Entrevistamos a la fotógrafa documental y exploradora de National Geographic Maria Contreras Coll

Tras documentar la crisis de los refugiados en Europa, Maria Contreras Coll se mudó a Nepal para retratar en primera línea la vida de las mujeres desterradas por menstruar y el confinamiento de las llamadas “niñas diosas”.

Publicado 16 dic. 2020 15:52 CET, Actualizado 16 dic. 2020 21:47 CET
Maria Contreras Nepal

Surekha posa para un retrato dentro de la cabaña durante su primer período. Cuando se dio cuenta de que tenía su primer período, se avergonzó y trató de ocultarlo. “No me siento impura ni intocable aunque esta práctica ha cambiado mucho mi vida diaria”, dice, “no puedo creer que esto vaya a pasar todos los meses de mi vida”.

Fotografía de Maria Contreras Coll, exploradora de National Geographic

Bajo la implacable determinación de su voz, la fotógrafa documental y exploradora española de National Geographic Maria Contreras Coll (Barcelona, 1991) relata su experiencia a National Geographic España con el entusiasmo y la crudeza propias de su vocación: dar voz a las historias que necesitan ser escuchadas.

Después de finalizar sus estudios de Bellas Artes, hizo un máster de fotoperiodismo y comenzó a trabajar documentando la crisis de los refugiados en Europa.

Maria Contreras Coll, fotoperiodista y exploradora de National Geographic.

Un año más tarde decidió mudarse a Nepal para documentar en primera línea las restricciones a las que se enfrentan las mujeres cuando menstrúan y la vida de las “niñas diosas”, obligadas a ser veneradas y a vivir aisladas en templos  hasta su primera menstruación.

Recientemente, Maria Contreras Coll ha retratado la situación de la pandemia con el apoyo del programa Covid 19 Emergency Fund de National Geographic Society, un proyecto que recoge la ayuda que la comunidad ha dado a familias afectadas por los efectos de la COVID-19. El trabajo formará parte de la exposición fotográfica Santa Anna, que podrá visitarse en el Hospital de Campaña Santa Anna, en Barcelona, desde el próximo 19 de diciembre al 15 de enero de 2021.

Su trabajo ha sido publicado en The New York TimesWashington Post, entre otros, y se ha expuesto en ciudades como Dubai, Londres o Barcelona. En concreto su trabajo en Nepal ha sido recientemente galardonado en Latinoamérica con un POY Latam.

¿Cómo surgió la decisión de mudarte a Nepal para documentar la situación de las mujeres y de las 'niñas diosas'?

Todas las historias que he trabajado tienen un “click” interno; todas ellas surgen de algo que me ha afectado a mí de manera directa o indirecta. Es importante recalcar que este tema surge de mi propia menstruación.

“Las ‘niñas diosas’ de Nepal son confinadas en templos cuando tienen de 3 a 6 años para ser veneradas y se reemplazan cuando tienen la menstruación”

por Maria Contreras Coll

Es el cuestionamiento del estigma menstrual que tengo en mi propio país lo que me lleva a intentar entender algo que está pasando a muchos kilómetros, pero que de alguna manera puedo relacionar y transformar.

Antes de estudiar el máster de fotoperiodismo vi un artículo que decía que las mujeres menstruantes en Nepal tenían que estar aisladas. Mi cabeza explotó. ¿Cómo podía ser que no solamente las mujeres sufran dolor cuando menstrúan, este estigma, este silencio, sino que además  tengan que estar aisladas y no puedan entrar en sus propias casas?

Surekha Kunwar, una chica de 14 años del distrito de Achham, posa para un retrato dentro de un “hut” o ”goth” durante su primer período. Esta pequeña casa de barro se construyó hace varios años para mantener a las mujeres que menstrúan fuera de sus propias casas, siguiendo una tradición hinduista llamada “Chhaupadi Partha”. Por primera vez en la vida, Kunwar será considerada impura y obligada a vivir en este lugar durante 7 días.

Fotografía de Maria Contreras Coll, exploradora de National Geographic

Narpata Boudha, una mujer nepalí de 47 años de una remota aldea del lejano oeste en el distrito de Achham, muestra los únicos instrumentos que se le permiten usar cuando menstrúa. Cuando tienen su período, las mujeres no pueden tocar ningún instrumento de cocina, ni el agua de las fuentes. Solo pueden utilizar un cuenco específico para beber el agua que le pongan los vecinos y un plato donde los vecinos ponen la comida. No pueden comer en la comunidad.

Fotografía de Maria Contreras Coll, exploradora de National Geographic

A lo largo de 2016 y 2017 estuve documentando a los migrantes y refugiados en Europa, pero esa idea seguía en mi cabeza. Decidí que 2017 era el año en el que iba a ir a Nepal a documentar esta práctica. No quería hacer algo rápido, era un tema que me parecía tan importante que decidí mudarme a Nepal. Cuando llegué allí, pasó algo muy importante al hablar con Radha Paudel, una de las activistas que más ha trabajado el estigma menstrual y la madre de este proyecto. Me dijo: tú vienes aquí a retratar cómo las mujeres sufren esta práctica, pero la realidad es que las mujeres también están transformando esta práctica. Me dije: ‘Esta historia aún tiene capas más importantes’.

¿Cómo fue la experiencia de vivir esa transformación?

Fue lo más potente ver cómo esta práctica se está transformando y cómo las mujeres por primera vez se están poniendo en contacto con mujeres de otros pueblos, cómo se están agrupando, cómo se está hablando. Al final es verbalizarlo. De alguna manera, yo soy la metáfora andante de cómo este problema está comenzando a transformarse y a tener visibilidad.

Surekha Kunwar escribe en un cuaderno sobre la experiencia de tener su período por primera vez. "No me siento impura, ni intocable, no puedo creer que vaya a tener que hacer esto todos los meses de mi vida”, dice.

Fotografía de Maria Contreras Coll, exploradora de National Geographic

La menstruación se considera un castigo de los dioses por los pecados de la mujer. La mayoría de personas en las aldeas creen que si las mujeres menstruantes no siguen esta tradición, serán castigadas con desgracias, enfermedades o incluso la muerte.

Fotografía de Maria Contreras Coll, exploradora de National Geographic

En el tiempo en el que estuve viviendo en Nepal, también estuve trabajando sobre otro tema vinculado a la menstruación: las niñas diosas de Nepal. Estas niñas de la etnia newar son seleccionadas cuando tienen de 3 a 6 años y son obligadas a confinarse dentro de un templo porque se consideran la personificación de las diosas. Sin embargo, cuando estas niñas tienen su primera menstruación, tienen que ser reemplazadas, y la manera de adaptarse al día a día normal cuando terminan sus años en los templos también es muy complicada.

¿En qué momento decidiste comenzar a dar voz a estas historias?

Para mí no había otra opción. Cuando tenía 14 años me di cuenta de que tenía que vivir una vida con la que no estaba de acuerdo, y eso para mí fue un shock muy fuerte. Yo no entendía mi realidad, pero la documentaba. Sin embargo, sobre los 20 años, cuando me di cuenta de que la fotografía y el arte no solamente eran una manera de documentar lo que nos pasa sino de transformarlo, ahí fue como: “Aquí está, hay una vía por la que puedo expresarme y dar visibilidad a temas a los que considero que esta sociedad no está dando suficiente voz”.

Desde pequeña siempre estuve muy vinculada al arte y a la fotografía, y cuando me di cuenta de que era una vía de denuncia fue el gran click. Tienes creatividad, tienes innovación, tienes la transformación de la realidad a través de imágenes y puedes también cuestionar una propia realidad con tus fotografías. Ver la fotografía como un arte de transformación social es mind blowing, es increíble. ¿Y por qué mujeres? Porque soy mujer y en mi propia carne sufro constantemente lo  que quiere decir ser parte de una sociedad patriarcal, que la mayor parte del tiempo pasa desapercibido. Para mí ha sido un proceso muy natural y no había otra opción.

¿Cómo has lidiado con el alto coste emocional que implican estos trabajos?

Tal vez físicamente vuelves, pero yo creo que en realidad nunca vuelves. Todo lo que intentamos retratar, o lo que aprendemos o lo que vemos se impregna de alguna manera en nosotros, las historias se quedan debajo de la piel. No creo que haya manera de expulsar eso. La vuelta siempre es distinta, porque lo que has visto y lo que has aprendido hace que veas la realidad de forma completamente distinta.

Cuando digo volver me refiero a tu casa o a tu lugar. La habitación a la que vuelves no será la misma, porque lo que he visto en la calle ha transformado tanto mi manera de entender el mundo que esa habitación no será la misma. Todo lo que veo y lo que vivo y lo que siento cuando estoy retratando se impregna de tal manera en mi piel que mi ADN no va a volver a ser el mismo. Para mí, la clave es tratar de integrarlo de la manera más suave posible para que eso se transforme dentro de manera que impulse el seguir contando historias y dando visibilidad a ciertos temas y a estas voces.

En un pueblo cerca del valle de Katmandú, Radha Paudel, activista y autora de la higiene menstrual, da una conferencia sobre la menstruación. Esto forma parte de diferentes programas de sensibilización que impulsa desde su Fundación. Al final de la conferencia de Paudel, mujeres y hombres han cruzado las manos y prometido: "hablaremos de la menstruación en casa y en nuestras comunidades". Especialmente en las zonas rurales hay un gran desconocimiento sobre este tema, pero programas como este están transformando el estigma menstrual.

Fotografía de Maria Contreras Coll Nepal

Kabita, una mujer de 23 años, yace en su habitación en un pueblo del Valle de Katmandú. Esta pequeña construcción, separada de la casa principal, fue construida después del terremoto de 2015 como una segunda casa. Una vez que la familia regresó a la anterior, se propuso proporcionar un espacio seguro para que las mujeres de la familia pasaran sus períodos. Kabita trabaja para una organización y se ocupa de los voluntarios extranjeros que entran y salen.

Fotografía de Maria Contreras Coll, exploradora de National Geographic

Sí es cierto, por ejemplo, cuando estuve viviendo en Melilla en 2016 fue muy duro volver a Barcelona y ver que todo seguía igual. He necesitado soporte psicológico durante mucho tiempo para lidiar con ello. Marchas de una burbuja en la que te han criado, en la que estás resguardada: tienes una realidad inmediata muy concreta. Cuando sales te das cuenta de que tienes un cuerpo físico completamente vulnerable y que las personas que tienes a tu alrededor han crecido de una manera completamente distinta a la tuya y están sufriendo.

No concebía que en un mismo día hubiera 100 personas intentando saltar la valla de Melilla y al mismo tiempo un macro-concierto en un festival. Te divides y te disasocias de una manera brutal. Con los años, y con ayuda psicológica, empiezas a entender que hay ciertas estructuras que han generado que estas realidades emerjan de manera paralela y aprendes a integrarlo de una manera más suave.

¿Cómo has vivido tu camino hacia el fotoperiodismo, un mundo laboral que está aún a día de hoy dominado por referentes masculinos?

Considero que es muy importante lo que acabas de decir, yo no estoy exenta de una sociedad patriarcal. En mi caso, lo que me motiva a contar historias desde una perspectiva de género y de derechos humanos es por lo que he vivido en mi propia carne y la transformación de esto es lo que motiva mis historias: ver cómo en diferentes contextos y religiones las mujeres estamos transformando unas estructuras que nos vienen dadas desde hace casi 3.000 años y que queremos romper.

“Esto es lo que motiva mis historias: ver cómo en diferentes contextos y religiones las mujeres estamos transformando unas estructuras que nos vienen dadas desde hace casi 3.000 años”

por Maria Contreras Coll

La lucha interior de la que hablábamos antes se suma a las dinámicas cien por cien patriarcales entre compañeros y compañeras. Creo que pecamos mucho en Occidente de pensar que estamos muy avanzados en igualdad, porque no lo estamos. Esto es peligroso. Yo lo he sentido especialmente cuando empecé y estudiando, y toda la inseguridad que viene por ello y por no tener referentes visuales sean hombres, también dentro del mundo del arte.

 

 

¿Qué significa para ti ser National Geographic Explorer?

Es un sueño. Para mí ha significado algo muy importante en mi carrera porque me ha conectado con algo de lo que yo siempre había querido formar parte, que es National Geographic. Ha sido a raíz de querer seguir contando cómo las mujeres están transformando diferentes estructuras en diferentes partes del mundo, y tener el apoyo para hacer esto es un sueño.

Significa hacer lo que siento que tengo que hacer, pero además teniendo un canal para difundirlo. Para mí ha sido muy importante, especialmente durante la pandemia, porque estábamos en casa, no podíamos salir, pero constantemente desde National Geographic Society se estaban organizando reuniones sobre diferentes maneras de retratar, de ver, y en definitiva ha sido algo que me ha mantenido a flote en los meses en los que no podía salir.

Ha sido algo muy positivo, porque quiere decir que lo que estoy retratando, como la historia de Nepal, es algo que tiene interés a nivel internacional, lo que quiere decir que importa. Es la confirmación de que es un buen camino y de que se tiene que seguir por aquí.

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