Vivir 150 años: ¿Qué consecuencias tendrá la superlongevidad?

Dibujar un futuro con sociedades más longevas pasa inevitablemente por grandes transformaciones en nuestra manera de relacionarnos o en conceptos sobre los que se asienta nuestra sociedad, como el amor, la familia o la proyección de una vida finita.

Publicado 5 oct 2021 16:57 CEST
Longevidad

El aumento de nuestra esperanza de vida plantea cambios profundos que podrían transformar la sociedad tal y como la conocemos.

Fotografía de Cristina Gottardi, Unsplash

Dilatar el tiempo que estamos vivos, ralentizando o incluso deteniendo el envejecimiento humano, es uno de los desafíos científicos más perseguidos a lo largo de la historia. Hace tan solo dos siglos, nuestra esperanza de vida apenas superaba los 40 años, pero los descubrimientos  tecnológicos y médicos han hecho del siglo XXI un camino de avances vertiginosos que han duplicado nuestra esperanza de vida y nos acerca a la llamada superlongevidad.

En España, la esperanza de vida al nacer se ha duplicado en el último siglo: hemos pasado de alcanzar con suerte los 40 años en 1900 a sobrepasar los 83 años en 2019, según cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE). En los últimos 50 años, el número de personas que tienen más de 80 años se ha triplicado, mientras la cifra de aquellos con 90 años se ha quintuplicado. Esta tendencia a nivel global indica que, para 2050, el número de personas centenarias  aumentará de 533.000 a más de tres millones, según datos de Naciones Unidas.

 “Estamos muy cerca de vivir 150 años“, afirma el bioquímico Juan Carlos Izpisúa en el documental de National Geographic Ciencia de la vida: Longevidad. “Hemos empezado a estudiar el envejecimiento en monos porque pensamos que tiene una mayor relevancia para los humanos”.  Los avances científicos son cada vez mayores y nos sitúan a un paso de un futuro que, según este experto, está mucho más cerca de lo que puede parecer.

Sin embargo, esta nueva realidad plantea cambios profundos a muchos niveles que podrían transformar la sociedad tal y como la conocemos. ¿Alargar la vida es necesariamente bueno? ¿Qué consecuencias sociales, psicológicas y económicas podría tener una sociedad superlongeva?

¿Cambiará nuestro concepto de la edad?

“El tránsito hacia una duración de la vida hasta los 150 años probablemente se haga de manera pausada, de modo que tendremos tiempo de asimilar poder llegar a esa edad y asumir las posibles consecuencias psicológicas que tiene”, explica a National Geographic Juan Manuel García González, sociólogo especializado en superlongevidad y primer autor del reciente estudio Investigación en personas de 100 y más años: protocolo de los estudios centenarios de Sevilla y Castilla y León.

Vivir en sociedades más longevas podría afectar a nuestra manera de relacionarnos o a cosas tan básicas como nuestro concepto del amor o la familia, según explica el filósofo Juan Antonio Valor Yébenes en el documental.  Nuestro concepto de la edad no será el mismo, y tampoco lo será ser joven o ser viejo, así como las actividades que asociamos a estas épocas. Todo puede variar porque todo está inducido según nuestro concepto actual de senectud.

Hasta ahora, “este aumento de la esperanza de vida, y por ende de la longevidad, es decir, que cada vez más personas cumplan edades cada vez más avanzadas, ya ha cambiado nuestra sociedad y ha estado acompañado de un cambio en el modelo familiar derivado de una natalidad cada vez más baja: los hogares son más pequeños y las familias menos extensas”.

El cambio en los núcleos familiares va acompañado de una población cada vez más envejecida. Esto “hace que cambien también los modelos de relaciones intergeneracionales o el sistema de pensiones”, explica García González. “No podemos hablar de cambio social sin tener en cuenta esas relaciones intergeneracionales en las que se basa todo el sistema”.

En esta línea, los expertos ya hablan de que la precariedad actual de los jóvenes podría ser un lastre en la evolución del aumento de la longevidad y la esperanza de vida.

Envejecer con salud mental y emocional

A la par que el aumento en la esperanza de vida, a lo largo de los años hemos visto también un incremento cualitativo de la salud de las personas muy mayores, que cada vez envejecen en mejores condiciones, según revela el  estudio del CSIC Un perfil de las personas mayores en España.

 “Si esa longevidad va acompañada de la misma salud que hay ahora al llegar a los 110 o los 120, nuestros estudios indican que las personas centenarias o supercentenarias que tienen una salud física adecuada y no presentan deterioro cognitivo suelen tener una muy buena salud emocional”, explica García González.

La mayoría de los estudios científicos que se han llevado a cabo hasta ahora sobre superlongevidad y personas centenarias se han enfocado al análisis desde la demografía, la medicina o la genética. Sin embargo, “hay pocos que les hayan preguntado [a los centenarios] directamente cómo se encuentran”.

Para ahondar en la salud emocional de estos ancianos, García González y su equipo han realizado más de treinta entrevistas a personas centenarias que tenían un buen estado cognitivo. “Mostraban en general una muy buena salud emocional, estaban felices de haber alcanzado esa edad en buenas condiciones y contentas de estar acompañadas por la familia, a pesar de haber perdido en el camino a muchos seres queridos”, explica.  

Varias entrevistas fueron grabadas en video para un documental científico llamado A vivir que son 100 años, organizado por la Fundación General del Consejo Superior de Investigaciones Científicas con el objetivo de dar una visión científica de la longevidad y el envejecimiento saludable.

Las sociedades del futuro

Las proyecciones que tratan de investigar cómo serán las sociedades que dibuje la nueva longevidad se han centrado sobre todo en cómo vivir con buena salud y cómo sostener una sociedad con un mayor porcentaje de personas en edades avanzadas. Según el estudio de García González, “la proyección dice que serán ciudades más amigables, abiertas, accesibles y solidarias”.

La redistribución del trabajo será uno de las grandes transformaciones de nuestros pueblos y ciudades durante el siglo XXI, pudiendo reducirse la jornada gracias al avance de la tecnología y la inteligencia artificial, o bien alargarse la edad de jubilación para poder mantener las pensiones de cada vez más personas de edad avanzada. Sin tener aún certeza de hacia dónde caminaremos a nivel laboral, sí comenzamos a ver cambios a nivel social derivados del aumento de nuestra esperanza de vida al echar un ojo a las estadísticas. Por ejemplo, los matrimonios de personas mayores de 60 años en España se han multiplicado por cinco en cuatro décadas, según datos del INE.

A pesar de que no hay un conocimiento consolidado al respecto, la sociedad avanza cada vez más rápido a nivel tecnológico y científico, lo que acelerará los descubrimientos cada día más. Sin ir más lejos, un reciente estudio publicado en la revista científica Nature descubrió un nuevo biomarcador de la longevidad, gracias a que las concentraciones sanguíneas de proteína producida en las neuronas ofrecen pistas sobre las perspectivas de supervivencia de las personas mayores de noventa años.  También en esta línea, un equipo de investigación internacional liderado por el Instituto de Biología Evolutiva del CSIC ha identificado más de 2.000 genes vinculados a la longevidad humana utilizando una perspectiva evolutiva en mamíferos.

Mientras el mundo académico continúa su carrera a contrarreloj para estudiar estas cuestiones y tratar de conocer cómo será nuestra vejez en el futuro, la nueva longevidad avanza a pasos agigantados. El objetivo actual es que la ciencia del presente sirva de  “punto de partida para el creciente número de estudios de ciencias sociales sobre centenarios que se publicarán en España en un futuro a corto y medio plazo y que acogerá un abanico de investigaciones muy diversas”.

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