Los ibicencos, genéticamente distintos

Un nuevo estudio del Instituto de Biología Evolutiva revela que estos isleños son genéticamente diferentes al resto de españoles.

Publicado 21 feb 2019 12:26 CET

Ni rastro del esperado protagonismo de la herencia de los fenicios, que colonizaron la isla en el 654 a.C., queda en la impronta genética de los ibicencos. Tampoco romana, omeya, árabe o cartaginense.

Los genes de quienes habitan esta pequeña isla balear son diferentes a los del resto de España, según afirman los investigadores del Instituto de Biología Evolutiva (IBE), de la Universidad Pompeu Fabra (UPF) y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en su estudio Los ibicencos: un aislamiento inesperado en el Mediterráneo occidental.

Esta singular genética se debe a sus raíces: los ibicencos actuales son descendientes de los conquistadores catalanes que invadieron y repoblaron la isla en el siglo XIII. A partir de entonces, la convulsa historia de este pequeño territorio, que ha sufrido numerosos ataques piratas, hambrunas y epidemias que han diezmado a su población, ha generado la gran diferenciación genética del resto de territorios cercanos.

Antes de que Cataluña conquistara a los isleños en 1235 d.C., Eivissa ya había sido influenciada por varias culturas, como la fenicia, la cartaginense y la omeya. El impacto de estas diversas culturas en la estructura genética de los isleños sigue siendo territorio inexplorado, pero este estudio no ha encontrado rastro de ascendencia fenicia.

Interior de uno de los hipogeos visitables de la necrópolis púnica del Puig des Molins (Ibiza).
Fotografía de Archivo del Museo Arqueológico de Ibiza y Formentera

Un estudio anterior ya había revelado que los pobladores originales, los fenicios, no parecían haber dejado huella genética en la Ibiza moderna, aunque no habían localizado la causa. "Si bien era previsible que no hubiera un vínculo genético con los fenicios, la singularidad genética de los ibicencos actuales resulta muy sorprendente”, declara para el CSIC Benjamí Costa, colaborador del estudio.

Hasta ahora considerada una anomalía en los genes, esta diferencia es comparable, según los investigadores, a la que existe entre los vascos y el resto de habitantes peninsulares. Estas poblaciones, fundadas a partir de concentraciones aisladas y grupos iniciales pequeños, serían comparables a las de los islandeses o los sardos, en Cerdeña.

Publicado en la revista European Journal of Human Genetics, el estudio ha analizado el genoma de 189 muestras, que representan 13 de 17 regiones en España, además de 105 muestras del Levante, 157 muestras del norte de África, y ADN antiguo de la necrópolis fenicia del Puig des Molins, en Ibiza.

“En el paisaje del Mediterráneo occidental, la compleja historia de Ibiza destaca por su peculiaridad”, afirman los investigadores. Con un área de 577 kilómetros, su población nunca superó los 35,000 habitantes hasta la década de 1960, cuando llegaron los movimientos hippies a la isla fascinados por su naturaleza y la posibilidad de aislarse de los conflictos y las guerras. Hoy, con aproximadamente 140.000 habitantes, vivimos una Ibiza diferente.

Restos del asentamiento fenicio de Sa Caleta, Ibiza.
Fotografía de Wikimedia Commons

Aunque, como indica el estudio, diferente ha sido siempre. “La evidencia arqueológica sugiere que la isla fue visitada esporádicamente desde finales del sexto milenio hasta principios del quinto milenio antes de Cristo, pero probablemente no se estableció permanentemente hasta mucho más tarde”, declara el estudio.

Los cambios demográficos dramáticos que ha vivido la isla a lo largo de su historia parecen ser la causa de sus singulares genes, pero los investigadores afirman que también “se ha tenido en cuenta la hipótesis de que los ibicencos modernos difieren de las poblaciones españolas continentales solo porque viven lejos de ellos”.

Tras estudiarlo con un análisis que también tomaba en cuenta Mallorca y Menorca, llegaron a la conclusión de que “la insularidad y la posición geográfica de Ibiza no parecen ser los principales contribuyentes a su carácter genético”.

Aunque no todas las islas mediterráneas se caracterizan por estas diferencias, ya que Mallorca, Menorca y Sicilia son muy parecidas al continente, los descubrimientos de este estudio, liderado por Francesc Calafell, abren la puerta a nuevos hallazgos sobre la población mediterránea y al análisis de otros lugares que presenten una segregación geográfica similar.

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