Una peligrosa tormenta solar azota la Tierra cada 25 años

Cuando el sol lanza una poderosa llamarada hacia la Tierra, su energía electromagnética golpea nuestra atmósfera a la velocidad de la luz, lo que supone una grave amenaza para los sistemas de navegación y comunicación. lunes, 3 de febrero de 2020

Por Cristina Crespo Garay - National Geographic

Una vez cada 25 años, nuestro planeta Tierra es golpeado por una tormenta solar tan poderosa como para tambalear nuestro sistema electrónico. Las telecomunicaciones, los sistemas de navegación, satélites y  redes eléctricas sobre las que se asienta nuestro día a día en la superficie terrestre se ven comprometidas por la vertiginosa actividad de nuestro sol.

Así lo afirma un nuevo estudio publicado hoy en Geophysical Research Letters, que desvela también que otras tormentas menos potentes golpean la Tierra cada tres años. Investigadores de la Universidad de Warwick y el British Antarctic Survey han estudiado los registros de los últimos 50 años, gracias a un nuevo índice geomagnético aplicado a los datos de los campos magnéticos opuestos situados en Reino Unido y Australia.

“Usamos medidas de perturbaciones en el campo magnético de la Tierra que se remontan a 1868, y presentamos una nueva forma de analizar los datos para identificar las tormentas magnéticas más grandes”, explican los autores en el estudio.

“Como resultado, podemos establecer la posibilidad de que ocurra al menos una súper tormenta en un año. Encontramos que, de media, hay una probabilidad del 4% (28%) de al menos una gran tormenta (severa) por año, y una probabilidad del 0.7% de una tormenta de clase Carrington por año”, nombrado así en honor a la mayor tormenta solar registrada.

Pero, ¿qué es una tormenta solar?

Estas tormentas solares o electromagnéticas son el fenómeno resultante del choque del llamado viento solar, o bien de una eyección de masa coronal, con el campo magnético de la Tierra. Cuando una de estas corrientes de viento solar llega a gran velocidad hasta nuestro planeta, las partículas extremadamente energéticas que contienen golpean la magnetosfera terrestre, provocando también intensas auroras boreales.

Dependiendo de la intensidad del fenómeno, las tormentas solares se clasifican con letras y números según su nivel de peligrosidad y el ciclo de intensidad de nuestro astro. El pasado año, tras analizar dos núcleos de hielo en Groenlandia, un grupo de investigadores descubrió que la capacidad de una ciudad para capear una fuerte tormenta geomagnética puede depender del tipo de roca que se halle bajo su suelo.

Este time-lapse muestra la aurora boreal desde la Estación Espacial Internacional

El evento Carrington, bautizado así por el científico que lo estudió, se trata de la mayor tormenta solar que ha azotado la Tierra a lo largo de la historia de nuestros registros.

¿Y si ocurriera hoy?

Ya en 1859, año en el que tuvo lugar, se tomaron medidas como la modificación de las rutas de aquellos vuelos que pasan por las zonas polares – por su imposibilidad de guiarse con otros sistemas de apoyo - o el cambio en la altitud de los mismos, tratando de evitar así las consecuencias de la actividad solar.

Provocando incendios y apagones en la tecnología que se utilizaba entonces, el telégrafo, este evento llevó también auroras boreales a los cielos de latitudes donde nunca antes se habían visto, como Madrid.

Si este evento tuviera lugar a día de hoy sería, sin embargo, devastador para el sistema que sostiene nuestro día a día en la Tierra, que depende de la tecnología a un nivel cuyo fallo provocaría un caos inimaginable.

A pesar de que las evaluaciones sobre el riesgo de clima espacial se encuentran aún varias décadas por detrás del estudio de amenazas como huracanes y terremotos, son cada vez más los estudios que tratan de anticipar estos fenómenos para poder amortiguar sus consecuencias. En esta línea y según afirma el estudio, este nuevo índice geomagnético supone por tanto una gran ayuda para “planificar el nivel de mitigación necesario para proteger la infraestructura crítica”.

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