. Ya solo eso puede explicar una decadencia de la lívido y el deseo. Jannini también señala otro círculo vicioso: la producción de testosterona cae cuando los hombres no tienen sexo.

El estado mental también juega un papel en la intimidad, dice Berglund, "lo que depende, parcialmente, de nuestro estado psicológico". La pandemia ha tenido un duro impacto global en la salud mental de los pacientes con efectos a largo plazo. Muchos sufren síndrome de estrés postraumático, ansiedad o depresión. Los efectos psicológicos de la COVID-19 en la salud sexual serán en última instancia los más difíciles de atajar, dice Berglund.

Añade que simplemente estar enfermo puede matar el deseo sexual. "Si tienes problemas para respirar o tienes una enfermedad crónica, posiblemente tengas menos interés en el sexo", dice. A eso habría que añadirle la fatiga, uno de los síntomas más comunes, y la pérdida del olfato, uno de los detonantes de la excitación.

Sexo y la vacuna contra la COVID-19

Se necesitan más estudios para entender lo que realmente hace el virus a la salud reproductiva de los hombres. Los investigadores están trabajando para entender los mecanismos de los que sigue siendo una enfermedad relativamente nueva. El equipo de Ramasamy está investigando cómo este virus elude el sistema inmunológico y se instala en las células, incluidas las del pene y los testículos. "Se está en estado latente, ¿cuándo se reactivará?", se pregunta; "¿Sigue causando daños o es solo cosa de la primera vez?"

El Congreso de Estados Unidos ha destinado casi mil millones de euros al programa RECOVER de los Institutos de Salud Nacional, que estudiará los distintos síntomas a largo plazo de la COVID-19 durante los próximos cuatro años. Muchos esperan que aportará tanto respuestas muy necesarias como tratamientos para quienes sufren estas dolencias.

Y, pese a la desinformación que recorre las redes sociales, la investigación continúa para averiguar si las vacunas afectan a la fertilidad. Un estudio publicado en junio, por ejemplo, no encontró ninguna conexión entre las vacunas de mRNA y una reducción en el número de esperma.

"La posible relación entre la COVID-19 y la disfunción eréctil es un motivo más para que se inoculen los que no están vacunados", dice Jannini; "Si quieren tener sexo, mejor que se vacunen".

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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