Historia

Estas son las fantasmagóricas ruinas de una cárcel insular croata

Los turistas dispuestos a viajar hasta esta isla deshabitada en la costa Adriática pueden visitar estos decrépitos restos carcelarios.Thursday, November 9, 2017

Por Sarah Gibbens

La isla Goli fue descrita en su día como un «infierno» por aquellos desafortunados que acababan en la prisión que albergaba.

Esta cárcel, a poco más de 3 kilómetros de la costa de Croacia, no era un lugar donde se enviaba a los criminales más mezquinos, sino una especie de vertedero de prisioneros de guerra y disidentes políticos. Durante la Primera Guerra Mundial, el imperio austrohúngaro usaba la isla para alojar a soldados rusos.

En 1948, cuando comenzaron a aumentar las tensiones en la Guerra Fría, el líder yugoslavo Josip Broz «Tito» —revolucionario comunista— cortó las relaciones con la Unión Soviética. La isla de Otok pronto se convirtió en una cárcel política y en un campo de trabajo para todo aquel yugoslavo que todavía fuera partidario del líder soviético Joseph Stalin o que se opusiera al gobierno de Tito.

Algunos documentos publicados por la CIA en 1970 revelan que el régimen de Tito arrestó periódicamente a disidentes políticos entre 1948 y 1955, cuando la prisión registró una mayor actividad. En 1956, se estimaba que más de 15.000 personas habían sido enviadas a la diminuta isla y que hasta 600 habían fallecido allí, algunas supuestamente torturadas. El informe de la CIA describía la isla como la «Isla del Diablo» de Tito en el Adriático y argumentaba que era tanto una prisión para los partidarios de Stalin como para los disidentes del régimen de Tito. (Algunos incluso la llaman la «Alcatraz croata» debido a su localización en una isla y a la intensa seguridad).

La cárcel se clausuró a finales de la década de 1980, cuando el telón de acero comenzó a desmoronarse en Europa del este. En aquella época, el muro de Berlín fue derrumbado y la Unión Soviética empezó a derrumbarse.

En la actualidad, la isla está en ruinas. Desde que fue abandonada, los restos de la prisión han quedado en pie como un fantasmagórico recordatorio del régimen totalitario de Tito. La vegetación es escasa en los casi 4 kilómetros cuadrados y el único animal que se ve vagando por la isla es alguna que otra oveja de vez en cuando. Las únicas visitas humanas proceden de los turistas que acuden para explorar las ruinas de la prisión.

Bob Thissen es un director holandés apasionado sobre la documentación y la exploración de restos como los de la isla Goli. En 2016, viajó en un ferri privado a la isla y filmó las ruinas decrépitas.

«Caminar entre ruinas... Es bastante espeluznante», declaró en una entrevista con National Geographic. «Aun se pueden ver los muros altos y las celdas».

Su vídeo muestra dónde se derrumbaron los esqueletos de acero de los edificios de mediados de siglo. Las herramientas y las mesas de trabajo han quedado esparcidas en los talleres abandonados donde se obligaba a trabajar a los reclusos.

Thissen acampó en la isla una noche y describió la falta de flora y fauna como algo inquietante y silencioso.

«Pero no hay fantasmas», dijo, riendo.

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