El tráfico de esposas birmanas en China: «Danos un bebé y te dejaremos ir»

El desequilibrio de género en China, consecuencia de la política de un solo hijo, ha provocado que cientos de mujeres y niñas birmanas sean víctimas del tráfico de esposas para buscar descendencia.

Por Cristina Crespo Garay
Publicado 22 mar 2019, 10:51 CET, Actualizado 2 nov 2021, 17:38 CET
Trafico esposas Birmania
Esta joven fue traficada a los 17 años por la madre de una amiga que le prometió un trabajo bien remunerado cuidando niños y luego la vendió a una familia en China como "novia". Una vez comprada, fue confinada y sometida a esclavitud sexual, pero logró escapar después de varios meses y regresar a su hogar en Myanmar.
Fotografía de Human Rights Watch

Seng Moon, una joven birmana de 17 años, fue víctima del llamado tráfico de esposas. Todo comenzó con una propuesta laboral: la madre de una amiga le prometió un trabajo bien remunerado cuidando a unos niños en China y, cuando accedió, la vendió a una familia china. Una vez comprada, fue confinada como esclava sexual hasta que se quedó embarazada.

“La familia me llevó a una habitación. En esa habitación, me ataron de nuevo. (...) Cerraron la puerta, durante uno o dos meses. Cuando llegaba la hora de comer, me daban comida. Yo lloraba (...) Cada vez que el hombre chino me traía comida, me violaba”. Es el duro testimonio que relata Moon a Human Rights Watch (HRW).

El tráfico de esposas es una de las terribles consecuencias a largo plazo de la política china que prohíbe tener más de un solo hijo, ley que además da preferencia al varón y provoca una brecha de género de tal magnitud que muchos hombres a día de hoy no puedan encontrar esposa. El de Seng Moon es tan solo uno de los 37 testimonios de mujeres birmanas de etnia kachin que sobrevivieron al horror de la trata de esposas y a los que da voz la organización Human Rights Watch en su informe ‘Danos un hijo y te dejaremos ir”: el tráfico de ‘novias’ de Kachin desde Birmania a China’.

“Birmania y las autoridades chinas hacen la vista gorda mientras que traficantes sin escrúpulos están vendiendo a mujeres y niñas Kachin destinadas al cautiverio y abusos indescriptibles”, afirma  Heather Barr, codirectora en funciones del departamento de derechos de la mujer de Human Rights Watch y autora del informe.

El tráfico de esposas se extiende por Asia

Denunciado por primera vez en 2019, desde entonces el tráfico de esposas hacia China se ha extendido por toda Asia. En aquel momento, el informe denunciaba que los gobiernos de Birmania y de China habían fracasado en su propósito de contener la trata de mujeres y niñas de etnia Kachin como esposas para las familias chinas. 

A fecha de hoy, "las cosas no han cambiado mucho, lamentablemente. Hemos documentado la propagación del tráfico de novias a China en muchos más países de la región", cuenta Baar a National Geographic sobre la evolución de la situación hasta noviembre de 2021. "Myanmar tiene ahora una nueva autoridad extremadamente abusiva, lo que ha sido un gran revés para tratar de abordar los abusos de los derechos humanos como la trata de personas. China reemplazó su 'política de dos hijos' por una 'política de tres hijos'. Esto puede ayudar un poco a reducir la disparidad de género, pero aún viola los derechos reproductivos de las personas al restringir sus opciones, y no resolverá el desequilibrio de género que ya existe y persistirá durante muchos años, lo que continuará impulsando el tráfico de novias".

Engañadas por sus propias familias y conocidos que les prometen trabajos en China, niñas y mujeres son en cambio vendidas por cantidades de 3.000 a 13.000 dólares para que, una vez allí, sean encerradas y violadas repetidamente hasta quedarse embarazadas. "Las mujeres Kachin son vulnerables porque a menudo están profundamente marginadas y empobrecidas dentro de su propio país", explica Baar. "Las circunstancias extremadamente difíciles que viven en Myanmar, debido a las acciones abusivas tomadas por el gobierno de Myanmar, obligan a muchas de ellas a buscar empleo en China. Debido a que generalmente no pueden hacerlo legalmente, son muy vulnerables a los traficantes de personas".

La organización relata la gran dificultad de obtener cifras precisas sobre esta situación. "Con el golpe en Myanmar, se ha vuelto aún más difícil. En el lado de China, no estoy al tanto de ningún dato nuevo, y cualquier dato sería profundamente sospechoso, ya que sabemos que casi ninguno de los casos que documentamos habría sido registrado por los datos del gobierno chino", declara Barr. “La escasez de medios de vida y garantías para los derechos fundamentales han convertido a estas mujeres en una presa fácil para los traficantes, que tienen pocas razones para temer a las autoridades a ambos lados de la frontera”.

El conflicto armado en Birmania

“De repente, en 2011, estallaron los combates. Tuvimos que huir y escapar por nuestras vidas. Antes nos íbamos por poco tiempo (...)Pero nunca pudimos volver, y poco a poco tuvimos que irnos hacia la zona fronteriza, porque el ejército de Birmania atacaba a la población civil”, narra a HRW una trabajadora de la Asociación de Mujeres Kachin.

“Entonces, comenzaron a venir los traficantes chinos para persuadir a los civiles (...) [Las mujeres jóvenes] estaban dispuestas a arriesgarlo todo con tal de ayudar a sus familias, ayudar a sus hermanos menores”, declara.

La trata se abre paso entre la desesperación provocada por la situación que han dejado tras de sí los conflictos en el norte de Birmania. Los combates entre Kachin y los estados norteños de Shan han dejado a más de 100.000 personas desplazadas en campamentos internos.

"Entonces el chino dijo: 'Si no te casas con un hombre, devuélveme ahora el dinero que gastamos en ti aquí. En este momento, cuenta el dinero para dármelo. La joven Kachin, traficada en 2015, escapó de la casa y llegó a la policía china antes de ser vendida.
Fotografía de Human Rights Watch

“El gobierno de Birmania ha bloqueado en gran parte el acceso de la ayuda humanitaria a los campamentos, algunos de los cuales están bajo el control de la oposición, la Organización de Independencia Kachin”, declaran desde Human Rights Watch. Esto hace aún más vulnerables ante el tráfico de personas a las mujeres y a las niñas que viven en los campamentos.

Los testimonios reflejan que el verdadero interés de las familias chinas es la descendencia, por lo que a menudo, tras dar a luz, las mujeres pueden escapar bajo un alto precio: dejar atrás a su propio hijo.

Entre 30 y 40 millones de mujeres desaparecidas

 

Más de 100.000 personas, predominantemente de etnia kachin, han sido desplazadas, según el informe de HRW. "Muchos supervivientes de la trata afirman que viven desesperadas en campamentos de personas desplazadas, con pocas oportunidades de ganarse la vida. El gobierno de Myanmar bloquea la ayuda a los campamentos". 

Al otro lado de la frontera en China, el porcentaje de mujeres ha disminuido constantemente desde 1987. Según el informe, China tiene entre 30 y 40 millones de mujeres desaparecidas. "El desequilibrio se debe a la preferencia por los niños, agravada por la “política del hijo único” vigente desde 1979 hasta 2015, y la brecha de género entre hombres y mujeres de entre 15 y 29 años está creciendo", afirma HRW.

Una vez que logran regresar a Birmania, si es que lo logran, los medios para superar el trauma vivido no abundan. Algunas de ellas ni siquiera son capaces de volver a sus hogares por la vergüenza que les ocasiona lo sucedido. Otras familias acudieron a la policía en busca de ayuda, pero fue un esfuerzo en balde; o bien fueron ignoradas o les pidieron dinero a cambio de actuar.

Según la organización, el relato aún empeora en el caso de las mujeres y niñas que, tras escapar, acuden a la policía china, ya que se arriesgan a ser incluso encarceladas por violar las leyes de inmigración, ignorando que se trata de víctimas de la trata de personas.

El tráfico de bebés

“El agente birmano las entrega al agente chino. El agente chino proporciona un alojamiento y comida y las muestra a un hombre chino, que mira y paga dependiendo de lo bonita [que sea]”, afirma una funcionaria de la Organización de la Independencia Kachin.

Una niña birmana de 14 años aceptó trabajar junto a su prima en una tienda de ropa por 38 dólares mensuales. “Cuando llegamos, la china-Shan cerró la puerta por fuera y nos advirtió que no huyéramos. Dijo que si tratábamos de escaparnos, nos cortaría las manos y las piernas”, narra a HRW.

Otra mujer, acompañada de su hijo, cuenta los horrores de su viaje cuando un llegó un agente a mostrarle los hombres. “Me preguntó cuál me gustaba”, narra. “Cuando dije que no me gustaba ninguno, me abofeteó. Esto continuó así durante unos días y seguí negándome. Entonces el agente me violó. El agente se enfadó y para calmarse por la noche me violó. Fue una violación violenta”.

En otros casos, tras lograr huir hasta Birmania, las mujeres no podían superar la depresión de haber dejado atrás a sus hijos. Es el caso de esta mujer, que tuvo que regresar a China con él: “Los miembros de la familia no me dejaban cuidar del bebé, solo pude parirlo y amamantarlo. Le daba el pecho al bebé, luego la suegra lo tomaba y lo cuidaba. No me dejaban ser su madre”.

Con estos trágicos testimonios, Human Rights Watch denuncia cómo los sobornos eluden la justicia de dos países que poco hacen por poner fin a un tráfico ilegal de bebés entre sus fronteras que va camino de continuar en aumento. "El cambio para permitir que las personas en China tengan más hijos debería comenzar a abordar el desequilibrio de género, pero desafortunadamente no hemos visto ningún esfuerzo importante por parte de los gobiernos de China de Myanmar para detener la trata o ayudar a las mujeres y niñas víctimas de la trata", concluye Barr.

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