Fotografía

Los secretos tras las estrambóticas fotografías de bodas de lujo en China

A medida que China se moderniza, las bodas de una clase media en alza se han convertido en un próspero negocio y en una forma en la que las parejas presumen de su riqueza y su personalidad. Jueves, 9 Noviembre

Por Nina Strochlic
Fotografías de Guillaume Herbaut

Hace unos años, el fotógrafo Guillaume Herbaut estaba en Sanghái para hacer un reportaje sobre su «mercado del amor», un parque donde los padres se reúnen para hacer de casamenteros de sus hijos solteros. En su camino se detuvo en una empresa llamada «The Only Studio». Dentro, encontró un Disneyland de temática matrimonial en el que había más de 20 impresionantes decorados, desde castillos nevados a islas griegas. Los maquilladores, diseñadores de vestuario y los fotógrafos guiaban a las parejas prometidas de escenario en escenario, sacando fotos de sus bodas de ensueño.

«Se entrecruzaban las historias de amor reales [y] los escenarios falsos», recuerda Herbaut. «La impresión de que el universo de las series [de televisión] funcionaba en la realidad».

En temporada alta, según le contaron, 80 parejas iban al estudio cada día para conseguir fotografías sacadas por 60 fotógrafos mientras llevaban sus mejores galas.

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En el siglo pasado, las bodas han cambiado de forma radical en China. Tradicionalmente, los matrimonios se acordaban mediante casamenteros o a través de los padres; no se requería el consentimiento de los novios. Cuando la última dinastía imperial china llegó a su fin a principios del siglo XX, la fotografía se introdujo en las bodas. Sin embargo, como muchos otros aspectos de la ceremonia, las instantáneas se valoraban según la imagen que proyectaban hacia el exterior y que transmitían a las generaciones futuras.

A medida que la reforma económica ha dado lugar a una clase media china en el siglo XX, los matrimonios han cambiado para centrarse en la pareja. Como herramienta para esta personalización recién descubierta, la popularidad de las fotografías previas a la boda sacadas en estudios ha crecido en gran medida.

«Las sesiones de fotos eran casi como cosplay», afirma Jiajing Mao, experto en tradiciones matrimoniales chinas. «Muchas parejas no solo se sacan fotos de sí mismos en chaqués y vestidos, sino que también hacen que el decorado imite su época de estudiantes, la época de la revolución cultural, el período republicano chino u otras escenas variadas de su vida diaria; sin importar si han sido compañeros de clase o no, vivieron durante [ese] período, o experimentaron la misma vida».

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La moda del estudio fotográfico probablemente surgió en Taiwán como forma de vender vestidos y posteriormente migró a China en la década de 1980. Se estima que actualmente la industria tiene un valor que llega a los miles de millones. Los clientes con los que Herbaut se encontró en el Only Studio se gastaban entre 360 y 16.000 euros por sesión.

Históricamente, las familias chinas siempre se han gastado gran parte de sus ingresos en las bodas, afirma Tianyi Li, que está elaborando una historia oral de los rituales matrimoniales en la provincia china de Jiangsu. Según las estadísticas estatales que cita, las bodas modernas cuestan una media de 9.900 euros, lo que supone más de los ingresos de un trabajador urbano medio.

Ahora, a medida que las lujosas bodas de los famosos aparecen en directo en televisión y redes sociales —hace unos años, la «Kim Kardashian china» se casó en una ceremonia de 27 millones de euros—, todo el mundo pretende obtener su pequeña muestra de glamour.

Algunas parejas van a Thames Town, un barrio británico modelo en Shanghái, antes del gran día. Los que tienen dinero para viajar, sustituyen los decorados falsos por los reales. Las compañías de tourschinas ofrecen paquetes de sesiones de fotos para las parejas prometidas. En parte gracias al éxito de series como Downton Abbey en China, Inglaterra se ha convertido en un popular destino «preboda» para sacarse fotos en castillos y campos bucólicos.

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Las tendencias chinas también se basan en la retrospectiva. En la época imperial, las parejas llevaban vestidos oficiales a sus bodas. Ahora, según Mao, las empresas han empezado a ofrecer paquetes de boda de estilo tradicional que incluyen estos antiguos atuendos. «Muchas personas empiezan a cuestionarse por qué tenemos mayoritariamente vestidos de boda occidentales, y en raras ocasiones vestimenta tradicional china, y por ello intentan regresar a sus raíces tradicionales», explica Mao.

El telón de fondo de esta moda es el hecho de que el número de matrimonios en China ha caído debido a un impresionante desequilibrio de género: una mayoría de hombres debido a la política China de un solo niño. Las mujeres chinas cuentan con más educación que nunca y la tasa de natalidad se ha ralentizado. Estas estadísticas demográficas hacen que los antiguos tabúes sean cada vez más débiles. Por ejemplo, es cada vez más aceptable que una mujer se case con un hombre divorciado o viudo, o incluso con uno que tenga menos ingresos que ella.

Incluso aquellos que se han casado mucho antes de la aparición de los decorados elaborados tienen la oportunidad de posar ante la cámara. En la actualidad, según el historiador Tianyi Li, muchos geriátricos organizan sesiones fotográficas para el «aniversario dorado» de las parejas que celebran décadas de matrimonio.

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