La sonda Juno sobrevolará estas tres lunas de Júpiter por primera vez en casi 20 años

La sonda de la NASA pronto visitará tres lunas intrigantes de Júpiter, entre ellas Europa, considerada uno de los mejores lugares donde buscar vida extraterrestre.

Publicado 2 feb 2021 10:40 CET
Imagen de la sombra de Ío sobre Júpiter

La luna de Júpiter Ío —un mundo volcánico que orbita el planeta una vez cada 42 horas— proyecta su sombra sobre las nubes jovianas en esta imagen de la sonda Juno de la NASA.

Fotografía de NASA/JPL-CALTECH/SWRI/MSSS, KEVIN M. GILL

Tras cinco años orbitando Júpiter, la sonda Juno de la NASA está adentrándose en el corazón del sistema joviano.

En su viaje de cuatro años y 42 órbitas, la sonda se introducirá en un entorno traicionero y brutal, pero también ofrecerá nuevas imágenes de tres mundos alienígenas. Pero Juno, que está envuelta en una armadura de titanio que la protege de la radiación, está preparada para la misión. Y su equipo terrícola está ansioso por seguirla desde lejos durante este audaz viaje.

«Me siento muy emocionado, contentísimo por haber podido diseñar este plan», afirma Scott Bolton, investigador principal de la Juno en el Southwest Research Institute. «Fue una idea poco convencional literalmente ser capaces de hacer la transición de un orbitador de Júpiter que solo ha estudiado Júpiter a algo que explore todo el sistema».

Mientras Juno sigue vigilando el sistema, sus órbitas alrededor de Júpiter se irán acercando cada vez más al planeta más grande de nuestro sistema solar y se encontrará al alcance de tres de las lunas más intrigantes de Júpiter.

La luna Ío sale sobre Júpiter en esta imagen de la sonda Juno de la NASA. Ío, ligeramente más grande que la Luna de la Tierra, es el mundo con más actividad volcánica del sistema solar.

Fotografía de NASA/JPL-CALTECH/SWRI/MSSS, GERALD EICHSTÄDT Y JUSTIN COWART

En junio, la sonda pasará junto a Ganímedes, la luna más grande del sistema solar. A continuación, en el 2022, visitará Europa, un mundo con un océano cubierto de hielo que podría albergar vida. Y finalmente, a medida que Juno se acerca peligrosamente a Júpiter, se topará con Ío, una luna volcánica cubierta de escarcha sulfúrica. Una visita cercana a estas lunas por primera vez en casi dos décadas —desde que finalizó la misión de la sonda Galileo en el 2003— permitirá que los científicos estudien los esquivos mundos helados del sistema solar exterior.

«Sigo intentando que este hashtag sea tendencia: #PlanetsAreOverrated [#LosPlanetasEstánSobrevalorados]», afirma Julie Rathbun del Instituto de Ciencia Planetaria, que estudia Ío. «Las lunas y los satélites son mucho más interesantes».

Además de estudiar esas tres lunas alienígenas, Juno escrutará los anillos de Júpiter y pasará varias veces a través de ellos. Los anillos, oscuros y difusos, no son tan espectaculares como los de Saturno y los científicos no saben mucho sobre ellos.

«Es muy raro conseguir una misión al sistema solar exterior y es asombroso que podamos aprovechar esta sonda que ya está allí», afirma Cynthia Phillips del Laboratorio de Propulsión a Chorro, que estudia las lunas heladas del sistema solar exterior. «Es una misión completamente nueva».

Media década en Júpiter

Juno, lanzada en el 2011, empezó a orbitar Júpiter el 4 de julio del 2016. Los objetivos primarios de la NASA han incluido estudiar la gravedad, campos magnéticos, atmósfera e interior del gigante gaseoso.

Pero Juno, que lleva el nombre de la esposa del dios Júpiter, posiblemente sea más famosa por sus imágenes exquisitas del mundo más grande del sistema solar. Durante siglos, hemos observado desde lejos cómo unas tormentas enormes surcaban la faz del planeta. Pero de cerca, a través de la lente de la JunoCam, Júpiter es un mundo que parece pintado con acuarelas, salpicado de numerosos ciclones que giran y se acumulan cerca de sus polos.

Además de su delgado sistema de anillos, el planeta es orbitado por unas 79 lunas, entre ellas 12 que se descubrieron por accidente hace solo tres años. Las cuatro lunas más grandes, conocidas como satélites galileanos, fueron descubiertas en el siglo XVII por el astrónomo italiano Galileo Galilei, que al principio las confundió con estrellas. Ahora, Ganímedes, Calisto, Europa e Ío son unos de los lugares más intrigantes del sistema solar, aunque pocas sondas se han acercado lo suficiente para estudiarlas en detalle. Las dos sondas Voyager las sobrevolaron en 1979 y la sonda Galileo reconoció el sistema joviano durante ocho años a partir de 1995.

«Todavía me sorprenden los pocos datos que tenemos sobre todas estas lunas galileanas», afirma Rathbun.

La primera parada en el recorrido interno de Juno es Ganímedes. Esta luna, más grande que el planeta Mercurio, tiene un diámetro de más de 5200 kilómetros y completa una órbita alrededor de Júpiter cada 172 horas. El 7 de junio, Juno realizará el primero de sus sobrevuelos de este mundo lleno de cráteres que, como todos los satélites galileanos, lleva el nombre de una de las amantes mitológicas de Júpiter.

«Cuesta comprender el tamaño inmenso del sistema joviano», afirma Phillips. «Solo porque orbitemos alrededor de Júpiter no quiere decir que estemos cerca de Ío, Europa o Ganímedes».

La principal rareza de Ganímedes es que es la única luna del sistema solar que genera su propio campo magnético, un fenómeno que los científicos creen que se debe a un núcleo líquido y revuelto como el de la Tierra.

«Eso es lo que suponemos, pero no lo sabemos a ciencia cierta», afirma Phillips. No está claro cómo Ganímedes ha mantenido su magnetismo intrínseco en el sistema solar mientras otros cuerpos, como la Luna y Marte, perdieron sus campos magnéticos hace miles de millones de años.

Los científicos también sospechan que bajo la capa llena de cráteres de Ganímedes yace un océano global y las observaciones de Juno deberían ayudar a cartografiar esa capa superficial y buscar lugares delgados. Finalmente, los encuentros gravitacionales de Juno con Ganímedes restarán 10 días a la órbita de la sonda alrededor de Júpiter y la pondrán rumbo a Europa e Ío.

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En septiembre del 2022, Juno sobrevolará Europa, una luna considerada uno de los lugares del sistema solar donde es más probable que encontremos vida alienígena. Europa, el más pequeño de los satélites galileanos, es un mundo acuoso: bajo su corteza helada hay un océano global salado que contiene más agua que todos los mares de la Tierra.

Los científicos sospechan que este océano alienígena contiene todos los ingredientes necesarios para que evolucione y prospere la vida tal y como la conocemos: agua, una fuente de energía y elementos químicos esenciales. Pero no sabremos si Europa está habitada hasta que podamos volar una sonda lo bastante cerca para buscar señales de vida. La NASA está planeando hacer precisamente eso en los próximos 15 años, más o menos, con una misión llamada Europa Clipper que se está preparando para navegar hasta el sistema solar exterior.

El año que viene, Juno sobrevolará Europa tres veces. Mientras lo haga, buscará pistas de columnas de vapor de agua o géiseres, un fenómeno que los astrónomos dicen que está ocurriendo —al menos esporádicamente— en Europa.

«Hay mucho debate», afirma Phillips. «Así que es bueno tener otra sonda allí para que eche otro vistazo. ¿Verá algo sospechoso? Eso será importantísimo».

Juno también podrá escudriñar la capa helada en busca de puntos delgados o de lugares donde podría haber depósitos de agua líquida dentro de la corteza. Dichos lugares facilitarían que un futuro explorador robótico tomara muestras del océano sepultado. Y a medida que estudie la superficie, Juno creará un mapa de los polos nunca vistos de Europa.

«Al obtener imágenes de estas partes nunca vistas de Europa, podremos completar el mapa global», afirma Phillips. «No es como Marte, donde hemos enviado un montón de misiones».

A medida que Juno sobrevuela Europa, restará otros cinco días a su órbita. Esto reducirá el tiempo que tarda en dar una vuelta alrededor de Júpiter a solo 38 días y enviará la sonda hacia Ío, la luna infernal.

Júpiter 101
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Con más de 400 volcanes activos, Ío es el lugar más volcánico del sistema solar. Cuando la sonda New Horizons de la NASA pasó junto a Júpiter en el 2007, detectó una enorme fuente de fuego que se extendía a 320 kilómetros sobre la superficie de la luna.

Ío es uno de los destinos más difíciles y peligrosos de alcanzar. Su proximidad a Júpiter, que orbita una vez cada 42 horas, la sitúa en un entorno muy duro. De hecho, la gravedad de Júpiter y Europa calienta, presiona y estira la propia luna, lo que explica su hiperactividad. En el 2023, Juno realizará 11 sobrevuelos del mundo, durante los cuales Rathbun espera observar actividad extrema, como el estallido de la región volcánica de Tvashtar que capturó la New Horizons.

«Tvashtar siempre parece estar activa cuando hay algo cerca», bromea Rathbun. Además, Ío está siempre en erupción, básicamente. El material que produce es capturado por la gravedad de Júpiter y alimenta las enormes auroras del planeta, unos vívidos espectáculos de luz ultravioleta en los polos, similares a las auroras boreales y australes de la Tierra.

Al igual que con Europa y Ganimedes, no se han hecho muchas observaciones cercanas de Ío. La mayor parte de la información que hemos recopilado sobre la luna desde el fin de la misión Galileo la han obtenido los telescopios terrestres.

«Cada vez que la observas, está pasando algo nuevo y, con Ío en particular, tienes que mirar con tanta frecuencia como puedas», afirma Rathbun.

A diferencia de los volcanes de la Tierra, los de Ío están repartidos aleatoriamente sobre la superficie de la luna, un patrón que plantea incógnitas sobre los reservorios de magma y el calor interno de la luna. Rathbun dice que los volcanes a latitudes más altas parecen comportarse de forma distinta que aquellos cerca del ecuador y entran en erupción con menos frecuencia, pero con más potencia.

Rathbun afirma que cuando se enteró de los planes para sobrevolar Ío, empezó a «saltar de la emoción»: «¿Un buen vistazo de los volcanes de los polos? ¡Por fin!».

Bolton dice que Juno podría ayudar a los científicos a averiguar si los volcanes de Ío son alimentados por un océano de magma global o si unos depósitos separados más pequeños impulsan las erupciones locales. Y no le preocupa enviar la Juno tan cerca de Júpiter ni las travesías de la sonda a través del sistema de anillos. Si hay una sonda capaz de sobrevivir a la dura radiación de Júpiter o a una colisión con una partícula de los anillos, es Juno.

«La construimos como un tanque blindado», afirma. «Y la armadura parece estar aguantando bien».

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.
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