Historia

Seis exploradoras que emprendieron aventuras por su cuenta

Estas mujeres desafiaron un sistema discriminatorio para emprender expediciones que cambiarían el mundo.Monday, April 9, 2018

Por Heather Brady - National Geographic
Ruth Harkness, diseñadora de moda y aristócrata, da de comer con un biberón a la cría de panda gigante Su-Lin sobre su regazo en 1936.

Tradicionalmente, el mundo de la aventura ha sido masculino. Aunque algunas de las primeras exploradoras se resistieron a las convenciones sociales y partieron en sus propias expediciones, como Marianne North (que describía el matrimonio como un «experimento terrible» que convertía a las mujeres en sirvientas), históricamente se ha excluido a las mujeres de la exploración.

Pero algunas decidieron usar los privilegios masculinos en beneficio propio, asociándose con sus maridos —y en un caso, con su jefe— para llevar vidas llenas de aventuras.

Estas mujeres fuertes e inteligentes navegaron por el mundo, en ocasiones disfrazadas de hombres, y normalmente siguieron adelante con sus viajes y su trabajo aunque los hombres con los que viajaran enfermaran y murieran.

La exploradora Katherine Routledge.

Katherine Routledge

Cuando Katherine Routledge propuso al Museo Británico y la Royal Geographic Society en la década de 1910 un viaje a la isla de Pascua, llevó consigo a su marido, William Scoresby Routledge. William era miembro de la Royal Geographic Society desde la década de 1880, y por eso había entablado una relación cercana con otros hombres de la sociedad.

Katherine no tenía formación académica más allá de su grado en historia moderna en Oxford, pero le interesaba desvelar los misterios del origen de los moai, las grandes estatuas de piedra de la isla de Pascua. Contando con las notas de un erudito de Oxford y con su marido William, propuso con éxito su expedición a la isla, donde su investigación implicó excavar las estatuas y conversar con los últimos ancianos indígenas de la isla. Finalmente, excavaron docenas de estatuas y su investigación se publicó una vez ella y su marido regresaron de la expedición.

Gudridur

Gudridur, conocida gracias a cuentos islandeses como la Saga Grœnlendinga, fue una exploradora que vivió en Groenlandia en el siglo X. Había llegado allí con su padre desde su Islandia natal, se casó con el hijo de Erik el Rojo, fundador de Groenlandia, y ella y su marido se unieron a una expedición que se dirigía al oeste de Groenlandia para explorar Norteamérica. Tras la muerte de su marido en el viaje de vuelta, siguió explorando, se volvió a casar y pasó dos años colonizando Norteamérica con su nuevo marido.

Retrato de Jeanne Baret, aventurera francesa.

Jeanne Baret

Jeanne Baret, también conocida como Jean Baret, ama de llaves del naturalista francés Philibert Commerson, se disfrazó de hombre para acompañarle en su viaje en barco alrededor del mundo en 1766. En aquella época, a las mujeres no se les permitía subir a buques navales, por eso tuvo que disfrazarse de hombre para unirse a la expedición. Finalmente, la tripulación descubrió que era una mujer, pero se quedaron impresionados con su determinación y decidieron que podía quedarse a bordo hasta que el barco volviera a casa. Cuando Commerson cayó enfermo durante el viaje, Baret le cuidó hasta que falleció y después siguió adelante con la travesía. Se casó con un soldado francés y regresó a Francia tras haber estado fuera casi una década.

Ruth Harkness

Ruth Harkness, aristócrata y diseñadora de moda en los años veinte y treinta, llegó al mundo de la exploración y la conservación a través del deseo de su marido de traer un panda a Estados Unidos. Él falleció antes de cumplir su sueño, así que Harkness asumió la responsabilidad, viajó a Shanghái y emprendió su propia expedición en busca de un panda. Antes que ella, doce expediciones profesionales habían fracasado, pero en 1936 logró traer a Estados Unidos una cría de panda —la primera que vivió fuera de China— e inició una nueva era de conservación de pandas.

Delia Akeley

El segundo marido de Delia Akeley, Carl Akeley, la introdujo en el mundo de la exploración. El Museo Americano de Historia Natural y el Museo Field de Historia Natural habían comprado sus obras de taxidermia, y la pareja hizo varios viajes a África para recoger especímenes, aunque esto implicaba disparar y matar animales. Delia disparó a tantos animales como Carl, entre ellos un elefante macho. En un momento dado, tras haber matado a muchos animales en nombre de la conservación, Carl dijo que se sentía como un asesino. Aunque finalmente se divorciaron, Delia siguió viajando a África y dirigió dos expediciones más al continente antes de casarse con su tercer marido y retirarse de su carrera de exploradora.

Retrato de la aviadora americana Amelia Earhart en la cabina de su avión, en torno al 1925.

Amelia Earhart

Aunque la aventura de la famosa piloto alrededor del mundo no surgió de la asociación con un marido, Amelia Earhart sí trabajó con su marido para que este gestionara su carrera como exploradora. Earhart se resistió a casarse con George Putnam, que también era explorador y que se lo pidió seis veces hasta que ella accedió. Le hizo prometer que, si no eran felices en un año, se separarían y en su ceremonia civil quitó la frase estándar de la novia que promete «obedecer a su marido».

Su matrimonio perduró y Putnam gestionó las apariciones públicas de Earhart hasta su desaparición en 1937. Sus optimistas declaraciones iniciales ante la prensa se fueron reduciendo y espaciando con el paso del tiempo, y nadie recuperó nunca su avión ni su cuerpo. Todavía no se ha encontrado a Earhart y, tras su muerte, su marido fundó una nueva editorial y luchó en la Segunda Guerra Mundial.

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