Unos invasores casi acabaron con el primer pueblo del Caribe mucho antes de la llegada de los españoles

Nuevos datos genéticos de huesos antiguos sugieren que una ola de marineros sudamericanos causó estragos entre los isleños del Caribe.

Publicado 5 ene. 2021 13:26 CET
Los comerciantes caribeños se acercan a una isla en las Bahamas, parte de una antigua red ...

Los comerciantes caribeños se acercan a una isla en las Bahamas, parte de una antigua red de intercambio que unió a las islas antes de la llegada de los españoles.

Fotografía de MERALD CLARK, STONE INTERCHANGES IN THE BAHAMA ARCHIPELAGO

Con una superficie de 2,6 millones de kilómetros cuadrados y salpicado por más de 700 islas, el mar Caribe fue uno de los últimos lugares colonizados por los nativos americanos mientras exploraban y se establecían en Norteamérica y Sudamérica. Los arqueólogos han tenido dificultades para determinar los orígenes y los movimientos de aquellos intrépidos navegantes. Ahora, gracias al material genético extraído de los huesos de antiguos residentes caribeños, la historia invisible de este archipiélago tropical está saliendo a la luz.

Uno de los hallazgos más sorprendentes es que la mayoría de los habitantes originales del Caribe podrían haber sido aniquilados por otro pueblo llegado de Sudamérica mil años antes de que comenzara la invasión española en 1492. Asimismo, es probable que las poblaciones indígenas de islas como Puerto Rico y La Española fueran mucho más pequeñas de lo pensado en el momento de la llegada de los españoles.

Extraer el ADN de huesos en lugares cálidos y húmedos como el Caribe era imposible hasta hace unos años. Gracias a avances recientes en la tecnología genética, un laboratorio de la Universidad de Harvard dirigido por el genetista David Reich ha logrado extraer el ADN de 174 individuos excavados en yacimientos de Venezuela a las Bahamas.

Los resultados, publicados el 23 de diciembre en la revista Nature, pisan los talones a un artículo publicado en julio en Science que analizó los genomas de 93 antiguos habitantes del Caribe en un laboratorio de la Universidad de Copenhague. Debido a este avance, «podemos pintar un panorama muy detallado de la historia de las primeras migraciones en el Caribe», declaró Johannes Krause, director del Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana y coautor del artículo de Science.

Ambos estudios confirman que una ola de agricultores alfareros —conocidos como pueblo de la Edad de la Cerámica— zarparon en canoas desde la costa nordeste de Sudamérica hace unos 2500 años y saltaron de isla en isla por el Caribe. Sin embargo, no fueron los primeros colonizadores. En muchas islas se toparon con un pueblo de recolectores que habían llegado hace 6000 o 7000 años desde las costas de Centroamérica y el norte de Sudamérica.

Los agricultores alfareros llegaron al Caribe desde Sudamérica hace unos 2500 años, remplazando a los habitantes anteriores de las islas, que sobrevivían recolectando alimentos. Los alfareros —conocidos como pueblo de la Edad de la Cerámica— también siguieron fabricando y utilizando herramientas de piedra similares a las empleadas por los recolectores del periodo arcaico.

Fotografía de KRISTEN GRACE, FLORIDA MUSEUM

Los agricultores alfareros llegaron al Caribe desde Sudamérica hace unos 2500 años, remplazando a los habitantes anteriores de las islas, que sobrevivían recolectando alimentos. Los alfareros —conocidos como pueblo de la Edad de la Cerámica— también siguieron fabricando y utilizando herramientas de piedra similares a las empleadas por los recolectores del periodo arcaico.

Fotografía de KRISTEN GRACE, FLORIDA MUSEUM

Los recolectores —conocidos como pueblo del periodo arcaico— parecen haber desaparecido poco después de la aparición del nuevo pueblo. Solo hay vestigios genéticos limitados de individuos arcaicos en el pueblo de la Edad de la Cerámica, una señal de que los grupos apenas se mezclaron. Los ceramistas, que están emparentados con los pueblos modernos que hablan lenguas de la familia arahuaca, suplantaron a los habitantes recolectores —supuestamente mediante enfermedades o violencia— y se establecieron en nuevas islas.

Pero hay excepciones intrigantes que pintan un panorama más complejo de las interacciones entre estos dos pueblos.

«Lo extraordinario es que la forma de vida arcaica parece sobrevivir en el oeste de Cuba hasta el 900 d.C.», señaló William Keegan, arqueólogo del Museo de Historia Natural de Florida y coautor del estudio de Nature. «Aparentemente, vivían sin ser molestados y se mezclaban poco».

Un descubrimiento provocador

Uno de los hallazgos más provocadores del estudio de Harvard es que las poblaciones indígenas de islas grandes como Puerto Rico y La Española eran mucho más pequeñas en el momento de la llegada de los españoles de lo que sugerían los registros españoles.

Una década después de la llegada de Colón, un fraile español estimó que había hasta 3,5 millones de personas en La Española, donde se encuentran los actuales Haití y República Dominicana. Pero las extrapolaciones a partir de los datos genéticos, basadas en nuevos modelos matemáticos, apuntan a que solo había decenas de miles de habitantes. Esto cuestiona el antiguo supuesto de que cientos de miles —o millones— de personas indígenas murieron por enfermedades u otras repercusiones de la invasión europea.

El estudio de Harvard se basó en el ADN extraído de los restos óseos de 174 personas, entre ellas esta mujer lucaya que vivió en las Bahamas en el siglo XIV. El pueblo lucayo practicaba el aplanamiento craneal, como indica la forma de su cabeza.

Fotografía de WILLIAM F. KEEGAN, FLORIDA MUSEUM

«Este nuevo método para estimar el tamaño de poblaciones pasadas podría revolucionar nuestro punto de vista sobre las migraciones y los cambios culturales pasados», dijo Krause.

Aunque un gran número de personas indígenas murieron tras la llegada de los españoles, los estudios genéticos demuestran que su ADN sobrevive en los isleños modernos, mezclado con los genes de colonizadores europeos y africanos esclavizados.

Muchos grupos indígenas han afirmado que los genetistas —a menudo personas blancas europeas y estadounidenses— no los consultan ni muestran respeto por sus tradiciones cuando investigan sus orígenes. Sin embargo, en este caso los autores de Nature indicaron que habían colaborado con comunidades descendientes y académicos caribeños locales para recopilar y analizar los datos. Su investigación ha contado con el apoyo de una beca de la National Geographic Society.

Estableciendo vínculos

Un misterio por resolver es cómo las poblaciones isleñas relativamente pequeñas evitaron la endogamia durante tantos siglos. No hay señales de ninguna gran migración subsiguiente desde el continente. Pero los arqueólogos dicen que las nuevas evidencias apuntan a contactos generalizados entre islas que probablemente contribuyeron a la diversidad genética.

El arqueólogo Michael Pateman y el residente local Anthony Maillis empiezan a excavar una duna en la Isla Larga de las Bahamas. En 2015, un huracán erosionó la duna y dejó al descubierto huesos humanos, que Mailis y sus compañeros vieron y comunicaron a las autoridades. La duna contenía tres tumbas antiguas, incluida la de la mujer lucaya (foto anterior).

Fotografía de WILLIAM F. KEEGAN, FLORIDA MUSEUM

La investigación publicada en Nature «ha destacado la conectividad de los pueblos de la región», dijo Jada Benn Torres, antropóloga genética de la Universidad de Vanderbilt que no participó directamente en el estudio. Torres y sus colegas indicaron que el próximo paso será entender los vínculos entre las islas en el que siguió siendo un sistema relativamente cerrado hasta la llegada de los españoles en 1492.

«Esta era una región del mundo dinámica e interconectada», señaló Miguel Vilar, antropólogo de la Universidad de Maryland. La historia del Caribe «por fin se entiende mediante el ADN de formas que la arqueología por sí sola no ha sido capaz de hacer antes».

Andrew Lawler es periodista y autor y ha escrito acerca de las polémicas excavaciones bajo Jerusalén y la búsqueda de la colonia perdida de Roanoke para National Geographic.
Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.
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