Hallan un fósil de ictiosaurio que podría cambiar la percepción del 'dragón marino'

El fósil de unos nueve metros de largo hallado en Inglaterra ofrece nuevas pistas sobre cómo evolucionaron los ictiosaurios hasta convertirse en titanes marinos.

Por Riley Black
Publicado 11 ene 2022, 13:29 CET
Un esqueleto fósil recientemente encontrado de un reptil marino llamado ictiosaurio ayuda a revelar la historia ...

Un esqueleto fósil recientemente encontrado de un reptil marino llamado ictiosaurio ayuda a revelar la historia evolutiva de uno de los mayores depredadores del océano prehistórico.

Fotografía de Illustration by Bob Nicholls

En el frío invierno de enero de 2021, Joe Davis se encontró con algo sorprendente en la Reserva Natural de Rutland Water, en Inglaterra. Había salido a drenar una laguna de la propiedad, como parte de su trabajo como jefe del equipo de conservación de la reserva, cuando observó unos grandes huesos fosilizados que sobresalían del suelo.

Al principio parecía que se trataba de partes de un enorme dinosaurio. Pero cuando el paleontólogo de la Universidad de Manchester, Dean Lomax, recibió un correo electrónico con instantáneas del hallazgo, supo inmediatamente que Davis había encontrado un enorme reptil marino llamado ictiosaurio. Desde el principio, dice Lomax, fue evidente que el hallazgo de Rutland podría ser algo muy especial. Tanto como un "dragón marino", que es como se denomina popularmente a esta criatura, de la que algunos ejemplares podrían haber alcanzado hasta los 25 o 26 metros de longitud, prácticamente el tamaño de una ballena azul.

(Relacionada: Descubren un dinosaurio bebé extraordinariamente bien conservado y acurrucado como un pollo)

Los restos fósiles de un gran ictiosaurio encontrados en Inglaterra.

Fotografía de Anglian Water

Los ictiosaurios coexistieron con los dinosaurios, pero estos reptiles marinos eran criaturas totalmente diferentes. Evolucionaron a partir de reptiles terrestres durante el período Triásico, hace más de 246 millones de años. Con el tiempo, los ictiosaurios se volvieron más estilizados y parecidos a los peces, y diversas especies surcaron los mares hasta hace unos 95 millones de años.

Muchos ictiosaurios tenían un tamaño comparable al de los tiburones actuales y se alimentaban de peces, calamares y otras presas pequeñas. Algunos eran depredadores de alto nivel capaces de devorar a otros grandes reptiles marinos. Hasta ahora, los mayores ictiosaurios de los que se tenía constancia eran del Triásico, hace entre 250 y 201 millones de años.

Pero el fósil de Rutland es geológicamente más joven, datado en unos 180 millones de años, y no hay duda de que este animal era un gigante. "Encontrar un espécimen de este tamaño y tan completo es extraordinario", afirma la paleontóloga de la Universidad de Lieja (Bélgica) Rebecca Bennion, que no participó en la excavación. Sólo el cráneo mide casi dos metros de largo, y el cuerpo entero mide más de nueve metros, un tamaño comparable al de un rorcual aliblanco moderno. La excavación completa del esqueleto tardó algo más de dos semanas, incluso con equipos que trabajaron desde el amanecer hasta el atardecer.

Al final, dice Lomax, él y sus colegas han "desenterrado el esqueleto más completo de un gran reptil prehistórico jamás descubierto en Gran Bretaña".

Aunque el hallazgo aún no ha sido descrito formalmente, Jorge Vélez-Juarbe, paleontólogo del Museo de Historia Natural del Condado de Los Ángeles (Estados Unidos) que no participó en la excavación, lo califica de "descubrimiento sorprendente" que ofrece una nueva ventana a la historia evolutiva de estos reptiles acuáticos. "Como en las ballenas", dice, "los ictiosaurios alcanzaron tamaños gigantescos más de una vez en diferentes linajes a lo largo de su historia".

La evolución de un monstruo marino

El ictiosaurio de Rutland todavía está en proceso de ser liberado de la roca en la que estaba encerrado. No obstante, dice Lomax, "tomamos todas las medidas posibles y miles de fotografías", que constituyeron la base de un modelo 3D de los huesos.

En la actualidad, se cree que el esqueleto de Rutland representa a un ictiosaurio llamado Temnodontosaurus trigonodon, una especie conocida principalmente por huesos aislados encontrados en las rocas del Jurásico de Alemania. A principios del Jurásico, hace unos 180 millones de años, estos reptiles eran los mayores depredadores marinos del planeta, afirma Lomax.

Aunque los animales se describen popularmente como cazadores de calamares tipo delfín, el papel de los ictiosaurios como enormes carnívoros marinos está comenzando a ser conocido. Otros fósiles de ictiosaurios indican que las especies más grandes podían alimentarse de sus compañeros reptiles marinos, como los plesiosaurios de cuello largo y quizá otros ictiosaurios.

Otro ictiosaurio podría incluso haber intentado alimentarse del esqueleto de Rutland. Los excavadores encontraron varios dientes aislados de Temnodontosaurus alrededor del esqueleto, a menudo un signo de carroñeo.

"Se encontró un diente grande junto a la zona en la que parece haberse arrancado parte de la cola", dice Lomax, lo que sugiere que otro ictiosaurio se acercó antes del entierro para hurgar en el cadáver.

Este enorme reptil fósil desenterrado en Inglaterra es uno de los grandes ictiosaurios más completos jamás encontrados.

Fotografía de Anglian Water

Un gigante repetido

En un reciente estudio de Science, Vélez-Juarbe describió otro ictiosaurio gigante mucho más antiguo procedente de Nevada (Estados Unidos), llamado Cymbospondylus youngorum. Ese animal había evolucionado unos tres millones de años después de los primeros ictiosaurios, que sólo medían unos dos metros. El Cymbospondylus youngorum, en cambio, es uno de los ictiosaurios más grandes jamás encontrados, con un cráneo de más de dos metros de largo.

Aunque tres millones de años pueden parecer mucho tiempo, es absolutamente rápido comparado con el crecimiento evolutivo de las ballenas, que tardaron unos 50 millones de años en pasar de sus ancestros terrestres más pequeños a los gigantes oceánicos.

Lo que pudo permitir a los ictiosaurios evolucionar repetida y rápidamente hacia tamaños enormes sigue siendo una cuestión abierta. Según Vélez-Juarbe, a principios del Triásico, las antiguas redes alimentarias parecían ser ricas y relativamente estables: un menú completo de invertebrados marinos para mantener una flotilla de reptiles depredadores. Los cefalópodos de caparazón enrollado, llamados ammonoides, eran tan abundantes que formaban por sí solos una parte estable de la dieta de los ictiosaurios.

"Había mucha comida en el Triásico inferior y medio, y es probable que esa sea la razón por la que pudieron alcanzar tamaños corporales tan grandes a un ritmo evolutivo sorprendentemente rápido", afirma Vélez-Juarbe.

Varias especies de ictiosaurios del tamaño de una ballena evolucionaron durante esta época, pero desaparecieron cuando se produjo una extinción masiva hace 201 millones de años, que marcó el final del período Triásico. Los ictiosaurios supervivientes eran más pequeños, pero algunos pronto volvieron a aumentar de tamaño.

"En el Jurásico temprano, los primeros vertebrados marinos que alcanzaron un tamaño gigantesco fueron de nuevo los ictiosaurios", afirma Lomax, y el ejemplar de Rutland es el esqueleto más grande y completo de esta segunda oleada. Aunque los ictiosaurios del Triásico siguen siendo los mayores de estos animales conocidos, "el Temnodontosaurus no era un pececillo", afirma Bennion.

Al observar los dientes del nuevo espécimen, dice Vélez-Juarbe, los paleontólogos podrán hacerse una mejor idea de lo que comía el ictiosaurio de Rutland y del papel que desempeñaba en su ecosistema del Jurásico posterior.

La repentina afluencia de estos descubrimientos de ictiosaurios gigantes indica, casi con toda seguridad, que hay más por encontrar, incluso en un lugar tan estudiado como Inglaterra. Algunos de estos lagartos con aspecto de pez fueron los primeros animales de tamaño gigante del planeta, y aprender más sobre ellos puede ayudar a los científicos a comprender mejor el papel de los leviatanes oceánicos a lo largo de la historia.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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