El hongo de 'The Last of Us' es real y muy, muy caro

El hongo parásito 'Ophiocordyceps sinensis' es una popular medicina tradicional y una fuente esencial de ingresos para algunos de los ciudadanos más pobres de China. Pero ahora el cambio climático y el capitalismo auguran un futuro incierto.

Los "yartsa ganbu" (cordyceps) recién recolectados se cuentan en el mercado de la ciudad de Yushu. Esta popular medicina elaborada a partir de hongos parásitos corre peligro de ser recolectada en exceso y se enfrenta a riesgos medioambientales derivados del cambio climático.

Fotografía de Justin Olsvik
Por Justin Olsvik
Publicado 5 ene 2024, 10:19 CET

Ma Beng se tumba boca abajo, con la nariz casi tocando la hierba seca y marrón. Se arrastra lentamente por la montaña, inspeccionando el terreno centímetro a centímetro. Cerca de él, sus amigos y familiares también se arrastran, estudiando detenidamente la maraña de hierba y arbustos. A 5000 metros sobre el nivel del mar, cerca de la altura del campamento base del Everest, el esfuerzo en un aire falto de oxígeno no parece afectar a nadie. Charlando mientras se arrastran, el grupo intercambia chismorreos, pero sus ojos nunca abandonan el suelo.

Todos buscan lo mismo. Es un premio que a menudo vale más que su peso en oro: Ophiocordyceps sinensis (también conocido como Cordyceps sinensis), o más sencillamente, hongo oruga.

Un poco más lejos, otro hombre grita de emoción. Un corto tallo de hongo apenas asoma entre la hierba, ligeramente más grueso que la vegetación que lo rodea, y él empieza a excavar cuidadosamente a su alrededor. Los espectadores se reúnen y sacan sus teléfonos para hacer fotos; una mujer empieza a retransmitir en directo por Douyin (la versión china de TikTok). Después de unos momentos de esfuerzo, ha liberado su recompensa: una pequeña oruga de unos dos centímetros de largo, cubierta de tierra y con un zarcillo rojizo de hongos brotando de su cabeza. Saca una lata de tabaco, envuelve cuidadosamente su hallazgo en plástico y lo guarda mientras la multitud se dispersa de nuevo, reanudando la caza con renovado entusiasmo.

(Relacionado: Hongos parásito: ¿podrían evolucionar para controlar a los humanos?)

Los hongos, una larga tradición en la medicina china

Llamado yartsa gunbu en tibetano, la traducción literal es "gusano de invierno, hierba de verano". Es un nombre apropiado, aunque científicamente inexacto, para un macabro caso de simbiosis que comienza cuando las larvas subterráneas de la polilla fantasma son infectadas por esporas de Ophiocordyceps. Los científicos creen que el hongo toma el control del sistema nervioso de la oruga, obligando a su huésped a excavar hacia arriba y matándola justo antes de salir a la superficie. El hongo permanece inactivo durante el invierno y se despierta en primavera, consume los nutrientes del interior del cadáver y brota de la cabeza de la oruga al sol.

Los Cordyceps son un remedio popular local desde hace mucho tiempo, pero en las últimas décadas la demanda china se ha disparado, haciendo subir los precios. Desde principios de los años 70, el precio de un kilogramo de Cordyceps de alta calidad se ha multiplicado por 40 000, alcanzando los 100 000 euros por kilogramo. El resultado ha sido una "fiebre del gusano" anual en los márgenes del Himalaya, lo que históricamente es una de las regiones más pobres del continente asiático.

Parte oruga, parte hongo, los cordyceps son apreciados en la medicina tradicional por ser a la vez "planta" y animal. Su industria mueve miles de millones de dólares.

Fotografía de Justin Olsvik

Para muchos recolectores, la cosecha de cordyceps representa su único ingreso de todo el año; por eso, cada mayo y junio, la meseta se fragmenta en miles de hiperlocalidades donde sólo se permite la entrada a los residentes.

Independientemente de cómo o por quién sean desenterrados los gusanos, hay una cosa alarmante que todo el mundo en la meseta ha notado: cada año hay menos que encontrar.

Tanto los lugareños como los científicos lo explican por la sobreexplotación y el cambio climático. Con cientos de normativas distintas que regulan su recolección, no existe un sistema cohesionado ni incentivos que garanticen una cosecha sostenible. Simultáneamente, los nuevos brotes requieren un rango específico de temperatura, humedad y capa de nieve. Esas variables ya no son tan predecibles, y el hongo hoy no puede encontrarse en las elevaciones más bajas donde antes abundaban.

Izquierda: Arriba:

Los aldeanos de la prefectura autónoma tibetana de Yushu recorren juntos las laderas, en parte como reunión social y en parte como rivalidad para ganarse la vida. Para muchos, ésta será su única fuente de ingresos del año.

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A estas alturas extremas, los recolectores necesitan sombreros y máscaras para protegerse de la luz intensa. Se llevan herramientas especializadas para extraer cuidadosamente los hallazgos sin dañarlos.

fotografías de Justin Olsvik

El hongo más caro del mundo

A unos 96 kilómetros de distancia, en la ciudad de Yushu, apenas son las 8 de la mañana en el mercado de Cordyceps, pero este ya tiene la energía frenética de un parqué bursátil. Las manos se agarran bajo las toallas en la forma tradicional de trueque, los susurros circulan entre la multitud y los precios fluctúan de tienda en tienda, minuto a minuto, a medida que cada nodo de esta red de suministro intenta sacar un par de yuanes más por lombriz.

Los intermediarios compran lombrices a los recolectores por unos 5 dólares y las venden a las tiendas establecidas de Yushu y otros centros urbanos por un margen del 10-20%. A partir de ahí, entran en una máquina bien engrasada. Los Cordyceps se limpian, se cuentan, se clasifican y se envasan en bolsas al vacío antes de ser enviadas esa misma tarde. Durante la temporada alta, un solo intermediario de lombrices puede comprar más de 680 kilos de producto al día, gastando decenas de millones de euros en el proceso.

Para cuando llegan a las relucientes tiendas de Pekín y Shanghai, el precio de un hongo oruga se ha duplicado como mínimo. Es más probable encontrarlos en un centro comercial de lujo que en una farmacia. El valor percibido del recurso es ahora tan alto que es un regalo de moda entre la élite china. La demanda de Cordyceps no se mantiene alta a pesar de los altos precios, sino gracias a ellos.

Una vendedora del lujoso barrio de Wang Fu Jing, en Pekín, sugiere que los compradores están interesados sobre todo en el estatus social que proporcionan los gusanos, más que en sus supuestos efectos sobre la salud. Señala las diferentes cajas ornamentadas de orugas muertas, aseguradas tras un cristal.

Los Cordyceps de "alta calidad" se cotizan en función del tamaño, el color, la simetría, la proporción tallo-cuerpo, la frescura y cualquier otra variable que los haga a los hongos del gusano menos comunes o visualmente más atractivos y, por tanto, más deseables. Las mejores superan las seis cifras por kilogramo, mientras que las más feas se venden a unos 40 000 euros el kilogramo. Las menos estéticas se molerán hasta convertirlas en polvo para suplementos y aditivos en otros productos.

El creciente interés de los mercados occidentales por la medicina alternativa también sugiere que la demanda seguirá aumentando.

El producto atrae a gente muy diversa: lo ha vendido la actirz Gwyneth Paltrow en su controvertido sitio web Goop, así como el teórico de la conspiración de derechas estadounidense Alex Jones de Info Wars. Recientemente, la exitosa serie de HBO The Last of Us puso el foco en el hongo, presentándolo a nuevas audiencias.

Los hongos secos son menos apetecibles que sus homólogos frescos y se venden por peso. Los frescos se venden por unidad, pero sólo duran unas semanas, por lo que se envasarán y enviarán el mismo día.

Fotografía de Justin Olsvik
Izquierda: Arriba:

Este comprador prueba el aroma de unos gusanos secos en venta antes de hacer una oferta.

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Los comercios locales han recurrido a las redes sociales para hacer crecer sus negocios. Estas mujeres cepillan la suciedad del yartsa ganbu fresco mientras lo retransmiten en directo a los espectadores chinos.

fotografías de Justin Olsvik

Un compromiso moral

El aumento de la demanda supone una mayor presión sobre un ecosistema ya de por sí frágil, pero una empresa de la provincia de Guangdong, Sunshine Lake Pharma, podría tener una solución. Durante décadas, muchos han intentado cultivar Cordyceps artificialmente y, hasta hace poco, el complejo ciclo vital, las interacciones y el entorno habían resultado demasiado difíciles de simular. Pero en 2014, Sunshine Lake hizo un gran avance, produciendo por primera vez Cordyceps cultivados en laboratorio con un procedimiento altamente secreto. Los estudios indicaron que los componentes medicinales de los Cordyceps cultivados eran equivalentes a los silvestres y, mejor aún, carecían de los contaminantes de metales pesados que suelen encontrarse en la variedad natural.

Desde el descubrimiento, Sunshine Lake no ha dejado de crecer y, según sus propias estimaciones, proyectan que su producción podría suponer el 20% de todo el mercado. El Cordyceps cultivado en laboratorio debería reducir la presión sobre el hongo silvestre, dando a las poblaciones la oportunidad de recuperarse. Sin embargo, esa victoria medioambiental pone en peligro lo que ahora es un recurso lucrativo para algunos de los ciudadanos más pobres de China.

Hay poco tiempo para descansar durante la temporada del cordyceps. Aquí, un comprador inspecciona el botín de la familia de un recolector a la luz de los faros, prolongando su regateo hasta bien entrada la noche.

Fotografía de Justin Olsvik

Muchos recolectores han respondido utilizando las redes sociales para crear una identidad de marca "natural". En mayo y junio, en cualquier aplicación de las redes sociales chinas se pueden ver retransmisiones en directo de estas empresas recolectando, procesando y envasando sus productos en espectaculares paisajes montañosos, y animando a comprar directamente en sus tiendas en línea.

Cuando el sol se acerca al horizonte, Ma Beng regresa a la montaña con las manos vacías. Cuando se le pregunta si le preocupan los hongos cultivados, se limita a encogerse de hombros.

"Es una medicina tradicional", dice;"no se puede sustituir la tradición".

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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